La formación inicial se compone de Edu D. (elEdu), Hugo P. (Grafo), Hernan G. (PIC), Carli C. (Calito), con la participación especial de
Jorge V. (El Alquimista) y Raúl D. (RD), pero esperamos seamos mas. En este partido como en los partidos de la vida hay alegrias, tristezas, polemicas, amores, desamores, cambios y transformaciones, seria un placer que participes de ellos junto a nosotros..

......Tu comentario es bienvenido!! (gracias)...........
Queremos recibir tus aportes y sugerencias a: correomanoinquieta@gmail.com

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lunes, 22 de octubre de 2018

MUNDOS PARALELOS



-Siempre tuve curiosidad por entender este concepto de mundos paralelos, comentó Ramiro.
-Yo también, le contesté. ¡Googlialo! (que linda palabra), dale. Ahí está todo. Antes nos quedábamos con las ganas y terminábamos discutiendo horas enteras. Teníamos que volver a casa, buscar en la Enciclopedia Salvar de 20 tomos o en otro diccionario enciclopédico perdido por ahí en la biblioteca de la casa. Recién ahí, sacarnos la duda y esperar un nuevo encuentro para discutir con fundamentos sobre alguna cosa. Solo la memoria de Borges podía brindar respuestas instantáneas.
Ramiro buscó y leyó en vos alta:
“Es el nombre de una hipótesis física, en la que entran en juego la existencia de varias realidades relativamente independientes. El desarrollo de la física cuántica, y la búsqueda de una teoría unificada, han hecho entrever la posibilidad de la existencia de múltiples universos paralelos conformando un multiuniverso. Igualmente, los ocultistas hablan de que para que este cuerpo o materia exista, deben haber ciertas secciones que le complementen… de ahí nace que el hombre es un compuesto de siete chakras, o siete puertas a mundos tales como el de los sueños, o el astral, al energético, al del alma, al de Dios… etc…
-Muy complicado, estamos como al principio, necesito un ejemplo, pero tengo que volver a casa. Nos vemos mañana.
Esa noche, en lugar de ver la tele o Netflix, me dormí temprano y tuve un sueño. A la mañana, bien temprano, lo resumí en un cuento:

-Jugó bien Messi hoy, comentó Gonzalo
-Sí, pero ahora viene la final, los franceses no son como estos ingleses sin alma.
Argentina llegaba a la final de la Copa del Mundo nuevamente. Después de perder con Alemania en 2014, teníamos otra oportunidad, ahora contra Francia.
Pero esta vez Messi no estaba solo. Tras muchas idas y vueltas se logró conformar un seleccionado que jugaba bien en todas las líneas:
Filiol en el arco,  el negro Ibarra de 4, Roberto Perfumo, el mariscal, de 2, Passarella, el gran capitán, de 6 y el ciruja Garré de 3. En el medio, el 8 Ardiles, el 5 Mascherano y el 10 Maradona. Arriba el loco Housemman de 7, el matador Kempes de 9 y Messi, al que lo dejaron jugar también con la 10. Era la primera vez en la historia del fútbol en que dos jugadores tenían el mismo número de camiseta.
-Con estos pibes no podemos perder, acotó Gonzalo
-Mirá querido, como decía mi viejo, en la cancha son 11 contra 11. ¿Sabés cuantas veces vi perder a un equipo de estrellas, contra otro inferior? Ni hablemos con un equipo parejito como el francés.
Esos días antes de la gran final se hicieron de goma. Muchos más argentinos llegaron a Rusia, entre ellos el presidente, su mujer y su hija, como es costumbre en estos casos.
Habrá sido el azar, habrá sido el lechuzón del presidente y su blanca familia, pero igual perdimos con Francia, esta vez 2 a 0, con goles de Mbapée y Platini.
Entonces, será dentro de 4 años en Qatar, con nuevo técnico, nuevos jugadores y sobre todo con nuevo gobierno y presidente con el que nos sintamos orgullosos de llegar y ganar una final del mundo.
¿Mundos paralelos? ¿Mundos mezclados entre la realidad y la ficción?

En realidad, mundos de mierda, donde Messi, el mejor jugador de todos los tiempos todavía no puede ganar un Mundial.
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viernes, 11 de julio de 2014

Fotos de algún domingo

Hay cierto aroma a grito guardado. Así como quien atesora por largo tiempo las ganas inquietas de la victoria. En algunas ocasiones creí haber encontrado la razón para gritar, abrazarme y llorar olvidando (casi obviando) todo lo que me rodeaba, pero con el paso del tiempo me fui convenciendo que algo seguía en lo profundo de mis entrañas queriendo hacerse realidad.
La primera vez que pude sentir esa brisa reconfortante, apenas unos meses más tarde de conocer el mundo, tiene en mi presente el valor que merece, aún cuando muchos quieran quitarle sabor a algo que no debe mezclarse. Pero intento buscar una imagen, un color, una palabra y sólo logro diapositivas con relatos de otros tiempos. Tal vez alguna vez vuelva a verlas y encuentre rostros, sonrisas, abrazos, gente feliz a pesar de todo.
Como un terremoto recuerdo aquella tarde fría, mientras pateaba sueños que alguna vez tomaron forma. Ahí sí tengo escenas más nítidas: gritos, abrazos, un televisor, alguna radio desafinada, más gritos y unas ganas inmensas de saltar, de ir corriendo a buscar a mis amigos, esos que se iban convirtiendo en tanques que esperaban agazapados mi larga carrera hacia la felicidad, hacia el desahogo, la eternidad. Pateamos hasta entrada la noche, recreamos cada momento con la minuciosidad de un director de cine. Dejamos miles de fotos que hoy son parte de la vereda de mi infancia, del potrero de mi pasado. Cada tanto vuelvo, lo necesito para creer en lo que tengo y no desperdiciar nada de lo que me gané hasta hoy.
Pasaron muchos años, y con ellos todo lo que formó mi pasión. Esa pintura con trazos seguros pero con gestos indefensos ante la crítica de los que tuvieron en sus manos la decisión de abrirme el camino que busqué con las armas más nobles.
Al mismo tiempo vi pasar ilusiones que chocaron con vehemencia contra las más diversas realidades: excesos de confianza en lo conocido; riqueza y envidia; soberbia enfrascada; locura que aún hoy extraño; paciencia y trabajo tapada por el exitismo; más soberbia.
Hoy, sentado mientras pienso cómo hacer para acelerar el paso del tiempo, ya tengo miles de fotos para mostrar y contarte después: abrazos, gritos, rostros, lágrimas listas para caer delante de mis pies apresurados que quieren salir corriendo y enfrentar a los tanques que una vez más me esperan al final de la vereda.

Lo que no saben es que en esa vereda no tengo miedo. Sólo siento, en lo más profundo de mis entrañas, unas ganas locas de hacerlo realidad una vez más.

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miércoles, 18 de enero de 2012

Obdulio Varela – El reposo del Centrojás (Osvaldo Soriano)

En el suplemento de cultura del diario “La opinión”, el 16 de julio de 1972 en la sección llamada “Historia de vida” sale publicado por Osvaldo Soriano este artículo. Según palabras del autor: “consistía en escuchar ante un grabador, durante cinco o seis horas (tal vez mas) a un hombre o una mujer que reconstruían los mejores (o lo más terribles) momentos de su existencia. Luego había que comprimir sin reducir, restituyendo a la vez el sabor del relato, el estilo narrativo del entrevistado”
Es imperdible por lo entrañable del personaje y también por la nitidez de Soriano para hacerlo relucir. Para aquellos que no lo conocían, ojala lo puedan disfrutar. Para los que si, que disfruten de la relectura que siempre también es gratificante.

El reposo del Centrojás

Mire usted lo que son las cosas. Nosotros habíamos empatado con España dos a dos con un gol que yo hice sobre la hora, esos goles que salen de suerte; el segundo partido le habíamos ganado a Suecia tres a dos, ahí no más. Los brasileños venían matando. Le habían marcado seis goles a los suecos y otra media docena a los españoles. Cuando fuimos a la final nadie dudaba de que ellos nos aplastarían. Tenían un cuadro bárbaro, eran locales y el mundo entero esperaba que ganaran el Mundial. Nosotros jugábamos, puede decirse, contra todo el mundo.
Eso, creo, debía darnos tranquilidad. Nuestra responsabilidad era menor. Recuerdo que un dirigente uruguayo lo llamó a Óscar Omar Míguez, el centroforward del equipo, poco antes de salir a la cancha, y le dijo que estuviéramos tranquilos, que los dirigentes se conformaban si perdíamos nada más que por cuatro goles. Dijo que con llegar a la final ya debíamos estar satisfechos y que se trataba ahora de evitar el papelón, de no tragarse una goleada muy grande.
Yo lo escuché y eso me indignó. Le dije: “Si entramos vencidos mejor no juguemos. Estoy seguro de que vamos a ganar este partido. Y si no lo ganamos, tampoco vamos a perder por cuatro goles”.
Yo tenía 33 años y muchos internacionales encima. Estaban listos si creían que nos iban a pasar por arriba así nomás. Los otros muchachos del equipo eran jóvenes, sin mucha experiencia, pero jugaban bien al fútbol. Además, poco antes habíamos jugado contra los brasileños la copa Río Branco y les habíamos ganado 4 a 3 el primer partido; después perdimos dos veces por uno a cero, pero nos habíamos dado cuenta de que se les podía ganar. Ellos tienen mucho miedo de jugar contra los uruguayos o contra los argentinos.
Antes de salir a la cancha, el director técnico Juan López me dijo, como siempre, que yo debía dirigir, ordenar el equipo dentro de la cancha. Entonces, cuando íbamos para el túnel, les dije a los muchachos: “Salgan tranquilos. No miren para arriba. Nunca miren a la tribuna; el partido se juega abajo”.
Era un infierno. Cuando salimos a la cancha eran más de cien mil personas silbando. Entonces nos fuimos hacia el mástil donde se iban a izar las banderas. Cuando salió Brasil lo ovacionaron, claro, pero después mientras tocaban los himnos, la gente aplaudía. Entonces les dije a los muchachos: “Vieron cómo nos aplauden. En el fondo esta gente nos quiere mucho”.
Al juez no le di la mano. Nunca le di la mano a ningún árbitro. Lo saludaba, sí, lo trataba con respeto, pero la mano nunca. No hay que hacerse el simpático. Después la gente dice que uno va a chupar las medias del que manda en el partido.
En el primer tiempo dominamos en buena parte nosotros, pero después nos quedamos. Faltaba experiencia en muchos de los muchachos. Nos perdimos tres goles hechos, de esos que no puede errarlos nadie. Ellos también tuvieron algunas oportunidades, pero yo me di cuenta de que la cosa no era tan brava. El asunto era no dejarlos tomar el ritmo demoledor que tenían. Si fracasábamos en eso, íbamos a tener delante una máquina y entonces sí que estábamos listos. El primer tiempo terminó cero a cero.
En el segundo tiempo salieron con todo. Ya era el equipo que goleaba sin perdón. Yo pensé que si no los parábamos nos iban a llenar de goles. Empecé a marcar de cerca, a apretarlos, para tratar de jugar de contragolpe. Creo que fue a los seis minutos que nos metieron el gol. Parecía el principio del fin.
La voy a contar algo que la gente no sabe. Todos vieron que yo agarraba la pelota y me iba para el medio de la cancha despacio, para enfriar. Lo que no saben es que yo iba a pedir un off-side, porque el linesman había levantado la bandera y después la había bajado antes de que ellos hicieran el gol. Yo sabía que el referí no iba a atender el reclamo, pero era una oportunidad para parar el partido y había que aprovecharla. Me fui despacito y por primera vez miré para arriba, al enjambre de gente que festejaba el gol. Los miré con bronca, lleno de bronca y los provoqué. Tardé mucho en llegar al medio de la cancha. Cuando llegué, ya se habían callado. Querían ver funcionar a su máquina de hacer goles y yo no la dejaba arrancar de nuevo. Entonces, en vez de poner la pelota en el medio para moverla, lo llamé al referí y pedí un traductor. Mientras vino, le dije que había off-side y qué sé yo, había pasado por lo menos otro minuto. ¡Las cosas que me decían los brasileños! Estaban furiosos. La tribuna chiflaba, un jugador me vino a escupir, pero yo, nada. Serio no más.
Cuando empezamos a jugar de nuevo, ellos estaban ciegos, no veían ni su arco de furiosos que estaban; entonces todos nos dimos cuenta de que podíamos ganar el partido.
¿Cómo conseguimos eso? Es que el jugador tiene que ser como el artista: dominar el escenario. O como el torero, dominar el ruedo y al público, porque si no, el toro se le viene encima. Uno sabe que en una cancha extraña no le van a aplaudir, por más que haga buenas jugadas. Entonces tiene que imponerse de otra manera, dominar al adversario, al público y a sus mismos compañeros. Claro, yo había jugado un millón de partidos en todas partes, en canchas sin tejido, sin alambrado, a merced del público, y siempre había salido sanito. ¡Cómo me iban a achicar ese día en el Maracaná, que tenía todas las seguridades! Ahí yo tenía que dominar, porque tenía todas las facilidades y sabía que nadie podía tocarme.
Cuando hicimos el segundo gol, que lo hizo Gigghia (el primero lo convirtió Schiaffino), no lo podíamos creer. ¡Campeones del mundo, nosotros, que veníamos jugando tan mal! Al terminar el partido, estábamos como locos. En Brasil había duelo. Los cajones de cañitas flotaban en el mar. Era una desolación.
Esa noche fui con mi masajista a recorrer unos boliches para tomar unas chopps y caímos en lo de un amigo. No teníamos un solo cruzeiro y pedimos fiado. Nos fuimos a un rincón a tomar las copas y desde allí mirábamos a la gente. Estaban llorando todos. Parecía mentira: todo el mundo tenía lágrimas en los ojos. De pronto veo entrar a un grandote que parecía desconsolado. Lloraba como un chico y decía: “Obdulio nos ganó el partido” y lloraba más. Yo lo miraba y me daba lástima. Ellos habían preparado el carnaval más grande del mundo para esa noche y se lo habíamos arruinado. Según ese tipo, yo se lo habíamos arruinado. Me sentía mal. Me di cuenta de que estaba tan amargado como él. Hubiera sido lindo ver ese carnaval, ver cómo la gente disfrutaba con una cosa tan simple. Nosotros habíamos arruinado todo y no habíamos ganado nada. Teníamos un título, pero ¿qué era eso ante tanta tristeza? Pensé en el Uruguay. Allí la gente estaría feliz. Pero yo estaba ahí, en Río de Janeiro, en medio de tantas personas infelices. Me acordé de mi saña cuando nos hicieron el gol, de mi bronca, que ahora no era mía pero también me dolía.
El dueño del bar se acercó a nosotros con el grandote que lloraba. Le dijo: “¿Sabe quién es ése? Es Obdulio”. Yo pensé que el tipo me iba a matar. Pero me miró, me dio un abrazo y siguió llorando. Al rato me dijo: “Obdulio ¿se vendría a tomar unas copas con nosotros? Queremos olvidar ¿sabe?” ¡Cómo iba a decirle que no! Estuvimos toda la noche chupando en los boliches. Yo pensé: “Si tengo que morir esta noche, que sea”. Pero acá estoy.
Si ahora tuviera que jugar otra vez esa final, me hago un gol en contra, sí señor. No, no se asombre. Lo único que conseguimos al ganar ese título fue darle lustre a los dirigentes de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Ellos se hicieron entregar medallas de oro y a los jugadores les dieron unas de plata. ¿Usted cree que alguna vez se acordaron de festejar los títulos de 1924, 1928, 1930 y 1950? Nunca. Los jugadores que intervinimos en aquellos campeonatos nos reunimos ahora por nuestra cuenta todos los años el 18 de julio, que es la fecha patria. Lo festejamos por nuestra cuenta. No queremos ni acordarnos de los dirigentes.
Yo empecé a jugar al fútbol en serio por una casualidad. Éramos doce hermanos, hijos de un vendedor de factura de cerdo. Siempre fuimos muy pobres. Yo fui a la escuela tres años y tuve que largar para ir a vender diarios, primero, y después a lustrar zapatos. Como lustrador sacaba seis pesos por mes en el año 32. Un día me invitaron a jugar un partido de barrio. Allá encontré a mi hermano que jugaba en el otro equipo. Al fin, cuando me estaba cambiando para salir a jugar, apareció el titular del equipo, que era el tanque Amato, y no me pusieron. Entonces vino mi hermano y me dijo que si quería entrar para ellos. Como yo había ido a jugar al fútbol, acepté. Ganamos y me quedé en el equipo.
Los muchachos me consiguieron un trabajo de albañil y yo me puse muy contento. Empecé a jugar en un club que intervenía en el campeonato de intermedia, que venía a ser como la primera B de ascenso ahora. Parece que andaba bien, porque un día me avisaron que me habían vendido al Wanderers por 200 pesos.
Sin preguntarme nada, me vendieron como una bolsa de papas. Cuando me enteré fui a ver a los dirigentes del Wanderers y le pregunté: “¿Quién va a defender al club, el Deportivo Juventud o yo?” Conseguí que me dieran los 200 pesos. Ese día me compré de todo con esa plata. Cuando aparecí en casa mi madre no quería creer que me habían dado toda esa plata. Ella creía que yo andaba en malos pasos.
Es que cuando uno se cría en la calle, tiene dos caminos: aprende a defenderse con dignidad, como hice yo porque tuve la oportunidad, o se larga a cualquier cosa, como les pasa a otros que no tienen una chance.
A mí me fue tan bien que, cuando subimos, no bajamos nunca más. Debuté en el Wanderers contra River Plate y perdimos, pero después le ganamos a Bella Vista. Por fin, en el estadio centenario jugamos contra Peñarol. Yo tenía enfrente nada menos que a Sebastián Guzmán, el maestro. Ellos tenían un cuadrazo, pero les ganamos 2 a 1. No me lo olvido jamás. Estuve cuatro años en el Wanderers y en 1943 pasé a Peñarol por 16 mil pesos, una cifra récord para el pase de un jugador. Me quedé para siempre en Peñarol hasta 1955 que largué el fútbol.
Ahora estoy muy arrepentido de haber jugado. Si tuviera que hacer mi vida de nuevo, ni miro una cancha. No, el fútbol está lleno de miseria. Dirigentes, algunos jugadores, periodistas, todos están metidos en el negocio sin importarles para nada la dignidad del hombre. Yo siempre me lo tomé de la mejor manera. Cuando vinieron a sobornarme, no me enojé ni los saqué a patadas ni los denuncié. Les dije que no, que buscaran a otro con menos orgullo que yo. Yo siempre me guié por la filosofía simple que aprendí en la calle, allí se aprende todo; hay que vivir, cueste lo que cueste, vivir, y a cambio de eso hay que dejar vivir.
Muchas cosas me dolieron. Los periodistas se metieron en mi vida privada, me atacaron mucho durante la huelga de jugadores porque ellos le hacían el juego a los clubes. Yo decidí vivir mi vida y rompí con ellos. Desde entonces me encapriché y me negué a salir en las fotos que tomaban al equipo en la cancha. Cuando mis compañeros me pedían que saliera, me ponía de costado y miraba para otro lado. Una vez los cronistas hicieron un planteo a Peñarol y el club me llamó para convencerme de que tenía que ser amable y salir en las fotos. Entonces les pregunté: “¿Para qué me contrataron: para sacarme fotos o para jugar al fútbol?” Ahí se terminó el incidente. No quise saber más nada con dirigentes ni con periodistas que escriben lo que quieren los que mandan. Yo sé que hay que ganarse la vida pero no hay motivo para ensuciar a los demás. Por eso yo no volvería a acercarme a una cancha aunque me ofrecieran millones. A mí me castigaron mucho y no lo aguanto. Por eso le dije que si ahora tuviera que jugar una final, me hago un gol en contra. No vale la pena poner la vida en una causa que está sucia, contaminada. El que se sienta capaz, que lo haga. Algún día tendrá que rendir cuentas: entonces sabremos quién es quién y si valía la pena ensuciarse.

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lunes, 12 de julio de 2010

El trofeo para un estilo, una manera de vivir el fútbol

Excelente resumen de J.P. Varsky sobre lo que dejo España campeón y el Mundial 2010.
Lo escuche por la radio Rock & Pop en su programa, y "o casualidad!" estaba escrito en "CanchaLlena.com" el mismo texto (que bueno escribir una vez y llenar 2 espacios o mas de laburo, ja).

"Me importa un bledo ser mediático. En el campo tengo el respaldo de muchísima gente, me lo he ganado", dijo en un reportaje concedido al diario El País el 25 de mayo de 2009. Si no alcanza esta frase para definir al personaje, aquí va otra, de la misma entrevista: "Lo que me gusta es llegar al final de la temporada y decirme a mí mismo que he mejorado. Eso es lo importante. Al menos para mí. Porque quiero más. Siempre quiero más". Este obsesivo de la perfección recibió el excelente pase de su compañero Cesc. Se acomodó la pelota con un control magnífico y de un golpe seco, pleno empeine derecho, le dio de arriba hacia abajo para derrotar a Stekelenburg. Celebró el gol más importante de su vida, igual que el anterior que ocupaba ese lugar, aquel derechazo al ángulo contra Chelsea, en Stamford Bridge. Se sacó y revoleó la camiseta. Esta vez, la remera de abajo tenía un homenaje muy especial: a su amigo Dani Jarque, futbolista del Espanyol, de Barcelona, fallecido en agosto del año pasado a causa de un problema cardíaco.
Andrés Iniesta ya era el mejor jugador de la final antes de marcar la diferencia en el resultado. Le costó más de una hora meterse en el partido. El pendenciero Van Bommel lo hizo reaccionar con un pisotón mala leche sobre un costado. Le respondió con un topetazo que el árbitro eligió ignorar. Y luego se dedicó a jugar al fútbol. Encontró un espacio entre los volantes y los defensores rivales. Desde ahí, comenzó a tejer el juego. Con el ingreso de Cesc Fábregas, tuvo el intérprete que necesitaba para influir definitivamente en un match que, afortunadamente, se había descosido tras la primera gran tapada de Casillas ante Robben.
Hasta ese momento, dos buenos equipos estaban haciendo un mal partido. Pero Holanda quería eso: un juego feo para neutralizar el toque español a partir de su marca agresiva y, por momentos, violenta. En las semifinales, Alemania había tardado 37 minutos en cometerle la primera falta a España. La Naranja demoró apenas 30 segundos, una entrada de Van Persie a Busquets. Salió a morder y a raspar de entrada. El permisivo e incoherente arbitraje de Webb le ayudó a mandar ese mensaje intimidante. Van Bommel y De Jong (de taekwondo contra Xabi Alonso) pegaron patadas de expulsión y recibieron amarillas. Del otro lado, también Puyol recibió licencia para repartir, apenas amonestado por una plancha artera.
Los futbolistas no colaboraban con el contradictorio inglés. A los 28 minutos contábamos once infracciones y cinco tarjetas. Stekelenburg le había negado el gol a Ramos en un buen arranque español. Y al final de ese primer tiempo, Casillas le ganó el primer duelo a Robben, que lo probó con un zurdazo.
Dormida durante los primeros diez minutos, Holanda ya había logrado llevar el partido al terreno que le convenía. Aguerrida como nunca, sólo la identificaba el color de su indumentaria porque en la cancha no mostraba ningún vínculo con su histórico estilo. Lejos de ese clásico juego de posesión, su arquero sacó largo muchas veces para que, en modo rugby, sus compañeros se adelantaran en el terreno. De esta manera, impedían el pressing sobre la pelota que tan bien hace España. Apostaban a un contraataque. Habilitado por el notable Sneijder, Arjen Robben tuvo la posibilidad soñada: mano a mano con tiempo y espacio para resolver. Tapó Casillas, un arquero gana-partidos que apareció con atajadas clave en cuartos, en las semifinales y en la final. Y ahí el partido se rompió en un ida y vuelta. La mitad de la cancha pasó a ser zona de tránsito rápido. Del Bosque tocó las teclas correctas. Entró Navas por Pedro para complicar a Van Bronckhorst en el costado izquierdo. Cesc reemplazó a Xabi Alonso para tener una alternativa al muy marcado Xavi. A Van Marwijk no le funcionó el teclado. Ni Elia, ni Van der Vaart pudieron meterse en el partido. España al ataque, Robben a la contra. Así se planteaba el juego. Webb ya había quedado totalmente desacreditado por su arbitraje sin compromiso, ni con el juego ni con sus decisiones.
Ya en la prórroga, Iniesta se tiró apenas sintió la mano de Heitinga sobre su hombro y provocó su expulsión. Andrés ya era el dueño del partido por encima de Sneijder, el mejor en los 90 minutos. Parecía adelantado en el primer pase de Torres, pero el laboratorio de DirecTV Sports lo dio habilitado por veinte centímetros. Tras el toque de Fábregas, ya no fue cuestión de cantidad y sí de calidad técnica en el control y en el remate. España campeón. Había llegado a Sudáfrica como el mejor del mundo y se despide como el mejor del Mundial. Casi nunca el favorito gana la Copa. Tiene un enorme mérito ahí. Se recuperó de un palo, aquella derrota con Suiza. Es el primer equipo que gana el título tras haber perdido su primer partido.
Este grupo, que tanto me hace acordar a la selección argentina de básquetbol por su capacidad para autorregularse, se sobrepuso a la inesperada adversidad. Pero más allá de estos intangibles como personalidad y temple, hay argumentos futbolísticos para este suceso histórico. Se consagra un estilo, una manera de sentir el fútbol desde la tenencia del balón. Tocar y moverse todo el tiempo. Es cierto que le ha faltado gol y, en algunos partidos, profundidad. La mala forma de Torres le recortó posibilidades en esta faceta. Pero España siempre quiso jugar así, imponer sus condiciones. Ganar o perder no depende de uno. El rival y otros factores también juegan. Pero uno sí puede elegir la manera de ganar o de perder. Y esta generación de futbolistas ha asumido un incondicional compromiso con esta idea, aun con entrenadores diferentes. Vicente Del Bosque heredó de Luis Aragonés nada menos que la Eurocopa, listón altísimo. Continuó con el proyecto, conservó la base y aprovechó el notable ciclo de Barcelona para enriquecer al plantel con Piqué, Busquets y Pedro. Respetado como líder por los 23, siempre tomó las decisiones pensando en uno solo: el equipo. Sus futbolistas se lo reconocieron cuando intentaron levantarlo por el aire en la celebración.
Nos llevamos el espíritu uruguayo, la inteligencia paraguaya, la audacia chilena, el Moulin Rouge francés, el derrumbe italiano, el fracaso inglés, la renovación alemana, la autodestrucción brasileña, la confirmación estadounidense, el catenaccio suizo, el temor portugués, el crecimiento japonés, el atrevimiento eslovaco, las lágrimas del norcoreano Jong Tae Se, la potencia ghanesa, la decepción del resto de Africa y nuestro contraste, bien argentino y maradoniano. Disfrutamos de futbolistas como el esloveno Birsa, el serbio Krasic, el ghanés Annan, el estadounidense Bradley, el japonés Honda, el paraguayo Alcaraz, el arquero portugués Eduardo y el chileno Medel, por citar algunos de los que se fueron más temprano. Los uruguayos Larrionda y Espinoza cargarán con el gol fantasma de Lampard ante Alemania, un LTA de 80 centímetros. Los italianos Rossetti y Airoldi con el gigantesco fuera de juego de Tevez ante México. La pelota generó tanta polémica como los fallos arbitrales. La indomable Jabulani dejó expuestos a pateadores y a arqueros. Las vuvuzelas nos volvieron locos. El 4-2-3-1 se impuso como el sistema de moda. Fue el Mundial de Forlán, de Müller, de Sneijder, de Villa. No fue el Mundial de Cristiano Ronaldo, de Kaká, de Rooney, de Messi. Nueva Zelanda, que venía a perder todos, no perdió ninguno y quedó como único invicto del torneo. Sólo este juego sagrado puede regalar una definición como la de Ghana-Uruguay. Y Abreu la picó. Palermo la metió. El Pulpo Paul y Larissa Riquelme la pegaron. Y de golpe, todo terminó. Sudáfrica 2010 hizo justicia con un equipazo y con un crack. Andrés Iniesta habla en el campo. No necesitamos nada más. Con eso, nos hace felices.
J.P. Varsky
Enlace: http://www.canchallena.com/1283911-el-trofeo-para-un-estilo-una-manera-de-vivir-el-futbol
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lunes, 5 de julio de 2010

"Vamos, vamos, que ganamos...."

Breve (¿?) reseña del paso Argentino en el Mundial

Deje pasar unas horas para no escribir en caliente las impresiones que me dejo el paso de la selección Argentina en este Mundial.
Les propongo viajar hacia atrás en el tiempo, hace unos meses, el gol de “San Palermo” nos aseguraba prácticamente la clasificación, aunque faltaba un pasito más la participación en una nueva copa del mundo. Hoy a lo lejos decimos “obvio que no íbamos a quedar afuera de LA COPA”, pero recordemos lo que se vivía en ese momento, personalmente por ratos pensé que no entrabamos.
Cuando el árbol crece torcido no hay como enderezarlo, Argentina eligió en este inicio de camino hacia el Mundial a un casi retirado DT, que creía entre otras cosas que un partido se ganaba o se perdía dependiendo de como se “levantaran los jugadores ese día”.
Después de múltiples quilombos y de no encontrar un rumbo en las eliminatorias, el gran supremo “Humberto Pomona” elije para apaciguar las aguas a MARADONA. Si hay una característica que distingue a Diego no es justamente la de apaciguar o calmar quilombos. Pero Diego significaba en ese momento lo que el argentino necesitaba para volver a ilusionarse. Empezar a creer en el mito, en la leyenda Entonces dijimos, porque no? Y empezó el “vamos, vamos, que ganamos….”
Asume Diego Armando y empieza a calmar las aguas: se pelea con Riquelme, se pelea con Humbertito, se pelea con Bilardo, se pelea con Batista, se pelea con Ribolzi, se pelea con Alfito, se pelea con los periodistas, se pelea y se pelea y se pelea. Junto con estas peleas nacen convicciones Maradonianas tales como: “Si Riquelme no se saca un hombre de encima, no me sirve. No quiero que dé vueltas entre Mascherano y Gago o vaya y le quite la pelota a Demichelis.” (a donde la fue a buscar Messi con Alemania?!!)… “Yo le digo a todos que mi arquero es Juan Pablo Carrizo.", "Mascherano es el capitán" (el tema es que es sordomudo!!), “Ahora son Mascherano, Messi, Jonás y ocho más", “Verón es fundamental, por lo que ordena, por lo que grita, por su ascendencia sobre el plantel. Es el técnico dentro de la cancha”, etc. Todo, en unos pocos meses.
Con todo esto a cuestas fuimos a Sudáfrica. Ahí de a poco empezó a crecer la ilusión. La lista de 23 jugadores que Maradona llevó al Mundial era casi irreprochable, salvo raras excepciones (Garcé y alguno mas dependiendo del gusto personal de cada uno). A los días de entrenamiento en Pretoria se empieza a gestar un equipo que le gusta a la mayoría, que incluía a Tevez entre los titulares para que Messi tuviera compañía. Romero ya era indiscutible para todos (gran acierto), Samuel había entrado a ultimo momento para ser titular indiscutido (acierto) Mascherano y Verón eran en ese momento, la mejor opción para nivelar la media cancha, nadie hasta entonces discutía a Dermichelis, Heinze pasaba de resistido a: “y bueh, no esta tan mal, por algo lo eligen todos”, Jonás de 4 era una buena opción para “conservar a Tevez en cancha”, Di María era uno de lo mejores jugadores de “la era Maradona”, e Higuaín era otro indiscutido por presente en su club y por presentaciones hasta ese momento mas que efectivas en la selección.
Todo este nuevo caldo daba por resultado una incipiente sopa de rico gusto que como entrada nos dejaba mas que satisfechos. Y porque no? "Vamos, vamos que ganamos…."
Empezó el mundial y Argentina se ubico rápidamente dentro de los 3 mejores equipos que jugaban al futbol, y la ilusión no paraba de crecer, alimentada sobre todo por lo poco que ofrecían los demás equipos y por el propio exitismo criollo al que no podemos escapar por mas que tengamos la jeta marcada de cachetazos de mundiales pasados. Pero si van 3 partidos y no hay nadie mejor que nosotros, “VAMOS, VAMOS QUE GANAMOS…”
Llegaron los octavos y con ellos, el primer examen para el equipo. Y en su primer examen Diego cambia: adentro Otamendi de 4, Verón afuera. Argentina paso a Mexico mas por el peso de sus individualidades que por tener un buen partido, pero aquí es donde a mi humilde opinión se perdió la brújula. No tenia hasta aquí, grandes reproches sobre formaciones de Diego para afrontar los partidos pasados, ni sobre los cambios realizados; pero México, nos había advertido que el equipo Argentino debía cambiar algo para mejorar. Y acá nos equivocamos, y el “vamos, vamos que ganamos..” nos juega en contra, nos ciega. Que tenemos un arquerazo, que Mascherano se la banca solo en el medio, que Messi se guarda los goles para las difíciles, que Higuaín la mete seguido, que Tevez se destapó con México, que Otamendi cumplió de 4. A todo este nuevo caldo de Octavos de final, le metimos sal de exitismo argentino, agarramos la lanza y ahora si mas que nunca: “vamos, vamos que ganamos…”.
El pensamiento post-octavos quedo plasmado en la conferencia de prensa que dio Maradona antes del partido con Alemania: “No tenemos que hablar del rival, como lo hicieron ellos. Nos dedicamos pura y exclusivamente al equipo nuestro y lo vamos a demostrar.”, “Alemania le ganó a Inglaterra e Inglaterra le dejó tener la pelota. Sabemos que perdió con Serbia y que Serbia le quitó la pelota. Sabemos que le ganó a Ghana y que Ghana tuvo tres situaciones de gol. No nos comamos el chamuyo; no nos comamos el 4 a 1: Alemania supo aprovechar lo que Inglaterra le dejó hacer.”, “Baldassi no lo dejó llegar a Portugal(¿?!)…”, “He-llouuu. Hace tanto que no veo a una mujer, que..."
Y así con el lema de que los otros se preocupen por nosotros fuimos a jugar el partido. Entonces nosotros, que no nos preocupamos por los otros (Alemania) no teníamos plan anti-Teutón. Nos hacen un gol de cabeza, el arma futbolística alemana histórica; Podolski lo bailo a Otamendi, porque Otamendi no sabe marcar la línea; Schweinsteiger jugo libre porque nadie en 90 minutos se puso adelante para molestarlo; nunca a Messi o a Tevez o a Di María se le ocurrió ir a la espalda de Lahm; nunca apretamos a Boateng que no tiene manejo de un marcador de punta; nunca cubrimos las subidas sorpresa de Muller por derecha; en resumen, nunca nos fijamos en Alemania, porque con el “vamos, vamos, que ganamos”, era suficiente.
Pero ellos, los otros, así como hace 4 años cuando su arquero Lehmann había estudiado como pateaban los penales los Argentinos, tenían un plan para jugar contra Argentina. Por eso atacaron mas por izquierda que por derecha con Podolsky, hicieron que la pelota la manejara Schweinsteiger y no Ozil, dejaron que Otamendi y Heinze trajeran la pelota y presionaban a Di María M. Rodríguez, marcaron a Messi escalonado para que este tuviera que ir a buscarla hasta donde Mascherano por lo menos para tocarla un poquito, sacaron a Higuain del area para que este incomodo, etc., etc., etc.
Como nunca y como siempre Argentina evidencio su falta de proyecto futbolístico. Cuando “el proyecto es el no proyecto”, decía un post de Calito allá por abril cuando nació Mano Inquieta Blog. El no proyecto de Argentina a nivel institucional, dirigencial, futbolístico, desencadeno en un “no proyecto de partido” que nos dejo afuera.
Vendrán ahora las múltiples criticas descarnizadas de las cuales prefiero no ser parte, solo queda decir que espero que lo que venga nos identifique como nos identifico la selección de Maradona en algunos pasajes del Mundial, pero por sobre todo que nos identifique como proyecto futbolístico, que el: “vamos, vamos, que ganamos” quede para los hinchas y no para los que tienen la responsabilidad de conducir semejante ilusión.

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viernes, 25 de junio de 2010

Final Argentina vs. Brasil

(de "el Mono Mario")

¿Que harian?



Gracias a Vicente S. por manadarlo por "Caralibro"


¿Quien es el Mono Mario?
Algunos (supongo no muchos) quizá no lo conozcan. El Mono Mario, es una caricatura humorística de origen argentino siendo una de las primeras Historietas Online de la argentina distribuida originalmente en formato flash, protagonizada por el personaje del mismo nombre. Siendo una caricatura con material adulto, además de escenas e historias donde el sexo es algo exagerado.
El Mono Mario consiste en una serie de capítulos e historias donde el protagonista, el Mono Mario, es un hombre con un único propósito: conquistar y tener relaciones con cualquier mujer que se le ponga enfrente. Es precisamente este aspecto el que ha despertado la polémica por el dibujo animado siendo para muchos una de las mejores caricaturas en flash. (Vale aclarar que el personaje de "el Mono Mario", justo no aparece en esta escena del video).
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domingo, 6 de junio de 2010

"Fixture interactivo" Sudafrica 2010

-clickear en el titulo para ver el fixture-

Para los que quieran seguir el Mundial partido a partido, posteamos un "Fixture interactivo".

Al fixture por razones de tamaño, le falta las fotos de los estadios. El fixture completo lo pueden pedir via mail a correomanoinquieta@gmail.com y con gusto se lo enviaremos para que lo guarden en su PC.
Vamos Argentina!!
Gracias Javier R. por mandarlo. Leer más...

Los hermanos Boateng


Ésta es la historia de los hermanos Boateng, Kevin-Prince y Jérôme. Ambos nacieron en Berlín, cuando todavía formaba parte de la RDA (Republica Socialista Democratica), el primero en 1987 y el segundo un año más tarde, hijos de padre ghanés y madre alemana, por lo que los dos cuentan con la doble nacionalidad en su pasaporte.
Jérôme nació el 03 de septiembre de 1988, comenzó su trayectoria en los juveniles del Hertha y, del mismo modo que su hermano mayor, fue ascendido al primer equipo. Le bastaron diez partidos en la Bundesliga para que Huub Stevens lo reclamara para su Hamburgo. Este Mediocentro del Hamburgo SV, de 192 centímetros de altura fue Internacional por Alemania en el sub-21. Así, en la ciudad hanseática ha terminado de despuntar en el fútbol europeo y no ha pasado desapercibido para técnicos como Mourinho, un reconocimiento que ha llegado en forma de debut con la selección Alemana.
Kevin-Prince Boateng nació el 6 de Marzo de 1987, es Mediocentro, de 184 centímetros de altura. Internacional por Alemania sub-21 (expulsado luego por indiciplina) . Lo vendió el Hertha de Berlín por 7'4 millones de euros al Tottenham. Kevin-Prince Boateng ha vivido una temporada llena de altibajos. Logró clasificarse de manera sorprendente con el Portsmouth, equipo de la Premier League, para la final de la Copa inglesa, donde cayó derrotado por la mínima ante el Chelsea. Pero a su vez, su equipo ha tenido que despedirse de la máxima categoría del fútbol británico después de que esta campaña se le descontasen nueve puntos debido a su insolvencia.
Decia recientemente Kevin-Prince:
“Desde pequeño jugué al fútbol con mis hermanos y mi padre en las calles de la capital. A los siete años entré en la escuela del Hertha y pasé por todas las categorías inferiores hasta llegar al primer equipo. Al principio, lo que más me costó fue adaptarme a la velocidad y a la dureza del fútbol profesional, pero tuve la suerte de contar con el apoyo de jugadores veteranos que me ayudaron muchísimo. Niko Kovac, Dick van Burik y Fredi Bobic estuvieron siempre a mi lado. Aún hoy les estoy agradecido.
Disfruté mucho jugando con Alemania. Ir a la selección siempre fue un reconocimiento a mi labor y la Asociación Alemana de Fútbol me ayudó mucho en mi desarrollo. Pero cometí algunos errores y tuve la sensación de que la Asociación no me los iba a perdonar, por lo que nunca más volvería al combinado nacional. He demostrado mis cualidades en los clubes por los que he pasado, pero mi nombre desapareció de la lista de internacionales. En cambio, podría haber disputado la Copa Mundial de 2006 con Ghana, así como la Copa Africana de Naciones de este año. En aquel entonces aún conservaba la esperanza de jugar junto a mi hermano (Jerome) en la selección alemana y por eso rechacé la oferta. Sin embargo, ahora ya he tomado la decisión más lógica”.
Ahora, toda la atención de este padre de familia, tachado con frecuencia de "chico malo" por los medios de comunicación, se centra en la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010. Será allí precisamente donde el internacional ghanés de 23 años, nacido en Berlín, se medirá al combinado teutón.
Pero el caprichoso destino quiso que su mote de chico malo lo llevara al extremo de exposición cuando hace pocos días sucedió lo inimaginable. Decia Kevin-Prince al respecto:
“En primer lugar, quiero decir que siento mucho que Michael (Ballack) no pueda estar en la Copa Mundial. Mi intención no fue en ningún momento la de lesionarle. Ya le pedí disculpas sobre el terreno de juego. Simplemente, llegué tarde al balón. En cuanto a mi imagen de "chico malo", reconozco que al principio me parecía algo gracioso. Con 18 años uno puede reírse de esas cosas. Pero ahora ya tengo 23, estoy casado y tengo un hijo. Resulta una carga molesta. Los medios de comunicación esperan que cometa acciones absurdas para encasillarme aún más. No obstante, las personas que me conocen saben que no soy así".
Los hermanos Boateng, quienes nacieron en Berlín, pero con ascendencia ghanesa, pisarán el césped mundialista aunque en equipos diferentes. Jerome —el menor— está para defender a Alemania, mientras Kevin-Prince representará a Ghana.
Amén de su futura incursión, el mayor de los Boateng pasará a la historia como el verdugo del alemán Michael Ballack, a quien sacó del Mundial con una dura entrada que le rompió los ligamentos de un tobillo.

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viernes, 26 de marzo de 2010

Fe muchachos, fe……….


Sentados en la mesa del bar entre vermut y moscato, empezaron los cuatro personajes, asiduos concurrentes de la mesa del ventanal, como todos los viernes desde hace unos cuantos años, a delinear cual podía ser la lista de convocados al Mundial de Sudáfrica 2010.
-Falta poco, dijo el Cabezón López, ex jugador de la liga de Arrecifes, hoy a punto de ser ex bancario.
Seguramente en Argentina, debe haber cuarenta millones de técnicos, armando la posible lista de afortunados a viajar.
-Hasta las mujeres opinan de fútbol, acoto, el Vasco Isidoro, el mejor full back, de la ex fabrica A.P.Green, que se tenga memoria.
El Loco Tito mientras se pedía el tercer moscato, comento ya medio “picado”, que si estarían Corbata, Houseman y Orteguita, llegamos a la final, obviamente ya se imaginan porque eran sus preferidos, todos ellos sponsoreados por la ex bodega Giol.
Este cuarteto se cerraba con la presencia del mas centrado de todos ellos, que era el Obispo Pachame, que se gano este mote, por que se educo en un colegio de curas y después de aprobar el bachiller, fue al seminario de los padres franciscanos para abrazar su profunda fe católica y erigirse como cura; pero un día conoció una mujer mundana y dejo todo por amor, como el dice: -Bella modelo de mil doscientos cincuenta centímetros cúbicos de puro placer.
Empezó el obispo a desarrollar una teoría que hasta el momento, a los integrantes de la mesa no se les había ocurrido. En base a su formación filosófica e intelectual, el dijo, olvidémonos por un instante de los convocados, si va ser tal o cual y pensemos los convocados, en base a nuestro conocimiento de creencias populares o espirituales.
-¿Cuales serian algunos de los integrantes de la lista de 23 convocados para el mundial?, introdujo su reflexión, acompañado por un silencio estampa de los demás integrantes de la mesa de notables, aprobando las palabras del obispo Pachame.
Se me ocurre, siguió, comparándolo con Ceferino Namuncura, el Beato Messí, no puede faltar. Tal vez con suerte, en la meca del fútbol, lo pueden nombrar Santo. No me olvido si hablamos de delanteros, también tiene que estar el San Expedito del fútbol Argentino, San Martín Palermo, por ahí necesitamos un gol urgente y el santo cumple. San Mascherano en el medio emulando a San Jorge cortando todo lo que nos puede hacer daño con su lanza de capitán. Tampoco puede faltar en esta selección un Gauchito Gil que puede ser Gago o Verón robando y repartiendo. No nos olvidemos de San Heinze, el San Cayetano de este grupo que por ahí se manda una macana que le termina dando trabajo a todos, ejemplo tirar mal el achique, un foul tonto al lado del área, etc. O San Cipriano Romero, para que le de claridad desde el arco a todo el equipo y los aleje de la confusión si es que alguna vez las hay, por culpa de los indignos rivales de turno.
Parafraseando a un erudito pecador en la materia fútbol, “la base esta”. Pero no nos podemos olvidar que en el Vaticano del fútbol, la FIFA, nuestra Iglesia no es muy querida, menos nuestros santos, ya alguna vez padecimos las encíclicas papales, como en el noventa en Italia, cuando nos mando un cura de la iglesia anglicana protestante llamado Codesal que nos cobro un penal que no existía, o en el noventa y cuatro cuando dijo que un jugador nuestro, perdón, nuestro Dios, estaba bajo los efectos de un alucinógeno y había que exorcizarlo, y lo mando al purgatorio.
Por eso, aconsejo no olvidarnos de llevar algunos elementos de suma utilidad, como el aceite de unción de Goycochea, en el envase del arquero Romero y que lo desparrame (acción de echarse una meada) antes del partido, en ese altar imaginario que es el centro del campo de juego. O el bidón de agua bendita de Branco para exorcizar a los brasileños, al principio van estar mareados, verán doble, patearan en contra, pero quédense tranquilos que después del mundial se les pasa.
Para concluir, sostuvo con su inmensa fe futbolera: -Fe muchachos, que vaya quien vaya todo es cuestión de fe, piensen en positivo que si Dios quiere o sea Maradona, lo que va ser, va a ser y levantaremos la copa como el setenta y ocho y el ochenta y seis.
-Mozo la cuenta, concluyo el Obispo Pachame, y comenzó el rosario final para pagar.

El Monaguillo (Cristian "Papu" M.)
(Gracias por el aporte)
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