La formación inicial se compone de Edu D. (elEdu), Hugo P. (Grafo), Hernan G. (PIC), Carli C. (Calito), con la participación especial de
Jorge V. (El Alquimista) y Raúl D. (RD), pero esperamos seamos mas. En este partido como en los partidos de la vida hay alegrias, tristezas, polemicas, amores, desamores, cambios y transformaciones, seria un placer que participes de ellos junto a nosotros..

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Queremos recibir tus aportes y sugerencias a: correomanoinquieta@gmail.com

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sábado, 17 de octubre de 2020

NI UN PASO MAS

La eternidad nos acompaña ciegamente.
Una tarde cualquiera puede ser el inicio de un camino que serpentea en la memoria y nos devuelve a lugares que marcaron nuestra historia con letras de lenguas que mantienen su esencia. Muchos dicen que darse un paseo por nuestro pasado nos refresca, nos empapa con gotas de relatos, con destellos fotográficos que se proyectan en el cielo y nos regala la mejor toma cinematográfica de un documental que de a poco va tomando forma. Desearía poder recrear de manera auténtica y sensible esos fragmentos de tu historia. Podría haber comenzado hace años, lo sé. Sabrás disculparme pero sigo luchando contra esa sombra que persigue y oscureceee mis preguntas. “Lo mejor de nuestra piel, es que no nos deja huir…” cantaba Solari y se abre el inmenso abanico de oportunidades que nos regala la libre percepción. Así es como siento que no puedo escapar de esas incógnitas, de esos retazos de tu pasado que poco a poco vas mostrando en tus relatos de cualquier tarde. A tu manera, y cuando el silencio se hace presente entre tazas de mate cocido con leche y chipa que amasaste con tus manos llenas de bondad, me haces viajar al origen de tus decisiones. Mostrás esas escenas de la misma manera que has puesto sobre la mesa la receta que aprendiste al costado del horno de barro, mientras la abuela Guillermina amasaba y el abuelo Juan hacía las veces de degustador oficial. Caen fichas dentro de mi cabeza, se acomodan, buscan su forma y un sonido rompe la silenciosa monotonía. “Un día gris de una semana cualquiera, me acuerdo de estar en mi lugar de todos los días, el taller mecánico. Para eso me había presentado 3 meses antes al Servicio Militar de mi país, quería servir a mi patria y aprender un oficio. Mi cuñado Daniel Velázquez era el encargado de capacitar en Tornería a los que ingresábamos, así que esos eran mis objetivos. Todo parecía indicar que sería un día más, pero recibimos la orden inmediata del Comandante de Agrupación de Conscriptos Sergio Alcaraz: ¡todos a formar! Nos miramos sin saber qué sucedió, esa orden no parecía ser una de las que recibimos a diario, no parecía otro baile más. Fue así que recibimos la instrucción y rápidamente nos separaron en grupos. Estábamos a punto de practicar posiciones y ubicaciones para combatir. Cuando esas palabras salieron de su boca, el silencio se hizo espeso, el estruendo de nuestros corazones galopando nos recordaba, por si hacía falta, que ahí estábamos para eso. Nuestra misión era colaborar con las fuerzas de la Cañonera Paraguay y la Cañonera Huamitá y evitar el avance militar argentino en su búsqueda implacable contra el General Juan Domingo Perón. Hasta ese día, no recuerdo si había escuchado alguna vez su nombre, pero por esas cosas del destino se convirtió en un símbolo imborrable en mi vida. Una vez formados los grupos nos pusieron al tanto de la situación: El Comandante y Capitán de la Embarcación “La cañonera Paraguay” que se encontraba en reparación en el Río de La Plata, le había dicho a los argentinos que fueron a buscar al General Perón: ponen un pie en esta embarcación y volamos Buenos Aires. El objetivo de apresar al General, tuvo una barrera que resultaría infranqueable para la embestida militar argentina. La historia quiso que tales sucesos no se concretaran, que el General encontrara en suelo paraguayo el lugar al que en tierra propia querían ponerle barrotes eternos. Hoy, luego de 53 años de estar en esta maravillosa tierra Argentina, recuerdo cada día aquella intempestiva pesadilla y despierto entre preguntas que mi historia de Inmigrante construyó. ¡Cuantas sorpresas nos regala el destino! Valió la pena todo lo que viví, cada momento de zozobra, cada intento de cambiar la historia de aquellos que tienen el poder de hacerlo ya veces nos dejan sin nada. Yo tengo 4 hijos hermosos, que me regalaron más hijos del corazón, nietos y bisnietos que alegran mis días, y una compañera que se arrojó a la aventura a mi lado, como yo hubiera tenido que arrojarme si una de esas botas argentinas ponían un pie en la Cañonera. El agradecimiento a estas tierras se lo debo a los valores que mis padres me inculcaron de pequeño, pero también, por esas finas jugadas del destino, se lo debo al General. Luego de aquellos sucesos, y habiendo cumplido el Servicio Militar, regresó a mi pueblo, Altos de la Cordillera, a 60 kilómetros de Asunción. En una tarde cualquiera, de esas que cambian el rumbo y tiempo después serpentean en mi cabeza,Llegó al pueblo un agradecimiento enviado por el General Perón: alimentos, ropa, bicicletas, triciclos y muchas cosas más, que en un lugar olvidado del interior se recibe con inmensa alegría. Porque se puede sentir que alguien se acuerda de vos, que te tiene presente.” Las fichas que estaban acomodadas vuelven a buscar nuevas posiciones. Mis ojos buscan sus ojos y el abrazo no tarda en llegar. Las historias que habitan en esos rincones poco visitados pueden ser más que una señal, se convierten en el mejor de los argumentos de cualquier discurso y nos pueden aclarar el panorama. Hasta pueden terminar con una frase ocurrente, como las que se le ocurre a mi papá en sus momentos de esplendor: “Yo era peronista antes de conocer al General”. Muchas gracias a mi viejo, Don Juan, por ser inspirador y ponerle letra a sus recuerdos. Leer más...

sábado, 29 de junio de 2013

Aspirinas y Caramelos


La primera vez que tuve la sensación de que mi viejo se moría, que lo vi débil de verdad, fue yendo a ver al Rojo. Rodolfo (así se llamaba) era periodista. Trabajaba en tele, Tomamos el bondi a Avellaneda (ya no teníamos el Fiat 800 que se había ido para pagar una deuda) y encaramos la larga caminata por la siempre convulsionada Alsina. Eramos miles los que caminábamos hacia el estadio de la Doble Visera envueltos en banderas, gorros y entonando cantitos que prometían que “vamos a salir campeón…" Llegando a las boleterías, vi que el viejo encaraba para la fila de la Popular. Debe haber visto la cara de decepción del nene acostumbrado a las cabinas y las plateas. Me dijo algo así como “hoy vamos acá, es mejor". No le creí. Entendí que era lo que se podía. La fila de al lado, la de las butacas, era más ordenada. La de la General era un caos de empujones, gritos… Mi viejo -vale la pena recordar que lo suyo eran las letras más que las multitudes…- pujaba por llegar a la ventanilla, pero no avanzaba. De pronto lo vi salir de ese marea de compradores de último momento. “Vamos, esto no es para nosotros" me dijo. Me salió de adentro un “Y si vamos a la platea?" Creo que mi pregunta fue un puñal. Me contestó “No tenemos plata". Recuerdo la sequedad de la respuesta. Hoy entiendo que era la última armadura de un tipo disminuido, que no podía cumplirle “algo" a su hijo. Era grave? No, claro que no. Pero evidentemente para él tenía un simbolismo. Ya no era lo que había sido. No se le abrían las puertas de las cabinas. No llegaba a comprar dos plateas. Empezaba a no poder. Con aire de vencidos, volvimos por Alsina, una calle que siempre me pareció horrenda. Mientras nos alejábamos del estadio, recuerdo haber escuchado el rugido de las tribunas, exaltadas por la salida del equipo… A las pocas cuadras, mi viejo detuvo su caminata. Me miró y me dijo “esperá un segundo". Se sentó en el portal de una casita. “Qué te pasa?" le dije. “No me siento muy bien, ya se me pasa". Una señora que veía la escena desde adentro de la casa salió y le dio un vaso de agua. La situación no duró mucho, se recompuso rápido. Al rato estábamos de nuevo en el colectivo y media hora más tarde, en casa. Lo que podría haber sido un simple sofocón, fue para mi una señal grave. No se bien porqué, pero ese día de diciembre, algo me dijo que mi viejo se me estaba muriendo. Tenía insólitos y jóvenes 53 años, pero fumaba mucho, había tenido un pre infarto un par de años antes, no se cuidaba… Y estaba (comprendí muchos años después) muy deprimido. Rodolfo se fue un año y medio después, sin dar demasiada lucha, sin comprender que era más importante cuidarse que entregarse al vicio que lo había tomado a los 14 años y del que, para colmo, estaba orgulloso. Nos dejó rápido. Mi enojo con él, por no haber estado, por no haber bancado, por no haber peleado, duró años. Muchos años. Ese hombre que se fue envuelto en debilidades, antes de apagarse, fue mi ídolo. Ese porteño tanguero que no me legó un mango, me dejó un puñado de cosas invalorables: el gusto por la historia, la pasión por la lectura, el placer por una buena partida de ajedrez, el ateísmo, una imagen de decencia inquebrantable que fue clave para que yo no me desviara cuando me tentaron… Y claro, el paladar negro de hincha de Independiente. De muy chico aprendí dos versos : Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla (el primero) y Miceli, Ceconatto, Lacacia, Grillo y Cruz (el segundo). Se dicen de corrido, rápido, porque decirlo así es señal de que sabes… Nos recuerdo embanderando juntos la casa, mientras esperábamos que la Central Terrena de Balcarce retransmitiera la señal de alguna final de la Libertadores jugada en Montevideo, en San Pablo, en Santiago… Nos veo saltando y gritando goles de Bertoni que ya van a venir, repitiendo Bo Bo Chini hasta la afonía, aplaudiendo barridas de Pancho Sa, corajeadas del Mencho Balbuena, tiros libres de Pavoni… Me gustaba escuchar aquella anécdota de una tarde en la que Bernao se había acercado a plena platea baja y le había dedicado un gol a mi vieja… Amaba a Boneco, aquel perro pulgoso que salía a la cancha con el primer equipo, llevando en su boca el banderín del CAI. Cuando yo era chiquito, Rodolfo solía venir con un caramelo. Me lo daba y me decía “te lo manda el señor Independiente". A veces, en vez de una golosina traía una aspirina. Ante mi mirada de asco, respondía “te la manda el señor Racing". Era un tipo serio, pero cuando quería, tenía salidas memorables. El viejo se fue en junio -vaya casualidad- del 82. No llegó a ver el gol de Percudani al Liverpool. Tampoco vivió esa tarde en la que salimos campeones frente a un Racing que descendía. Pero su vida estuvo repleta de vueltas olímpicas, de hazañas, de gloria internacional. De eso, se fue lleno. Escribo esto en plena agonía. A no ser que obre un milagro, en tres semanas nos habremos ido a la B. No se que pensaría Rodolfo ahora, pero estoy seguro que jamas se le cruzó por la cabeza que su invencible equipo repleto de copas, estuviese así, casi sentenciado, a días de adquirir esa mancha imborrable. Me costó añares despedirlo, hacer un duelo como corresponde. Creo que una buena parte de mi tristeza actual tiene que ver con que no puedo parar de recordarlo. De recordarte. Volvé viejo. Aparecete de traje, envuelto en una bandera roja. Decime que todo esto es una aspirina que me mandó el señor Racing. Que nosotros comemos caramelos, porque los amargos son ellos. Enseñame de nuevo a aplaudir un sombrerito del Bocha. Agarrame de la mano para gritar un gol de Bertoni. Si no podes volver, te entiendo. Ya es hora de bancármela solo. Seré digno. Aunque, te aviso. A escondidas de Lola, voy a llorar. Chau viejito. Descansá en el cielo inexistente de los ateos. Algún día vamos a volver. Este también es un modo, tardío, de despedirte. 
en radio, en gráfica… Los viernes solía llegar con un regalo: credenciales de Prensa para la cancha. Yo crecí acostumbrado a los lugares privilegiados. Vi muchos partidos en las cabinas, al lado a los relatores de las radios, o en plateas “lujosas". Era parte de la “chapa" de mi papá. Pero en 1980, la mano venía distinta. El viejo estaba sin laburar en los medios. En la Argentina de la plata dulce, había puesto un kiosco en la galería de al lado de Sadaic. Ese negocito, último bien de una extraña herencia familiar, no daba para ningún lujo. Vivíamos con lo justo. Para colmo, al periodista le faltaba el “brillo" de la profesión. El otrora escriba reconocido y jefazo, ahora expendía alfajores, turrones y 43/70. Un dato: lo hacía de saco y corbata. Me cuesta recordarlo con otro ropaje. Era casi su uniforme. Es posible que yo, con 11 hincha-bolas años, haya insistido en ir a la cancha ese día caluroso de diciembre. Jugábamos el partido de vuelta de una semifinal del Nacional. Racing de Córdoba nos había ganado 4 a 0 en la ida, pero vaya a saber que extraño convencimiento nos llevaba a creer que lo podíamos dar vuelta.
LUCIANO OLIVERA 
Gracias Pablo J. por el aporte... Leer más...

martes, 14 de mayo de 2013

Crónica de una pasión Canalla


Fui por primera vez a la cancha -palabra lacaniana, vaginal- una tarde dictatorialmente hermosa, plenamente azul, del invierno de 1977. Jugaron dos equipos, Argentinos Juniors y Rosario Central, que por esos años y el par de décadas que los rodearon darían lo mejor de sí mismos, lo mejor de la leyenda a medias consumada del viejo fútbol lírico argentino, ese que produjo tanta mala poesía y tanta mala ideología, el fútbol del toque y la gambeta propinados por equipos no monopólicos. Fui a la platea, fui con mi viejo, que tenía puesta una chaqueta de cuero que le duró toda mi infancia y mi adolescencia, con mi tío Jaime y con mi hermano Lucas. Estábamos en un lateral, cerca del arco a cuyas espaldas no hay, todavía hoy, una tribuna, sino una pared. Algún jugador bestial tiró un par de pelotas a la calle, y me llamó la atención que unos chicos, agazapados en la vereda de San Blas, se abalanzaran sobre ellas para robarlas, ¡era plena dicta, prehistoria de la sensación de inseguridad! ¿Quién era el inventor de Rosario Central en mi cabeza, el tipo que me llevó de la mano a las puertas de una creencia a la que todavía adhiero? Mi viejo venía de simpatizar un tiempo, moderadamente, con los sueños armados de su generación, y ahora se las estaba arreglando como podía para arrimar el guiso a esa familia de varones que estaba fabricando con mi vieja: otro hermano más, Felipe, incubaba en la panza de ella, y Federico llegaría tres años después. A los setenta y siete minutos de ese partido del Campeonato Metropolitano del año en que el punk coronó, un partido que El Gráfico calificó como discreto -malo, regular, las misteriosas discreto e intenso, bueno, muy bueno y excelente eran las categorías que manejaba la revista monopólica-, Argentinos hizo un cambio. Un delantero con dotes equinas habrá salido al trote, un trote ni apurado ni estirado, y se habrá besado, a lo macho, con un chico delgadito, un adolescente de 16 años, petiso, rápido, decorado con unos rulos morochos, afro casi. Mi abuelo había palmado un año antes, de un infarto, a los sesentaipico. Le había dejado a mi viejo una bonita casa al pie de una barranca en Vicente López -donde vivíamos desde el '75 y de la que se mudarían, él y mi vieja, animales del museo de la costumbre, recién treinta y cinco años después- y una crisis bastante importante en el ánimo: la dictadura y la sombra de su padre self made man (de un humilde hogar inmigrante en La Boca a la vicepresidencia de Boca Juniors y la intendencia paraperonista de Avellaneda) sonreían sobre la cabeza atribulada de mi viejo. Después del partido, fuimos, como todos los domingos a la noche, a la casona de Belgrano donde ahora vivían solo mi abuela y mi tío Jaime. Mientras se hablaba, probablemente, de la plata que empezaba a ser dulce, de los partidos de esa tarde, tal vez de política (¿cómo se hablaría de política, entonces? No muy distinto que ahora, estoy seguro), mi hermano Lucas se acostó en el piso a dibujar una escena del partido. Los rulos del morocho de Argentinos ocupaban casi la mitad de la hoja. En sus trece minutos y pico en la cancha, el morocho no había podido hacer demasiado para el Bicho, pero su carril izquierdo en ese segundo tiempo estaba ahí, a metros de nosotros, y algo de su magia pelotera, que se haría célebre (el más ligero de los signos de esa celebridad sería que el estadio adonde habíamos ido llevaría décadas más tarde su nombre: Diego Armando Maradona), sedujo a nuestras neuronas inocentes, desde ahí hasta la eternidad. A mi viejo lo había seducido, casi veinte años antes, la pegada de un flaco que jugaba para Central, y que en ese año 1977 era el entrenador de la Selección. Menotti sería pronto campeón del mundo, pero postergaría por ocho años la posibilidad de que el chico de rulos también lo fuera; en lugar del delantero de Argentinos, el goleador de ese Mundial iba a ser Mario Alberto Kempes, una bestia humana que había arrollado todo a su paso por Central. Pero a comienzos de los sesenta, Menotti jugaba al trote lento en Central, y mi viejo y mi tío Jaime, que hasta entonces eran de Boca, habían visto la luz, casualmente también en un partido de Argentinos con Central, en la misma cancha de La Paternal. Los caminos del Dios de Central son misteriosos. En ese del '77 que fue mi primer partido de fútbol en la cancha como hincha, mi viejo andaba un poco a la deriva (¡es un quilombo hacer una familia con cuatro hijos, haberse mandado unos moquitos de joven, que un gobierno autoritario medio te persiga, y que tu viejo se acabe de morir!) y decidió, quizás por tener los 33 de Cristo, volver a abrazar la fe católica, refugiarse ahí, en esos antiguos rituales, del bardo de la vida. En el Argentinos-Central de los sesenta, en cambio, mi viejo y mi tío habían visto la luz y habían abrazado para siempre la fe canalla. La católica fue una creencia problemática, de la que sus hijos abjuramos promovidos por nuestras hormonas y por la democracia laica. Pero bajo esa otra fe anómala, extraña, desviada, obsesiva y rebelde que fue ser porteños hinchas de Central nos hicimos hombres los varoncitos de la familia. En el Argentinos-Central del '77, en el minuto setenta y siete, cuando el morochito de rulos pisó el pasto que treinta años más tarde llevaría su nombre, puede decirse, terminó la era del fútbol profesional y popular, y empezó la era del fútbol mediático. Yo tenía cinco años. Empezaba, de algún modo, a hacerme hombre: a eso vamos los varones a las canchas. El fútbol es una cuestión de padres e hijos: al menos lo fue en mi caso. Aunque la platea del Gigante de Arroyito es famosa por sus muchachas en flor, el espectáculo del fútbol es todavía hoy muy predominantemente varonero. Cincuenta mil tipos se juntan todos los domingos y cantan sus bravatas. Les cambian la letra a melodías románticas, le ponen vino y droga a lo que venga, juran que van a matar a todos y proclaman su amor eterno por una entidad abstracta: un acting exagerado que da ternura infinita. ¿Qué es lo que se ama? ¿Al club? ¿A la camiseta? ¿A los jugadores? Ninguna de esas respuestas es correcta: como toda fe, la del hincha de fútbol es un intento por reparar el misterio y la contradicción. Por eso el fútbol es un espectáculo que ignora los silogismos y tiene mucho de masoquismo. Se crece a partir del sufrimiento, del dolor. Ser hincha de fútbol es aceptar la fatalidad. Ya desde el primer minuto en una tribuna, las caras de los espectadores se desencajan y los maxilares braman las palabras del inconsciente. Referís, técnicos, jugadores rivales y jugadores propios son el blanco imaginario o real de cargadas o puteadas endemoniadas, gritadas, susurradas o cantadas. Creamos nuestro yo a partir de los otros. Los partidos y los campeonatos proveen la estructura del relato, un lapso en el cual los héroes (hinchas o jugadores) afrontan peripecias y salen de ellas transformados. Igual que en la vida, a veces se gana, otras se pierde y otras se empata. En lapsos más largos (un campeonato), la mayoría de las veces se promedia la mitad de tabla: ni se cumplen las expectativas más locas ni las profecías más trágicas. Pero hay excepciones, excepciones necesarias que funcionan como los grandes relatos épicos nacionales: el Mio Cid o el Martín Fierro nos tranquilizan, garantizan que un país o una civilización existen. De la misma manera, el relato oral y periodístico de las grandes hazañas futbolísticas refuerza la pertenencia imaginaria a esa experiencia mística que es ser de un equipo de fútbol. Las cábalas son los rituales de esta religión, la certeza irracional de que todo el universo está ordenado en función del propio equipo. El fútbol, dice el periodista español Santiago Segurola, es la guerra ritualizada: ahí es cuando aparecen las mujeres. La mamá que nos prepara los ravioles antes de ir a la cancha o la novia que nos acompaña en los primeros tiempos del romance son comprobación y testigo de nuestra condición varonil, enfermeras físicas y morales de nuestro pasaje por la guerra simbólica, productoras de sonrisas que creemos comprensivas con el destino fatal y cambiante que nos depara nuestra obsesión con el juego de la pelotita de cuero. ¡Pobre mi vieja! No solo nos bancó a sus cuatro hijos un total de 36 meses dentro de su vientre, sino que se bancó a los cinco (hijos y marido) conversando obsesivamente, durante todos los años ochenta y noventa, acerca del lejano, exótico, fastidioso Rosario Central (a cuya tribuna había ido un par de veces, aguja y ovillo de lana en mano, en los comienzos sesentistas de su romance con mi padre). Éramos la patrulla perdida de una utopía insistente. Lejos de la inquina con nuestros primos leprosos, estábamos rodeados de gallinas, de bosteros, de hinchas del Rojo, y muchas veces nuestra pasión venía con nota al pie: "No, cuando digo la Academia me refiero a la Academia rosarina". Entre el 84 y el 87, un equipo terrible, un par de directores técnicos estupendos, cuatro o cinco grandes jugadores y una veintena de animalitos de Dios consumaron la Edad de Oro Canalla. Entré a esa era a los 12 (luces calientes atravesaban mi mente) y salí a los 15, transformado en un adolescente ardiente, provisto de una fe que me permitía afirmar mi identidad, tener una marca en el orillo, ser reconocido, ser yo, de Central hasta la muerte. La Edad de Oro Canalla empezó, por supuesto, de manera horrible. Fue el domingo 16 de diciembre del 84, en un Falcon gris del 79 estacionado en la quinta de Arturo Goetz, un amigo de mi viejo. Tiene que haber hecho calor, pero yo me acuerdo de una tarde fría. Ahí escuché, con esperanzas cada vez más espesas, al Gordo Muñoz narrando cómo Boca le ganaba 2 a 0 a Central. Cuando terminó el partido, giré mi brazo derecho doblado en el codo, cerré el puño y extendí mi pulgar hacia abajo, mirando a mi viejo que a ochenta metros, desde la mesa de los adultos, me miraba fijo, pero fingiendo interés en la conversación con sus amigos: Boca nos había mandado a la B. A eso se le llama pasión: a sufrir. Pero en los años subsiguientes hubo milagros suficientes para completar los formularios de la fe. En el último campeonato de la B antes de que se inventara el Nacional B, el del '85, el Central de Pedro Marchetta hizo desastres de la mano del pequeño Raúl de la Cruz Chaparro, salió primero por varios puntos y dejó tercero a Racing, descendido dos años antes. Durante las vacaciones futbolísticas de Central antes de su regreso a primera, hizo magia en México aquel morocho de rulos al que habíamos visto casi debutar: la del Mundial '86 es una historia más conocida. Y, en el país de los campeones del mundo, el primer campeón fue el recién ascendido Rosario Central, que practicó el último fulbito de la vieja escuela, guiado por dos insides lentos, tocadores, campantes: el Negro Palma y el Pato Gasparini. El 2 de mayo del '87 nos preparábamos para salir hacia el partido consagratorio en la cancha de Temperley (Central le llevaba apenas un punto a sus segundos) cuando se oyó el llanto de un excluido. Mi hermano menor, alias Tito, de 5 años, no estaba contemplado en la excursión, pero su instinto de pertenencia futbolera pudo con todas las precauciones maternas. Le fue colocada la enseña auriazul y partió junto al resto a su bautismo de guerra. La célula canalla estaba completa, y partimos, desde el chalé de Vicente López hacia el conurbano sur, a ver a Palma transformar un penal anodino en un gol tan inolvidable como el que un año antes Diego les había hecho a los ingleses. La vida de un hincha de fútbol, sin embargo, se puede volver burocrática. Años y años de pelotazos impunes, gambetas cojas, goles rascados en el fondo de la olla ponen a prueba la mejor pasión. Central campeonó cuatro veces entre el año en que nací y el año en que cumplí 15. De mis 15 a mis actuales 40, nada, y cada vez más nada. Una y otra vez visité lugares impiadosos, como el mausoleo visitante del gélido Monumental de Núñez, solo para ver cómo los Francescoli, los Salas, los Aimar y los Saviola nos pintaban al óleo. In my face, ¡Conejo maldito! Pero lo peor no sé si fue padecer el genio ajeno, sino perder cada vez más seguido contra rivales cada vez más grises. Los tiempos me cambiaron terriblemente a mí, pero también a todos, incluso un poco al mundo, tan lento y largoplacista. El finísimo Diego Maradona se fue transformando en un ídolo impresentable, difícil de asimilar. El Diego, jugador de los medios, le cedió su trono a Messi, jugador de la Play. El fútbol argentino se fue precarizando a la par de la aceptación de nuestro destino social sudamericano. Las hinchadas, en particular la de Central, dejaron de mirar los partidos y se quedaron ahí, entonando drogadas sus Cantos a Sí Mismas, las canciones autorreferenciales de una fe tantas veces castigada por el apuro mercantil de dirigentes, entrenadores y jugadores. Yo en el medio hice un poquito de todo. Me mandé un par de moquitos y un par de gambetas, las mejores de las cuales fueron producir en sociedad con una bella muchacha a mi hijo, León (a la misma edad, veintiocho, que tenía mi padre cuando yo nací), y a mi hija Benita, la primera canallita mujer full full de la familia. Quizá por la falta de entusiasmo que emanaba hacia mí la ristra de mediocres que se aturrullaban con enjundia en los mediocampos centralistas, a León el bicho de la pasión tardó en entrarle. Pero otra vez un hecho trágico hizo de bautismo de esta guerra ritual, y la infección canalla le entró como un rayo a mi hijo. Una tarde de junio de 2010, Central se fue otra vez a la B después de ser humillado por All Boys en el Gigante de Arroyito. Esa tarde triste yo, desde el cinismo desesperado, cargué a mi pobre viejo con una maldición que confío equivocada: le dije que tal vez ese era el último partido de Central en la A que él veía en su vida. Desde entonces, el equipo más grande del interior del país vegeta en esa divisional que, sin embargo, se nos ha vuelto apasionante. Estoy entrando en esa edad en que el futuro se parece cada vez más al pasado: empiezo a entender a Borges, la historia es cíclica. Fingiendo que educo a mi hijo, me sumerjo otra vez en la pasión canalla. Atravesado por la corriente eléctrica de esta fe que lo convertirá en un hombre, León se pasa sus tardes preadolescentes pensando en Central desde Facebook, y sus noches soñando con lo mismo. Nuestras conversaciones empiezan a limitarse a un solo tema. Cuando trato de tener con él "esa" conversación (ya tiene 12), me interrumpe para hablarme de Jesús. De Jesús Méndez, la figura del equipo. La temporada 2012-2013 amaneció tan lluviosa para el equipo como las anteriores. Hacia la fecha one, con delanteros que eran un chiste, Central ocupaba el puesto catorce sobre veinte equipos. El horizonte de la vuelta a Primera parecía un espejismo inalcanzable. Esa vez, hicimos seiscientos kilómetros para ver perder a Central, de local, con Douglas Haig. Tres fechas más tarde, armamos una excursión peronista a Florencio Varela y ¡por fin! festejamos un triunfo, por más avaro que haya sido, contra Defensa y Justicia. Desde entonces, lentamente, empezó a producirse un milagro, y una partida de nuestra patrulla canalla iba tras sus huellas: a Rosario, a Mar del Plata, a Junín. Central ganaba siempre, uno a cero pero ganaba. Así hasta prender de nuevo la máquina de la ilusión, y, como dicen los relatores, hasta treparse a lo más alto de la tabla, después de tanto tiempo. En la última excursión, al bravo Bajo Flores para enfrentar al bravísimo Chicago en la cancha de San Lorenzo, el Azul Mecánico en que se transformó Central (por cábala, el equipo intenta no usar la tradicional camiseta azul y amarilla) hiló su duodécimo triunfo al hilo, récord histórico para los equipos del club. A mí se me mezclan los recuerdos y el presente. En mi cabeza Jesús Méndez se transforma en el Negro Palma, el lento Paulo Ferrari en el intrépido Hernán Díaz, el rosarino Encina en el cordobés Gasparini, y así. León se sabe de memoria el cancionero canalla, el fixture de las fechas que restan, el puntaje y la formación de todos los rivales. En la Play, creó un torneo de la B Nacional (los nerds del FIFA todavía no incluyeron esa división). Este curso acelerado de geografía social, de participación en un ejército informal, este tránsito hacia la contradictoria masculinidad adulta en el que hago de acompañante de mi hijo se verá dificultado, tarde o temprano, por una derrota: pero así es la vida. Habrá que rezar, levantarse, alisarse la auriazul a rayas verticales y ponerse a caminar otra vez. Mientras tanto, seguimos cantando una que empieza así: "Quiero a Central de corazón, desde hace ya mucho tiempo...". Leer más...

lunes, 25 de marzo de 2013

La conmovedora historia de Bayan Mahmud

Llegó de Ghana en barco escapando de una guerra de tribus. Tiene 18 años, juega en la 4ª de Boca y vive en la pensión de Casa Amarilla. Quiere triunfar en Boca y ser “el primer negro en jugar en la Selección Argentina”. "Yo dormía atrás de una contena (contenedor), en el piso. Porque no tenía documentos ni nada. Estuve ahí escondido un día y medio. Al final, salí. Si no, iba a morir. Y por supuesto los que me vieron son muy buena gente. Me dijeron que me quedara tranquilo, que no saliera mucho. Cuando era el tiempo de comida, me traían. Y así estuve las tres semanas que duró el viaje. Yo no sabía que estaba viniendo a Argentina. Me subí a cualquier barco, tenía que escapar de la guerra. Mis padres habían fallecido en 2005 en la guerra y sabía que era muy peligroso. Después de eso, estuve con mi hermano en una casa de orfanatos. Pero la guerra de tribus apareció otra vez en el 2010. Yo soy de la tribu Kusazi y nos venían a perseguir. Ellos se reconocen por una marca que llevan en el cuerpo. Si me veían, se iban a dar cuenta de que no tenía ninguna marca porque nosotros no nacimos en la capital. Y me podían matar o hacer algo. Por eso, quería irme. Empezamos a correr, ese lugar es medio jodido. Y no sabía qué pasaba con mi hermano. Fui a otra ciudad para entrar a un barco. Estuve como una semana. Hice amigos en ese barco, me contaron que salía al día siguiente y me ayudaron a meterme. Era muy peligroso. Yo entré ahí pero no sabía adónde iba”. De repente los ojos se humedecen, la sonrisa se transforma en esa nostalgia aromatizada, los recuerdos lo atrapan, la voz se entrecorta, los silencios hablan y la historia se escribe en tiempo presente. Bayan Mahmud tiene ahora 18 años. Hace 28 meses se escapó de Ghana, en el oeste de Africa, para no ser víctima de una guerra de tribus que ya había arrasado con sus padres. En el camino perdió a su hermano, se subió a un barco y llegó a Argentina. Y a Boca. El club lo cobijó, lo alimentó, lo ayudó en su proceso de refugiado para poder radicarse definitivamente en el país. Bayan es integrante de la categoría 94 desde principios de 2011 y este año fue inscripto para poder jugar oficialmente. Bayan es un volante por derecha devenido en lateral, que como todo chico de su edad, sueña con llegar a Primera y deslumbrar con luces de neón en la Bombonera. Vive en la pensión del club y se entrena todos los días con la Cuarta en el complejo Pedro Pompilio. Bayan admira a Riquelme y a Hugo Ibarra. Bayan dice “jodido” y “boludo”. Bayan quiere ser “el primer negro en jugar en la Selección Argentina”. Su papá Mahmud, ex futbolista de un prestigioso club ghanés, y su mamá Fátima le dieron una educación “correcta”. Con su hermano Muntala se la pasaban de finca en finca en busca de una pelota. Así, todos los días. Por eso, tal vez, en apenas un par de pruebas en Boca se dieron cuenta de su potencial. “Cuando me bajé del barco-se acuerda Bayan- estuve tres días sin hablar. Hasta que me encontré con un par de senegaleses y nos pusimos a charlar del Mundial de Sudáfrica 2010. Ellos son muy buena gente, me llevaron a migración en un taxi. Y de ahí me mandaron a una pensión de refugiados en Flores. Después, me fui a Constitución, donde había muchos africanos. Los sábados siempre pasaba por la plaza en la que jugaban al fútbol hasta que un día me preguntaron si quería entrar. Venían perdiendo, pero pasamos a ganar todos los partidos. No sabía que estaban jugando por plata. Y me dieron $20. ¡Buenísimo, je!”, se ríe Bayan, con esos dientes blancos que ahora sí transmiten paz. “Entonces empecé a ir seguido y una persona que se llama Rubén García me vio jugando ahí y me trajo a Boca. Agarramos el form (formulario) y me tomaron la prueba. Y ese día jugué muy bien, je”. Bayan ya es todo un porteño. Está por comenzar segundo año del colegio secundario, se destaca en inglés y en matemáticas, come asados (“riquísimo”), va seguido al cine y no tiene novia porque “ahora es todo fútbol, fútbol, fútbol”. Sin embargo, hay una costumbre que no se mancha: reza cinco veces al día. “Sin Dios, no podría estar acá. Es el que me da fuerzas para seguir”. Por Dios, dice, también localizó a su hermano Muntala. “Estuve con él hasta que me escapé. Después no supe nada más”. -¿Y cómo lo encontraste? -Por Facebook. Itatí Encinas, secretaria de presidencia, y una amiga de ella me ayudaron mucho. Yo no sabía si él estaba vivo o muerto. Y un día me dijeron que lo habían encontrado. El también me estaba buscando, entonces puso su número de teléfono en su información. Lo llamaron y empezamos a hablar. Fue una emoción muy grande. Después empezamos a usar el skype, a mandarnos fotos y algunos videos. -¿Cuándo debutés en la Bombonera tu hermano tiene que estar? -Sí, ese día morir, je, je. Estoy haciendo los trámites para que pueda venir (un silencio largo como su viaje) Es el único que tengo y si él está cerca mío, voy a estar muy contento. -¿También sería un homenaje para tus papás? -Sí, yo siempre rezo por ellos. Y sé que estarían orgullosos de mí.

Gracias Javi por el aporte.
Nota completa:  http://www.bocaprogramaoficial.com.ar/programa-mahmud/  Leer más...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El Messi de Baghdad

Hay un Messi de Baghdad que emociona desde un arco y sin una pierna. Que juega con la camiseta 10 del Barcelona y que pone sus muletas como postes de un Camp Nou imaginario y que usa guantes y que también se divierte con una pelota de fútbol. Hamoudi dice que quiere ser como el astro argentino y por eso no descansa pese a las secuelas de la guerra. Este chiquilín de ocho años que perdió la zurda luego de uno de los tantos bombardeos a la capital de Irak es el eje de una historia contada en un cortometraje que se acaba de estrenar en el festival internacional de cine de Leuven, en Bélgica. Baghdad Messi, dirigido por el kurdo Sahim Omar Kalifa, dura 19 minutos y narra esa devoción que Hamoudi tiene por La Pulga y por el Barcelona. Tal vez, el propio Lionel Messi ya esté al tanto de este tráiler que circula en las redes sociales. Ambientado en la zona rural, el adelanto de este film ovacionado por el público belga muestra a Hamoudi desde el arco y con la pelota en la mano, y con ese entusiasmo por que su equipo pueda jugar, quizás, a la velocidad y con la precisión del Barsa. Grita y gesticula, como un arquero de Primera. Sueña y se imagina, como un chico de cualquier potrero del mundo, ese diez que, a esta altura, es un espejo inagotable. Celebra, Hamoudi, un gol de su equipo –todos vestidos con camisetas del Barcelona y diferentes diseños– y da pequeños saltos apoyado en su pierna derecha hasta llegar al abrazo con sus amigos jugadores. La imagen, capaz de vencer y de caminar hacia la utopía. La final de la Champions League 2009 también juega un papel determinante en esta narración de Kalifa. Barcelona, el equipo de todos, y Manchester United, en Roma, genera la lógica atención de estos chicos futboleros que aguardan, pacientes, por ver a Messi y a sus otros amigos. Sin embargo, se rompe el televisor y deben resolver el asunto antes del comienzo del partido. El ingenio de Hamoudi será clave para sortear el obstáculo y disfrutar del juego y de su ídolo. Baghdad Messi, dicen, tiene buenas chances de ser premiada en el festival de Bélgica como mejor película antes de participar en el noveno festival de cine de Dubai, que se llevará a cabo del 9 al 16 de diciembre. El juego en un mundo castigado y la niñez que conserva esa pureza donde los sueños plantean igualdad. A Hamoudi le falta una pierna y quiere ser Messi. En realidad, lo será desde su capacidad para no perder la esperanza y proteger el estado de ánimo. Conmueve, su historia. Y ese es un premio que quizás el Messi auténtico no tenga que recibir en ninguna alfombra roja ni con trajes y trofeos. Porque lo ganó. Arcos de piedras y muletas. La cancha de tierra, seca, y una pelota que suspende y libera a estos chicos de ruidos y de horrores de oscuras escenografías. El Messi del Barsa anda en busca de un nuevo récord y se prepara para la cita de Brasil 2014 y empieza a despegar de comparaciones de otros tiempos por un nivel de rendimiento que no entra en el campo de lo posible. El Messi de Baghdad, sus manos y los guantes, la pierna lo sostiene y el alma lo mueve. La pelota entra al arco. Hamoudi queda en el piso y con ese lamento de un niño que acaba de recibir un gol. Se levanta, Messi, con esas dificultades pero con todas las voluntades. Se saca los guantes, se lleva las muletas de vuelta a casa. A pensar que, tal vez, La Pulga sepa, algún día, quién es. A dibujar, en esa almohada y de noche, jugadas con el diez en la espalda.

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lunes, 16 de abril de 2012

Garrafa, la pelicula


Nunca ganó los millones de Messi ni se lo vio con las modelos top del momento.
Jamás se llevó el Balón de Oro ni brilló en el fútbol europeo. Pero tampoco nunca se lo vio demasiado interesado en alcanzar ese tipo de logros. José Luis “Garrafa” Sánchez era un futbolero de barrio. Esos enamorados de la pelota que saben muy bien cómo tratarla y hacerla feliz. A ella y a todo aquel que se detenga a mirar la relación entre ambos.
Eso se transmitía al público (de propios y extraños) a través de su manera de jugar. Displicente. Insolente. Lleno de talento. Casi faltándole el respeto al híper profesionalismo del fútbol moderno. Es que a “Garrafa” no le interesaba jugar al fútbol. Él amaba jugar al “fulbo”. Y así dedicó su carrera a llenar de alegría el corazón del “fulbolero”. De aquel que se emociona cuando ve un caño, un sombrero, una pisadita, un taco.
Así lo interpretaron los hinchas de Banfield, de Laferrere, de El Porvenir y del fútbol en general.
El Garrafa, una película de fulbo es un fruto nuevo en el árbol artístico de José Luis Sánchez, que guarda cuatro canciones y una estatua en el Florencio Sola. Su vida está contada por amigos, familiares, colegas. Y por sus ocurrencias. Por sus salidas. En 1998, el Gaucho Alfredo Almirón, compañero en El Porvenir, iba en un auto junto a Garrafa rumbo a la segunda final por el ascenso a la B Nacional entre su equipo y Deportivo Armenio. El presupuesto no alcanzaba para las concentraciones. En Pompeya, Garrafa le dijo que pare. Se bajó y volvió con dos chorizos a la pomarola. “Tenemos que jugar una final. Ni en pedo me como eso.” Garrafa le devolvió: “¿Quién te dijo que uno es para vos?”. Al psicólogo deportivo Darío Mendelsohn, a quien tuvo en El Porve, le rompía los tests en la cara y le recriminaba: “Sos una mentira que camina.” Lo hacía para divertir al plantel. En un comentario en la página web de la película, un hincha de Banfield escribe: “No vi nada igual. Cuando jugaba era feliz. Tengo una remera con una foto que me saqué en el predio. Antes de un partido con Boca que perdimos le pregunté si estaba nervioso, y me dijo: ‘Sí, porque en media hora tengo la revancha al pool con el Laucha (Lucchetti) y le tengo que ganar’.”
Era el jugador que Alejandro Dolina había elegido para querer. En la sala de lectura de su casa, el Negro, entrevistado para el documental, tiene un par de fotografías junto a él. Ricardo Spreafico, aquel que en el asado pensó que Garrafa tenía frío, a partir de entonces entabló una amistad con él y su familia. Ricky, el asistente de dirección, ofició de contacto entre José Luis y Dolina. El escritor lo había elogiado en público. “¿Viste lo que dijo de vos? Te quiere conocer”, le comentó. “Buenísimo, pero, ¿quién es?” Ricky fue al teatro a verlo a Dolina y le dijo que Garrafa quería hablarle y regalarle una camiseta. “Abrió los ojos grandotes y dijo: ‘¿En serio? Sería un honor’.” “Cuando tuvo el accidente y se mató, Dolina me llamó. Estaba muy triste. Como si le hubiese pasado a un amigo. Hay gente que no lo conoció y también se emocionó.” En Laferrere sí lo conocen. Es un semidiós. Cuando le preguntaron qué fue lo más importante que le pasó en su carrera, respondió: “Haber debutado contra Almirante Brown.” “Cuando vos llegás a Laferrere, hay dos imágenes: la de Gregorio de Laferrere y la de Garrafa”, suma Smietniansky. “Ahí hablás del Diez y es uno de los pocos lugares que no representa al Diego.” La leyenda conurbana cuenta que en un Día del Niño José Luis pasó a bordo de una moto por el centro de la ciudad, vio los festejos y regresó con cajas de alfajores para repartir entre los chicos.
Hoy, como dice Cherco, la gente vuelve a la cancha a ver a Garrafa, al lugar en el que desparramó felicidad ese hombre-niño con sus travesuras. A esta película, que nació entre carnes y vinos, hace dos años le levantaron el pulgar final. Antonia, la madre de José Luis, había tenido problemas cuando se le acercaban después de la muerte de su hijo, en especial con los dirigentes de fútbol. “Los hermanos mellizos, Adolfo y Fabián, estaban muy de acuerdo –dice Sergio Mercurio–, pero era importante la opinión de la madre.” Mercurio, el titiritero de Banfield, fue hasta la casa y la invitó al Teatro Cervantes a ver la obra Viejos. Cuando terminó, salió a saludar al público. La mujer se le acercó y le auguró: “Vas a hacer la película y va a salir bien porque ustedes la hacen con el corazón y a pulmón. Te espero en mi casa para comer.” Mercurio descubrió que la única posición beligerante del jodón de Garrafa la levantó en defensa de su familia. Más aun: que a todos les cuesta ponerlo en pasado.
Fuentes: Tiempo Argentino y 24CON.
Gracias J.Rehl por el aporte.

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martes, 11 de octubre de 2011

La Aventura del conocimiento y el aprendizaje

La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.

En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: "....haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos....."
Quizá se supriman algunos... detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.

¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las "señoritas livianas", los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.

Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho "vento" sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!

El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.

Los cursos que no se dictan:
Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. "Olvide hoy, pague mañana". Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que una persona soberbia entienda que no es tan pícara como ella supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los "sistemas para enseñar lo que es bueno", "a respetar, quién es uno", etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.

Elogio de la ignorancia:
Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.

Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.

"Aprenda a tocar la flauta en 100 años".
"Aprenda a vivir durante toda la vida".
"Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje".


ALEJANDRO DOLINA
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jueves, 15 de septiembre de 2011

Homenaje a Jorge “Matelisto” y a todos los verdaderos periodistas deportivos

 Cuando los muchachos comenzaron a hacer realidad este blog, Hernán G. (Pig o Fenicio), un integrante algo perezoso del grupo fundador, me había comentado que existía una publicación en el lugar donde trabajaba en la cual escribía comentarios futbolísticos un tal “Matelisto”. Hice un contacto vía mail con él y me mandó algunos ejemplares virtuales de esa publicación: “El Chajá Deportivo Digital”. En él Matelisto comentaba los partidos del torneo interempresas que jugaban los muchachos de la compañía Akapol.
Me parecieron excelentes comentarios, porque a pesar de tratarse de particularidades propias del ambiente que solo los participantes conocen, tenían una referencia común y un gran sentido del humor que nos identifica a todos los amantes del fútbol.
El tiempo pasó, Hernán G. ya no trabaja más en esa empresa y perdí el contacto con este verdadero periodista deportivo digital.
No lo conozco, pero, por ser tocayo y a través de las cosas que escribió confieso que le he tomado un “cariño virtual” y hoy quiero compartir un numero de “El Chajá Deportivo Digital” con la familia de Mano Inquieta. Además, como dijo nuestro amigo Pig “creemos fervientemente que compartiendo esto con la gente contribuimos a creer que todavía se pueden contar las cosas de otra manera que no sea el Ole o algunas otras publicaciones poco felices...”
Muchas gracias Matelisto por esta colaboración y cuando quieras.....


CLÁSICO AKAPOLENSE
Por “Matelisto”
¡Cómo le va, amigo lector!
Hacía como tres años que no se jugaba el clásico, y el viernes pasado, en un anochecer inclemente, bajo una leve chispeada, se enfrentaron los representativos de Zelaya y Ballester en el complejo de Marangoni, en Blanco Encalada y Terrero, donde San Isidro empieza a mostrar sus luces y su lustre.
No vaya a creer que eran las selecciones de ambas plantas, no; apenas unos rejuntaditos de algunos sectores, pero valió la pena ir, ya que hemos visto un partido bastante entretenido. Eso sí, fuera de reglamento. Se había pactado formaciones de la categoría “Super 30”, de buena fe, sin constatación de documentos ni nada por el estilo, pero pudimos ver que en el estacionamiento, entre los coches de Zelaya, había un monopatín, y también nos resultó sospechoso un barrilete atado en el alambrado, que desapareció una vez finalizado el encuentro.
A las diferencias deportivas vistas sobre el sintético nos referiremos en instantes; antes queremos detenermos un momento en las de organización. El conjunto zelayense ubicó tras la raya de cal un grupo de cuatro personas cumpliendo distintas funciones: Técnico, Ayudante de Campo, Manager y Director Deportivo, o sea, las mayores jerarquías en apoyo a los que transpiran la camiseta, y como hinchada dos chicos de las inferiores, aunque en este caso no descartamos la posibilidad de que dos madres les hayan dicho a sus maridos “ma sí, andá a jugar pero llevate al nene”. Como usted bien supone, al plantel de Ballester no lo acompañó ni el loro. Y la organización, estimado lector, tiene incidencia sobre lo deportivo. Fijesé si no: los de Ballester jugaron por largos minutos con uno menos, hasta que alguien de Zelaya, con toda hidalguía, los avivó de la pifiada. Aunque, en honor a la verdad, la equiparación de fuerzas resultó más inútil que bocina de submarino, ya que ni bien ingresó otro jugador les encajaron dos pepas consecutivas.
Vamos al grano deportivo. En casi todo momento, el equipo de Zelaya fue el más compacto, el de mayor entendimiento entre sus líneas, con una base muy sólida en el arco, atacantes efectivos y un medio campo creador y dinámico, frente al tan entusiasta como falto de ideas de su oponente.
Como queda dicho, uno de los puntos más altos estuvo bajo los palos, defendidos de manera inmejorable por el “Lolo” Domínguez, quien con su actuación sin fallas dio por tierra con la primera -y prejuiciosa- impresión que nos dejara antes del inicio. Es que el hombre se presentó luciendo (es un decir), una casaca con el logo de “El pulpito” en el pecho (es otro decir). El “Lolo” es un hombre pleno de poesía, inspiración...y ravioles, motivo por el cual la camiseta no le llegó a calzar adecuadamente y el pobre cefalópodo quedó estirado como tabaquera de goma; Tupac Amaru parecía, mire. Uno de los ojitos saltones por encima del ombligo del “Lolo” y el otro por debajo, con tal expresión de espanto que parecía perseguido por una barracuda. Estableciendo un parangón con “Nemo”, se nos ocurre que bien podría desarrollarse un producto destinado al entretenimiento infantil, alguna plastilina con esa figura grotesca y cómica de “El pulpito” en el envase y -porqué no- un “tatoo” para los niños. Habría que hacer vestir de arquero al “Lolo” y fotografiarlo para copiar el modelo; pero rápido, no sea cosa que se le ocurra ponerse a dieta.
Ocupó la última posición en la línea defensiva Jorge Bengoechea, ilustre apellido del fútbol charrúa. Cumplió una actuación satisfactoria y se lo vió como un jugador preocupado por la marca. No entendemos a qué se debió tal preocupación, dado que en largos pasajes el único atacante (¿?) fue Pablito Guasasco. Como si la recia presencia de Bengoechea no fuese suficiente, lo acompaño recostándose sobre el lateral izquierdo Romeo Schneider. Y lo de recostarse no es un eufemismo; casi se nos duerme el hombre. Vio la papa por ese lado y aplicó la ley del menor esfuerzo.
En el medio estuvo lo mejor, el fútbol más puro. En cuanto vimos en acción a un jugador que gasta más suela que empeine, preguntamos: y ese ¿quién es?. "Esmolares", se nos respondió. ¿Quién? ¿Morales?, insistimos. "No, Esmolares", fue la réplica. ¡Ah!...es Molares, dijimos dándolo por comprendido. "No, no, no" se nos espetó con un dejo de impaciencia, "Esmolares, Mario Esmolares". ¡Aaaah...! soltamos, para no hacerla lunga, pero no quedamos satisfechos. Llegados a la redacción alguien nos dijo: "Mirá, si por una vez observás con detenimiento tu PC, verás un ícono que dice "Aplicaciones", hacéle clic y buscá "Select"; repetí el clic y buscá un archivejo denominado FU00085. Lo hicimos, no sin tropiezos, y vimos que el jugador que más nos gustó se llama Mario Smolares. ¡Hubiéramos empezado por ahí! Nos resulta más sencillo llamarlo "Virulazo", ya que nos lo hace recordar cuando la pisa, gira y dibuja.
Otro que no le anduvo en zaga en cuanto a calidad fue Pablo Sierra, maniobrando por la izquierda y acompañando a los delanteros. Mostró buen manejo, toque y probó de media distancia con puntería, ya que dos goles llegaron por rebotes de tiros suyos. Dado su aspecto imberbe, sospechamos que el monopatín era suyo.
Si con estos dos hombres el medio campo de Zelaya se vistió de calidad, funcionó mucho mejor con el aporte esporádico pero inteligente y práctico de un jugador que anda buscando dónde clavar el clavo para colgar los botines. Se trata de Sergio Zaccardi. Cada tanto deja la función de Ayudante de Campo y entra para mejorar la cosa. De la observación de su desempeño fuera de los límites de la cancha, concluímos que Bertón tiene un campito por aquellos pagos y Sergio le da una mano con los chanchos, gallinas, el ordeñe, la levantada de la soja y demás tareas agropecuarias, porque como auxiliar del equipo el tipo no abrió la boca ni para bostezar. Y no es para menos...¡quién se atrevería a insinuar siquiera una indicación al DT Principal, Director Supremo, Presidente de la Corte Suprema de Interpretación Reglamentaria, Comendador, Regente, Mariscal, Fuhrer, Negus y Mbareté rubichá de todos los planteles habidos y por haber en la cantera zelayense! Sabemos que Sergio está haciendo el curso de Técnico a distancia con el secreto anhelo de refregarle el título en las narices al "Zelayasaurio almaceniis". Aclaramos que lo de la distancia no significa que estará habilitado para dirigir desde lejos ni que realice el curso vía Internet, sino que el fulano vive en la loma del peludo.
Como media punta se movió Gabriel Franco. A los tres minutos tiró un lindo tiro sobre el travesaño. Es lo mejor que podemos acotar. Alguien del entorno dijo: "¡Qué bien atajaba Gabriel hace un tiempo!"
David Carrizo, repatriado después de su estrepitoso fracaso en la Liga Zarateña, eligió su club de origen. Sobre su labor vamos a estampar dos líneas:
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- El análisis final queda para el "Negro" Ibarra. Si aplicáramos el criterio "Niembro-Clos", le otorgaríamos el premio "Rififí" de la fecha por ser el goleador. El muchacho se movió menos que peón tapando un jaque, pero se las rebuscó para hacer tres goles. En cuanto marcó el tercero Bertón lo sacó. ¡Que conducción ridícula, por favor...! Entró él y...¡marcó otro...! Al ratito salió...creemos que de la vergüenza. Fue de tal magnitud el regalo que le hizo Hernán García para que la meta, que por primera vez en su vida debió experimentar tal sentimiento.
La progresión del marcador fue como sigue:
20' Pablo Sierra le pegó desde quince metros, sobre la izquierda; dio en la base de un poste e Ibarra la empujó. Solo tuvo que hacer un movimiento como muñequito de metegol. 1 a 0.
22' De nuevo el "Negro" después de una buena jugada colectiva. 2 a 0.
28' Fuerte disparo de Pablo Sierra; el arquero da rebote y el "Negro", que andaba por ahí, la guardó. 3 a 0.
33' El único de Ballester que podía hacer un gol, lo hizo; Martín Garavaglia. 1 - 3.
40' Eduardo Bertón. 4 a 1. Si quieren detalles pregúntenle a él, que estará dispuesto a abundar en ellos. A nosotros nos supera. En la Academia de Periodismo Deportivo no nos enseñan a ser estoicos.
48' Martín Garavaglia arrancó desde la mitad, sobre el costado derecho y en diagonal arrastrando gente hasta enfrentar la salida simultánea del "Lolo" y el "Pulpito". Con un toque magistral, de comba y elevación exactas, superó los tentáculos de éste y las manos de aquél para estampar el mejor gol de la jornada. 2 - 4 final.
Hubo tercer tiempo. Un momento muy agradable, de compartida y sincera camaradería. Copamos un barcito en la planta alta de una galería, con vista a la calle. Resultó el mejor paseo de vacaciones invernales para los pibes de Bertón y Romeo, que miraban extasiados los coches y las luces (el de Bertón, más crecidito, le echaba el ojo a cuanta rubia sanisidrense pasaba), mientras saboreaban una importante hamburguesa. Claro, nunca habían visto el mundo nocturno desde esa altura; a lo más que habían trepado es a lomo de caballo o a la montaña rusa de un parque de diversiones que una vez supo pasar por Matheu
¿Qué si jugó un solo equipo? ¡Aaah...no...! Estuvo Ballester. No a la altura de las circunstancias, pero individualmente no lo hicieron mal. El arquero, por ejemplo, resultó una sorpresa. Tanto, que a instantes nomás del inicio, varios de sus compañeros nos preguntaban: "Che...quién es el quía". "Es Mauricio Presaras, de Ardal". "Se coló..." "No creo; alguien lo habrá convocado". Y el hombre se destacó, pese a los cuatro goles. Creemos que será titular por mucho tiempo, por lo menos hasta la vuelta del "Gato" Corinaldesi, cuando se recupere de su lesión.
Otra sorpresa fue una jugada tipo "remolino", por lo enredada, en la que "Leonardinho" Barbieri gambeteó dos rivales con sendos caños y siguió hasta que la cancha dijo "basta, se terminó".
Si en lo individual no hubieron defecciones, salvo la inexplicable entrega del "Quemero" Hernán a Bertón, en lo colectivo reinó la desorientación. Cómo habrá sido que Guillermo Ponce le preguntó al hombre del estacionamiento dónde quedaba la Panamericana...¡la Panamericana...no el Museo Latinoamericano de Arte Preincaico! Y...son las generaciones de prisioneros de la compu, no las de la vida al aire libre con los Niños Exploradores.
Hubo un aspecto digno de destacar en el conjunto ballesterense: y es el que deriva del precepto enunciado por el filósofo chino del siglo nosecuanto Soy Chan Ta: "Sólo estarás vencido cuando dejes de luchar". El revolcón que un zapatazo de Martín Tarelli le hizo dar al "Lolo" y al "Pulpito" justo al final, lo confirma.
Pero, muchachos, hay que organizarse. Recuerden la máxima del General: "La organización sobrevive al individuo". Si les resulta demasiado profunda, no olviden aquella experiencia del fulano que fue a participar de una festichola mixta con la promesa de obtener seguro placer y que al rato, con cierta parte del cuerpo dolorida clamaba: "hay que organizarse...hay que organizarse"

Hasta la próxima, estimado lector.
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sábado, 2 de julio de 2011

20 equipos.... + ¡¡¡1 !!!

Sin ofender a la gente de River, porque la respeto y no me burlaría de algo que yo ya viví y me causo tristeza......el descenso.
Pero veo de repente en la página de Ole algo que no me parece justo y denota falta de idea de un numeroso grupo de periodistas y diseñadores web. Falta de "bolas", en resumen, o miedo a perder visitantes para la pagina.....o simplemente “boludismo” al nivel de lo mas “mamarrachero”....
La cuestión es la siguiente: para los que todavía no se imaginan de lo que voy a comentar, todos conocemos la página de Ole, entramos para ver las noticias más relevantes del deporte nacional e internacional. Dicha página actualiza cualquier verdura que se le ocurre que puede vender tiempo de visita de los individuos navegadores, y la plasma con una foto grande en lo superior de la ventana de navegación. Uno al entrar, accede a la visual del logo grande del diario en la esquina superior izquierda, en el centro del monitor lo principal de la pagina muestra una nota grande, y al costado dos pequeñas. Después.... ahí viene el kit de la cuestión, hay como un “cordón en negro”, de punta a punta a lo ancho de la página, donde ahí a lo largo, SIEMPRE se situaron los escudos de acceso a las noticias más relevantes de los equipos que conforman la PRIMERA DIVISIÓN de la AFA. Lugar totalmente exclusivo...en el cual yo ansiaba en algún momento poder ver mi glorioso y minusculo escudito verdolaga.....y de donde en este campeonato fueron agregados San Martin de SJ, Belgrano de CBA., A. Rafaela y Union de S.F.; y borrados ya los de Huracan, Gimnasia LP y Quilmes.....si, leyeron bien solo esos tres borrados....
Esta gente muy bien paga, dejo en una esquinita, el logo de “Don River Plate”, cosa que me parece totalmente injusta, por el resto de equipos descendidos, por los recién ascendidos, y por todo el público de diferentes equipos que visitan esta página para ver noticias de su cuadro, o algún otro deporte o acontecimientos.....
Es vergonzoso que quede diagramada así....al final es una pagina donde el negocio supera la imparcialidad, en donde se han cansado de machacar acerca de su imparcialidad y denostar la parcialidad de referis, dirigentes y jugadores. Denota 0% de seriedad.
No me parece mal que River tenga un espacio privilegiado en la pagina, siempre Olé otorgó diariamente solo noticias de los club de primera (los demás solo de forma asilada), pero de los de primera, siempre, aunque sea un recuadro con la foto del jardinero regando la cancha.....
Y si quieren que River tenga un espacio, me parece perfecto, porque se sabe que su publico es mayor al de otros equipos, y es mas cantidad de visitantes para la pagina....pero que me de cuenta YO, un simple papa frita que sabe poco de todo y mucho de nada.....me da tristeza!!! Y bronca!!!
Lo mas simple, escudo de River y Boca, los dos juntos en el extremo derecho de la pagina, en espejo al del logo del diario, para que la mayoría acceda tranquilo a la info de los clubs donde mayormente mandan móviles....y después la barra con todo el resto de los equipos de primera.....
River se fue a la B, muchachos de Ole, en primera A no hay 21 equipos….

Autor: Nico D.
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martes, 14 de junio de 2011

LA NOVENA SINFONIA DE MARTIN

¡Yo ví jugar a PALERMO!, diremos muchos de nosotros cuando pasen los años y se extrañe a ese Titán del área, al que Bianchi bautizó “el optimista del gol”, al gran nueve de Boca, al eterno Martín Palermo.
Quizás su vida pueda verse en cines en algún tiempo, pero no haría falta, nosotros los de Boca la fuimos grabando meticulosamente en nuestras retinas . Tuvimos el privilegio de estar en la cancha o de verlo desde la tele y gritar al mismo tiempo que él sus goles, besando la misma camiseta que él besaba, llorando con la misma emoción que él nos contagiaba partido tras partido.
Perdón les pido a los miles de hinchas que aun sin ser de Boca lo admiran e idolatran, no es que no se reconozca que un jugador así trasciende a su propio pueblo, es que mal les pese a algunos ES DE BOCA, se hizo grande en BOCA y su último partido profesional en el fútbol, vestirá la camiseta de BOCA.
Como Bostero ganó todo, como bostero se elevó a la estatura de héroe para cabecear la estrella más alta y hacerle un golazo a la historia, a esa historia que tuvimos el privilegio de vivir con el y a la otra que comenzará a escribirse desde ahora como un mito.
Ese es PALERMO, el que erró tres penales en un mismo partido, el que volvió de una lesión para amargar a River y enamorar a todos, el que metio un gol de media cancha, el que hizo otro gol de cabeza desde cuarenta metros, el que convirtió un penal pateando con los dos pies, el que fue a Japón para hacerse eterno.
Ese es MARTIN, el 9 de Boca , el que hizo festejar a DIOS con el gol del último minuto clasificándonos para un mundial contra Perú, ese es PALERMO, el que emociona, el que transpira, el nene bueno, el hombre increíble, el más querido el único, el elegido.
Como si no bastara el ídolo dentro de la cancha, también afuera es un grande, bastaría con preguntarle a todos los chicos que hizo feliz en sus apariciones silenciosas por hospitales y clubes, o al mismo BUONANOTE cuando estando internado y lo vio entrar en su habitación para darle su aliento y su apoyo.
El es así, si hasta en el final de su gloriosa carrera puso por encima la amistad con el “MELLIZO” GUILLERMO y es capaz de resignar noventa minutos de fútbol, de flashes, de records, de reportajes y portadas, con tal de no sentir que traiciona a un buen amigo. Y pensar que hay quienes ven en el fútbol solamente negocios…
Por eso cuando el árbitro el Domingo suene el silbato del final y todos los corazones vayan a abrazarlo, no tengan vergüenza de soltar una lágrima AMIGOS BOSTEROS, se va un grande y hay que aplaudir de pié hasta enrojecer las palmas.
Celebren los hinchas de Estudiantes que lo vieron crecer desde la cuna, festejen los hinchas de Gimnasia porque caminó también sus calles, alcen las banderas los de mi pueblo xeneize, vívenlo a gritos todos los hinchas del fÚtbol…
Se va MARTIN PALERMO, NACE UNA LEYENDA.

Raúl Vallejos
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miércoles, 27 de abril de 2011

EL ABUELO POETA

Muchos se preguntaron, a raíz del emocionante comentario realizado por el Edu, en su artículo “1 año de Mano Inquieta”, si el abuelo Joaquín había escrito algo. Les voy a dar una sorpresa, que para mi también lo fue.

Si bien me consta que el abuelo escribía desde joven hermosos poemas, alguno de los cuales “le robe” para componer alguna que otra canción en la guitarra, parece que con el tiempo dejó esa hermosa costumbre y se dedicó a la prosa.

Así es que intecambiaba cartas con amistades (como Arnaldo y Alcira que viven aún en Malargüe Mendoza, su prima de Córdoba y Cacho y Elena la familia de R.D. que viven en Catamarca).

En esos relatos, alguno de los cuales conservo, hacía alarde de una prosa mu y depurada, que hacía olvidar totalmente el hecho de que solo terminó el sexto grado de la escuela primaria, aunque también hay que reconocer con una letra horrible

De esas cartas, guardo algunas y una en especial fue también una sorpresa para mí, porque no la había leído o no me acordaba de su contenido.

Agradezco que a raíz de la participación y de los comentarios de Edu en el blog, se pueda rescatar para sus nietos y bisnietos estos hermosos poemas.

La carta fechada el 19 de marzo de 1990 está dirigida a “Los amigos de Catamarca”

“Hacía mucho que no escribía versos (no me atrevería a llamar a esto poesía). Pero me di cuenta al sentir la necesidad de hacerlo, de que la impresión recibida de este viaje fue profunda y duradera. Todo contribuyó a que fuera así. En primer lugar por supuesto todos ustedes. Y luego tanta belleza paisajística. Tanta grandiosidad con tantas anécdotas y recuerdos que al viajar por ejemplo, con Salomón e Isolina nos permitieron adentrarnos no solo en lo pintoresco, sino en el espíritu de lugares y paisajes, de gentes e historias, de dramas y alegrías.

“Y a pesar de que los poquitos días pasados en Rincón, quizá por lo que acabo de decir, y porque realmente esa zona tiene una personalidad que nos pareció muy especial, dejó en nosotros una tan fuerte impresión, que me hizo cometer esta vez dos pecados, que aquí van:

LOS PUEBLOS DEL AMBATO (*)

Los pueblos del Ambato se arman como juguetes,
que antaño eran de lata pero que hoy son de plástico
sobre la falda abrupta se alinean arbolitos
y entre ellos las casitas con cartones pintados.

El viajero que mira desde allá, desde el llano,
no imagina la vida que se agita entre los álamos,
no repara en nogales, viñedos, ni tejados,
no sabe de tortillas, ni de hornos de barro.

El Ambato vigila, hosco, austero y cercano
y a veces de estremece, vomita piedra y barro,
y recuerda a los pueblos de cartones pintados
que podría borrarlos con brutal manotazo.

Pero que no lo hace, pues de allá, desde el llano,
perdería el viajero la ilusión de juguetes
que armaba de pequeño, con latitas o plástico.


(*) El cordón Ambato-Manchao es el límite de las Regiones Oeste y Centro de la provincia de Catamarca, en Argentina. Tiene una altura de 4.300 metros sobre el nivel del mar, en el Cerro El Manchao. En la ladera occidental se encuentran enclavados los pueblos de Rincón, Mischango, Mutquin, Rosario de Colana y Pomán


RINCON

Rincón mira al Oeste, y está alegre y ufano
pues para llegar a él , se cruzan pueblos hermanos
de Pomán, de Colona, de Mutquín y Mischango

por caminos que trepan en cerros y quebradas
y en la fiesta del aire, las montañas y el pájaro,
del rio y de la piedra, de la laja y el árbol.

Rincón mira al Oeste y está triste y cansado
pues para ir a Joyango debe bajar al llano
o internarse en senderos de mulas y caballos

Rincón mira al Oeste y descansa de alturas
cuando baja a Saujil, tobogán resbalando
o vuelve de Siján, racimos saboreando.

Rincón mira al Oeste, salar de Pipanaco,
el salar que bordeaban miles de algarrobales
que talaron y nunca fueron a renovarlos.
(Sin embargo semillas reemplazaron a humanos
y hoy viajan acaballo con el hacha y el lazo
artesanos que tallan bateas por encargo)

Rincón mira al Oeste y pide que lo cuiden,
que lo amen como lo amo, como lo amaron antaño
muchos que ya descansan en el cementerio alado

que no mira al Oeste, que mira a los cuatro vientos:
a los cerros, quebradas, las piedras y los álamos,
los nogales y el río, el Ambato y los llanos
los niños de alma alegre y los viejos cansados.


GRACIAS JOAQUIN, MI VIEJO.
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domingo, 24 de abril de 2011

Denis Stracqualursi y una historia de apellidos difíciles de José Luis Ponsico

El delantero de Tigre es una de las figuras del Clausura de fútbol 2011: lleva convertidos ocho goles, tres consagratorios, los tres que le marcó a Boca Juniors en el empate 3-3 del domingo pasado en la Bombonera.
"Era vago, dejé la escuela y este presente se lo debo a mí viejo", contó hace poco el 9 del apellido con ocho consonantes que llegó a la Primera de Gimnasia hace tres años y alcanzó la gloria en el último triunfo del Lobo sobre Estudiantes de La Plata.
"Traca", como le dicen, nació en Rafaela, Santa Fe, el 20 de octubre del 87. A los 23 años es -junto al uruguayo Santiago Silva, repetido "artillero" en Vélez y antes en Banfield-, uno de los delanteros del momento.
Hincha de Colón, supo mezclarse con la barra. "Estuve a punto de tomar un camino equivocado" recordó también. Según se supo, en la entrada a la adolescencia y salvo algunas "changas" con un tío, "no hacía nada y vivía el ocio de malas compañías", reconoció.

El fútbol argentino tuvo otros futbolistas con apellidos difíciles. De seis o más consonantes como Stracqualursi.

En los años 50 Racing tuvo a Cosme Sciancalépore, lateral izquierdo, suplente de José García Pérez, compañero de Pedro Dellacha.

En el 56 Racing también tuvo a Domingo Scatolini, reemplazante de Arnaldo Balay; en tanto Estudiantes de La Plata tenía en el arco a Héctor Giambartolomei, que pasó a Boca y Gimnasia y Esgrima, a Rodolfo Smargiassi, que jugó nueve temporadas sin faltar ningún partido como número "6".

Rosario Central entre 1951 y 1955 "aportó" a Roberto Apicciafuocco como entreala derecho (8) y el ala izquierda Eduardo L´Epíscopo y Juan Portaluppi, que pasó a San Lorenzo.
El puntero izquierdo siempre fue muy recordado por el extinto Roberto Fontanarrosa: hizo cuatro goles en un partido Rosario Central 9 - Tigre 2, el "debut" del humorista rosarino concurriendo con su padre al estadio de Arroyito en el 54.

De Estudiantes a Central fue más tarde Alberto Cazaubón, también "wing" -así se decía- izquierdo. Cuando Roberto Perfumo, "crack" de Racing y la selección, fue adquirido por Cruzeiro de Belo Horizonte, Brasil, lo reemplazó Osvaldo Batocletti.
"Duro, de incipiente calva", según el periodista Osvaldo Ardizzone. "La calvicie era por el agua de Avellaneda", decía su novia.

Un delantero inolvidable por apellido en los 70 fue Dantón Seppaquercia, ex Flandria, adquirido por River a fines del 77 y luego jugador de Gimnasia. Le pegaba muy fuerte y fue autor del gol más rápido a Jesús Borzi, arquero de Huracán.
El 18 de marzo del 79 anotó a los 5 segundos en el estadio del Bosque.
"Se la di a Antonio García Ameijenda en el círculo central, apenas iniciado. Le pedí que la devolviera rápido porque el arquero de ellos estaba distraído y lejos del arco", contó.

Newell´s en el 55 tenía un lateral derecho llamado Aldo Mastrogiuseppe, compañero de Jorge Griffa, Ricardo Ramaciotti, Raúl Oscar Belén y José Yudica, entre otros que llegaron a la selección nacional.

Rarezas del futbol argentino…..


FUENTE: Agencia Telam
Gracias por el aporte, Javier Rehl Leer más...

martes, 27 de julio de 2010

Decálogo de fútbol 5

- La vestimenta
Pies
Los botines deben ser de color negro o gris. El rojo, amarillo y violeta está prohibido. El botin blanco es un caso especial: el jugador que, poseyendo calzado blanco, no sea la figura indiscutible de la cancha será sancionado con la no participación en los próximos cinco encuentros, y será puesto inmediatamente en la categoría del Falta Uno. Jugar con las topper de lonita -ahí sí se permite blancas- es una demostración de coraje. El que juega con las lonitas indefectiblemente es el jugador más talentoso de la cancha, lagunero, gran tirador de caños y absolutamente intrascendente. Lo bancamos. Las medias de fútbol no se usan hasta las rodillas, como los jugadores de verdad. Por algo estás jugando al fútbol 5 y no estás en primera: asumilo. La gente que usa canilleras en el fútbol 5 debería tener directamente un patrullero que lo esté esperando en la puerta para propinarle un correctivo apremio ilegal.
Torso
Tremendo este tema. Al igual que para observar un partido de Argentina, usar la camiseta oficial-actual de la Selección después de los quince años no merece ni discusiones: está mal y debería estar prohibido. La camiseta de la Selección debe tener siempre, mínimamente, un Mundial de atraso. Si vas a usar la actual, si sos tan piedra para hacerlo, al menos tené la decencia de que no tenga el nombre de ningún jugador (un señor panzón de 32 años con la remera que dice Messi, de verdad, me deprime la semana). El jugador que "tiene el equipo completo" de cualquier club, selección o lo que sea, será invitado a mirar el partido desde afuera hasta que terminen de jugar los adultos que entendieron que madurar no es joda. Es preferible jugar cuatro contra cuatro, a jugar con un boludo, porque cinco contra cuatro y un boludo da la falsa idea de igualdad: no hay igualdad porque el boludo tiende a desnivelar. La camiseta de Brasil e Inglaterra están prohibidas. Me chupa un huevo qué pariente tuyo viva ahí, ¿tá?
Cabeza
Del cuello para arriba, no hay nada permitido. Lo bueno es que el FAV (Futbolista Amateur con Vincha) es recuperable. Hay que apuntar todos los cruces, justamente, a la vincha. Al tercer rodillazo en la sien no la usa más.

-La mujer
El/la que crea que esto que voy a decir es machismo no entendió nada: el que lleva una novia/mujer/amante, lo que sea a un partido de fútbol 5 con sus amigos se le deberían suspender las garantías constitucionales básicas. Debería declarárselo directamente ciudadano de la Edad Media, con todas las prerrogativas del caso: se lo podría eventualmente matar con una espada o prenderlo fuego por brujería, ahí, en la canchita. Y esto no es machismo, no es que pase una cosa re interesante en los partidos, sino justamente lo contrario: la mujer se aburre porque los partidos entre los pibes son malísimos para toda la Humanidad, excepto para esos 10 que están ahí. El Que Lleva a la Novia, además, generalmente: a) es infiel y/o cornudo; b) si es jefe, maltrata a sus empleados; c) juega siempre adelante, baja hasta mitad de la cancha sin marcar y putea a sus compañeros; d) es gorila; e) si vino en auto no te lleva a tu casa.

-De los que hacen goles en una canchita de fútbol 5 y se los dedican a las novias que llevaron a verlo, prefiero no hablar porque no quiero promover el gatillo fácil. Porque los goles, salvo el último si "golgana", en fútbol 5 no se festejan.

-En el fútbol 5 no existe el foul. Qué raro, pensarán ustedes, ¿entonces vale provocar fracturas expuestas a troche y moche? No, tranqui. Al no existir autoridad superior, el foul se cobra por consenso o confesión del autor (o de cualquiera de sus compañeros). Cuando alguien para el partido al grito de "me pegaste, me pegaste" o "mano, mano, mano", se le entrega el balón en mano, se le vocifera un "puto" y se le advierte que el próximo foul que cobre tendrá verdaderas razones materiales (se dice así: "ahora vas a ver lo que es foul de verdad". Luego de esa frase, el partido se pone áspero y se transforma en más espantoso para quien lo vea de afuera). "Puto", en fútbol 5, no implica una postura contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, no es discriminación, ni hace referencia al gusto sexual de nadie.

-Bañarse después de los partidos... ¿qué onda?, ¿la gente va a jugar al fútbol y de ahí entra a laburar en Cancillería? Muchachos, ¿vinieron desde la Tierra Media a jugar al fútbol? No, padre, tenés media, una hora como máximo a tu casa, ¿nunca pasaste tanto tiempo sin bañarte, Mr. Músculo?

- Si terminás un partido antes de que te vengan a sacar, hay dos opciones. O ninguno aguanta más, están a punto de escupir los pulmones y uno ya prendió un pucho (con lo cual se resuelve automáticamente comenzar a convocar directamente al asadito y terminar con esa parafernalia de "hacer deporte" o te dan miedo los que están por entrar a jugar, y sos un cagón. El partido se termina cuando viene el encargado de la cancha (que siempre es gordo, de remera negra y con mala onda ) y te saca.

- Hay sólo dos motivos para suspender la concurrencia a un partido de fútbol 5. La enfermedad grave de un pariente (directo, de sangre) o la enfermedad (semi-terminal) propia. Todas las demás excusas merecen el repudio popular. Cancelar la asistencia con menos de dos horas del inicio reviste la misma gravedad que acostarse con la mujer de un amigo.

Gracias Martín por este aporte, y gracias Carlos P. por enviarlo Leer más...

viernes, 25 de junio de 2010

Final Argentina vs. Brasil

(de "el Mono Mario")

¿Que harian?



Gracias a Vicente S. por manadarlo por "Caralibro"


¿Quien es el Mono Mario?
Algunos (supongo no muchos) quizá no lo conozcan. El Mono Mario, es una caricatura humorística de origen argentino siendo una de las primeras Historietas Online de la argentina distribuida originalmente en formato flash, protagonizada por el personaje del mismo nombre. Siendo una caricatura con material adulto, además de escenas e historias donde el sexo es algo exagerado.
El Mono Mario consiste en una serie de capítulos e historias donde el protagonista, el Mono Mario, es un hombre con un único propósito: conquistar y tener relaciones con cualquier mujer que se le ponga enfrente. Es precisamente este aspecto el que ha despertado la polémica por el dibujo animado siendo para muchos una de las mejores caricaturas en flash. (Vale aclarar que el personaje de "el Mono Mario", justo no aparece en esta escena del video).
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