La formación inicial se compone de Edu D. (elEdu), Hugo P. (Grafo), Hernan G. (PIC), Carli C. (Calito), con la participación especial de
Jorge V. (El Alquimista) y Raúl D. (RD), pero esperamos seamos mas. En este partido como en los partidos de la vida hay alegrias, tristezas, polemicas, amores, desamores, cambios y transformaciones, seria un placer que participes de ellos junto a nosotros..

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viernes, 2 de abril de 2010

"El padre de Román", gracias Un Caño..


Me voy a tomar el atrevimiento de hacer un agradecimiento personal a la Revista Un Caño por haberme publicado una carta en el Correo de Lectores en su última edición (la numero 24), y de paso, seguir apoyando desde este Blog, este tipo de Periodismo.
Como verán, quienes hacemos este Blog nos sentimos identificados con esta revista a tal punto de ser junto con “El Rincón del Alquimista” de Jorge, las únicas “Manos amigas” (enlaces), que por ahora tenemos.
Quienes no la conocen, busquenla, y aprovechen para ampliar su horizonte de lectura, mas alla de lo que leemos siempre. Les digo mas, por lo menos van a tener algo que leer que les va a durar mas de un día. Porque yo me pregunto: ¿Cuánto tardan en leer el Olé? ¿Clarín? ¿El Grafico? Yo respondo: el Ole lo leo en 12 minutos, Clarin me dura 4minutos y 30 segundos, y el Grafico ya no lo compro.
Escriben por ejemplo, en Un Caño: Victor Hugo Morales, Pablo Llonto, Alejandro Fabri, Román Iucht, Sebastián Wainraich, por citar algunos conocidos, entre varios.
No voy a transcribir la carta, porque espero que la compren, es mas, la carta es una contestación a notas de un numero anterior (una pavada), asi que tambien consigan ese numero (el 23)!! Finalmente, los dejo con un escrito perteneciente a la revista (la Nº20):

El día en que Palermo convirtió su gol 2.000
Don Mauricio, con 85 años, regresa a la presidencia de Boca y convoca a Riquelme como entrenador y a Palermo como goleador para revivir viejas épocas de gloria. Y la principal operación de marketing es que el viejo goleador, de 65 años, alcance los 2 mil goles en su carrera profesional. Pablo de Biase deja que sus fantasías surquen las páginas de Un Caño.
El césped sintético crujió de manera agradable al picar la primera pelota. El operativo retorno estaba en marcha, y el gladiador se sintió reconfortado. Tuvo un sueño, una visión, sintió una cosquillita de la historia en la panza. También tenía sueño. Bostezó y volvió a infundirse ánimo: ser el jugador récord de todos los récords, en todo el mundo y por los tiempos de los tiempos no estaba nada mal después de unos años tan malos. Le reconfortaba que todos lo saludaran y los chicos le pidieran autógrafos aunque la mano le doliera de tanto firmar. Necesitaba marcar el bendito gol número 2.000 en poco tiempo: las películas y los derechos de marca le permitirían pasar su vejez con comodidad y holgura. Y no faltaba mucho para eso. Es más, ya estaba transitando los primeros años.
Decididamente, le sentaba mejor ir al eterno programa de Tinelli en calidad de hombre récord absoluto del fútbol argentino y mundial que como comparsa circense. Martín no olvidaba que cuatro años atrás, Tinelli le había ofrecido un papel muy poco marketinero para su rol de ídolo: poner la cabeza en un cepo para que las participantes, chicas con enormes y bamboleantes senos desnudos, le arrojaran tortazos y luego le limpiaran la crema refregándole los pezones por el rostro. No era saludable para su imagen de ídolo ni para sus testículos. Y sin embargo, lo hizo.
Probó otro tiro, más exigido, al segundo palo de Rooney Minetti y apenas se fue por 15 metros. No sintió ni un mínimo tironcito en el aductor derecho. La capsulita que le había dado el tordo era mágica. ¡Cómo progresaba la ciencia! La ciencia farmacológica aplicada al alto rendimiento deportivo, al menos, había evolucionado a pasos agigantados desde su primer retiro, en el 2012, en la vieja Bombonera, la de la calle Brandsen.
Miró hacia arriba sin sentir la molestia de la iluminación de última generación y pensó en qué bonita, agradable a los sentidos, confortable, bah, era la New Candela, en el subsuelo de lo que había sido ese teatro dedicado a géneros artísticos de siglos muertos, según decía algún loco en un Spymog tridimensional, que había sido orgullo cultural de los porteños y célebre en todo el mundo. Cómo hablaba al pedo la gente. Estaba lleno de ropa vieja y apoliyada y de trolos que andaban a los saltos. La New Candela, en cambio, tenía la mejor tecnología para entrenar y el Show-room Boca, en Libertad y Viamonte, estaba buenísimo. Además, la Opera de Buenos Aires, que Don Mauricio había edificado sobre el río, cerca de la Boca Seniors Chocolate Box era un alarde de tecnología, “mucho mejor que la de Sydney”, según decían los que sabían. Él no conocía ninguna de ambas pero sabía de la maldad de los periodistas, gente mediocre que necesitaba destacarse hablando mal de “la” gente.
Una gran familia
“¡Abuelo, abuelo!”, escuchó que le gritaban de atrás. “Mandate a cabecear”. Era su nieto, Sam Benito, quien había sido promovido a Primera por Román, cuando éste había asumido como DT hacía un mes. Los sobrinitos Riquelme, con sus infaltables gorras con visera, trotaban divertidos en compañía de su nieto, quien pretendía que corriera a cabecear el centro que acababa de patear. Era así nomás, Boca era literalmente una gran familia. Especialmente, desde que Don Mauricio, a los 85 años, había vuelto a la presidencia del club, Riquelme a la dirección técnica y él, Martín Palermo, al área grande contraria.
El trío había logrado su cometido y los medios estallaron. En tres días le pedían autógrafos hasta las cucarachas, y los barrios de Palermo le habían agregado Martín a su nombre. El, con sus propios oídos, con la oreja que le permitiría unas semanas después dar un salto galáctico y atravesar la cintura cósmica del Sur, había escuchado que su barrio (al que los septuagenarios cada tanto aún llamaban Villa Urquiza) figuraba en los anuncios inmobiliarios aéreos de un día atrás como “Martín Palermo-New Jersey”.
Con 65 años y las pildoritas del tordo tenía changüí para un mes. Lo sabía él, lo sabía Román y lo sabía Don Mauricio. Pero aún restaban muchas negociaciones y la necesidad de que Palermo convirtiera otro penal, algo que nadie podía asegurar. Ahora, si todo salía de acuerdo a lo previsto, Macri, Riquelme y Palermo estaban a punto de dar el golpe de marketing más importante de la historia del fútbol argentino.
Un poco de historia
Juan Román Riquelme, con su particular forma de sentir la lealtad y entender cómo debe funcionar un grupo, tanto horizontal como verticalmente, se recibió de técnico en el 2014, tras su retiro en Belgrano de Córdoba, donde, con 38 años, hizo 12 goles de tiro libre en una temporada. Un desgarro en la ducha le avisó que era tiempo de ponerse el buzo de entrenador.
Ganó con Boca dos torneos locales en el 2016 y el 2018 y perdió la final de la Libertadores del 17 contra el América de México. Esa noche, en México, Palermo –tras su regreso del primer retiro– marcó el gol 300 y anunció su segunda despedida de las canchas. Fue un día especial para los xeneizes, aun a pesar de la derrota, por Martín y porque pocas horas antes, lo que todavía era River Plate, había descendido al Nacional B, donde jugaría el clásico con Racing un par de años antes de decidir el abandono definitivo del fútbol profesional y de la forma de sociedad civil.
La historia es larga y conocida en sus aspectos más relevantes. Macri, ocupando diversos cargos, manejó los destinos de la Ciudad de Buenos Aires durante más de 20 años. En lo que interesa a nuestro relato, lo más controvertido (se sabe que frente a un hombre de acción, los intelectuales maricones y zurditos se dedican a la difamación sistemática como forma de lucha cultural, algo que demuestra claramente que el comunismo nunca murió, ya que estas técnicas las aprendieron de la KGB) fue el convenio, conocido popularmente como “Bocca a Boca”.
En una operación “magnífica”, e increíblemente descarada, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, representado por el Jefe de Gobierno Rodríguez Larreta, firmó un convenio con el flamante presidente de Boca Juniors, Julio Bocca, por el que el Gobierno cedió las instalaciones del Teatro Colón a Boca, para que construyera un centro de entrenamiento subterráneo y una tienda de negocios Boca, cuyo Show-room quedaba ubicado en el antiguo escenario. Por su parte, el gobierno de la Ciudad recibía el predio de Casa Amarilla y la Bombonera, a la vez que se comprometía a construir un estadio suspendido sobre una nueva esclusa en el proyecto Puerto Madero IV(1), así como un teatro-ópera, inspirado en la Opera de Sydney y la Ciudad deportiva Boca-Disney. El viejo estadio se convirtió en un shopping y la Reserva Ecológica en un lugar peligroso, con pumas y gliptodontes mutantes que cierta tarde deglutieron 200 empleados de una compañía de seguros marítimos, perdiéndose en la “seguridad” del riachuelo, un nido de especies mutantes y porquerías tóxicas de toda laya.
Leer la nota completa en la edición impresa de UN CAÑO
Por Pablo De Biase


AUTOR:elEdu (Edu D.)

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