La formación inicial se compone de Edu D. (elEdu), Hugo P. (Grafo), Hernan G. (PIC), Carli C. (Calito), con la participación especial de
Jorge V. (El Alquimista) y Raúl D. (RD), pero esperamos seamos mas. En este partido como en los partidos de la vida hay alegrias, tristezas, polemicas, amores, desamores, cambios y transformaciones, seria un placer que participes de ellos junto a nosotros..

......Tu comentario es bienvenido!! (gracias)...........
Queremos recibir tus aportes y sugerencias a: correomanoinquieta@gmail.com

domingo, 12 de septiembre de 2010

22 Penales

Nueva sección (y van!!) del Blog.
El Dato Inquieto.
Primer Entrega: 22 Penales, Platense-Lanus.
El 16 de noviembre de 1977, Platense y Lanús dirimieron el tercer descenso del Metro luego de 120 minutos y 22 penales ejecutados. Noche histórica en el viejo gasómetro.
El campeonato Metropolitano de 1977 fue el de mayor cantidad de fechas del profesionalismo. A lo largo de 46 jornadas y nueve meses River fue el campeón y Ferro Carril Oeste y Temperley perdieron la categoría. Pero el reglamento establecía tres descensos y por eso el último casillero se debía determinar en un desempate entre Platense y Lanús, que habían igualado en 38 puntos.
El match debía disputarse en terreno neutral y el viejo estadio de San Lorenzo fue el elegido. La batalla comenzó a las 21 horas y luego de los 90 minutos reglamentarios, más los 30 de tiempo suplementario, las vallas permanecieron invictas. Con el pitazo final del juez Barreiro, llegó la hora de los penales.
Era un momento sublime, donde el cansancio y la tensión serían protagonistas al igual que cualquiera de los 22 futbolistas. La serie la inició con certeza Miguel Arturo Juárez, poniendo a los “calamares” en ventaja. Orlando Cárdenas, delantero de Lanús rezaba de rodillas frente a una imagen de la Virgen de Luján en el centro del campo. Debió dejar esa mística postura para dirigirse al punto de sentencia. Lentamente llegó y anotó: 1-1.
A partir de ahí y con gran eficacia, ejecutaron Belloni, Pachamé, Osvaldo Pérez, Ribecca y Ulrich. Siete pateados con la misma cantidad de convertidos y la chapa con Platense arriba 4-3. El remate de Coria es detenido por Osmar Migelucci, dejando al “marrón” en la antesala de quedarse en primera. Gianetti toma carrera, llega y su ejecución se encuentra con las manos de Rubén Sánchez. El llanto de Gianetti se mezcla con la incipiente tormenta que cubre el cielo de Boedo. Ahora es Moralejo el encargado y su conquista pone paridad y un alivio para Lanús: 4-4 y tanda de dos por bando.
El otro Juárez de Platense, Miguel Ángel anota y a continuación nuevamente se luce Migleucci conteniendo en envió de Benejú. Algunos avezados ya festejan la salvación “calamar”, la mayoría prefiere esperar el disparo de Niro… y lo bien que hicieron, porque éste lo desvía. El drama crece hasta límites insospechados. ¿Quién se queda en primera? ¿Quién vuelve a los sábados? Guillermo Zárate la coloca con calidad y la chapa marca 5-5.
A continuación, vuelve la eficacia: Rivero, Barrera, Pinasco y Giachello marcan para establecer el 7 iguales. Es el turno de Peremateu, pero el zaguero de Platense está en una camilla. Los jugadores, el técnico Juan Manuel Guerra y el árbitro deliberan, mientras las agujas de los relojes se van acercando a la medianoche. Como puede, el defensor se incorpora y camina hacia el punto penal. Su cabeza indica, pero las piernas están en otro lado. Su tiro se estrella con el poste derecho de Sánchez y golpea el alma calamar.
Por fin, ahora es Lanús el que dispone por primera vez de su chance. Quien toma la responsabilidad es su arquero, Rubén Omar Sánchez, pero su remate débil y al medio, es fácil para Migelucci. Parece que esto no va a terminar nunca. El turno ahora es para el guardameta “marrón”, pero se altera el orden y vuelve a ejecutar Miguel Arturo Juárez, sin que Migelucci lo haya hecho. Esta situación no es advertida por el árbitro y posteriormente derivaría en un juicio que la entidad del Sur le ganaría a la AFA.
El “negro” Juárez revienta las redes y pone el 8-7. ¿Definitivo? Si, increíblemente definitivo, porque el disparo de Cárdenas va sobre la derecha de Migelucci, que se estira hacia allí cuan largo es, para aferrarse a esa pelota y decretar el final. Lágrimas de un lado y del otro, como en la comedia y la tragedia, porque este partido tuvo de todo. Migelucci toma la pelota y se golpea el pecho de cara a su tribuna. Es su revancha, porque la noche anterior, en la casa del técnico Guerra habían recibido un llamado intimidatorio: “Migelucci se vendió contra Chacarita, si mañana juega, les quemamos la casa”. Ante tanta cobardía, sobresalió la hombría con mayúsculas de Guerra para ponerlo y del arquero para sobreponerse a todo.

Pese a que Miguelucci contuvo cuatro penales y fue decisivo en la permanencia de los “calamares”, se quedó sin trabajo poco días después porque el club no le renovó su contrato.
El árbitro del partido, Roberto Barreiro, no advirtió que Platense violaba el reglamento cuando permitió que el undécimo penal lo ejecutara Juárez, quien ya había rematado el primero y no podía volver a hacerlo hasta que tiraran todos sus compañeros, incluido el arquero. Juárez era un experimentado goleador y Miguelucci no se tenía fe en ese momento. Lanús cumplió con las reglas. Su último penal lo remató su arquero Sánchez y Miguelucci lo atajó. Lanús accionó judicialmente contra la AFA y, mientras se discutía en los estrados, bajó de la Primera B a la C. Le ofrecieron dos posibilidades: volver directamente a la Primera División, saltando dos categorías, o una fuerte suma de dinero. Lanús se quedó con la plata e inició su gran despegue en lo social y deportivo.
Lanús se fue a la B, más tarde a la C y recién regresó a primera en 1990. Platense fue la contratara, ya que a partir de aquella noche de Boedo, inició una serie histórica de salvadas del descenso, que recién se cortó en 1999, cuando perdió la categoría.
Alegría, tristeza, 120 minutos, 22 penales para una noche ya lejana, pero eterna en el recuerdo del futbolero argentino.
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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Canción del Brujito - Peteco Carabajal

Nueva sección (como estamos!!) del Blog: “Volviendo a amar a Maradona” (También etiquetada como: "Canciones al Diego"). Después del resultado de este mundial y de este último tiempo de Diego, es difícil seguir manteniendo el amor incondicional que uno le tenia, por eso esta sección.
Nuestro amigo R.D. escribia después del mundial: “…hace rato que pienso que Diego es una supernova, que lo que vemos no es su brillo, sino el resplandor de su explosión..”. La idea es seguir recordando su brillo, el resplandor de Diego a diferencia del resplandor de las estrellas, creo, seguirá brillando aunque “explote” en mil pedazos.
En esta primer entrega, el tema que le compuso Peteco Carabajal en su disco “Historias Populares” en 1996, poco conocido para muchos.

Sobre el barrial rodó la luna
los grillos dieron la señal
y al corazón de un niño
llegó la gracia.

Por una hendija del cartón
como un silbido helado entró
un brujo que aparece
de vez en cuando.

Vamos le dijo al niño
tu sueño tiene una estrella
toma este campo libre
y esta pelota de medias.

Vamos que están los duendes
dispuestos para jugar
antes que cante el gallo
partiendo la oscuridad.

Desde el azul se han desprendido
panes dorados por la luz
que vienen desde el fondo
del universo.

Genios del hambre y la esperanza
vuelan junto a tu corazón
no los olvides nunca
juega por ellos.

Vamos le dijo al niño
tu sueño tiene una estrella
toma este campo libre
y esta pelota de medias.

Vamos que están los duendes
dispuestos para jugar
antes que cante el gallo
partiendo la oscuridad.

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lunes, 6 de septiembre de 2010

El Penal mas largo del mundo

Nueva sección del Blog: "Grandes Cuentos de Grandes Cuentistas".
Hoy: "El Penal mas largo del mundo", de Osvaldo Soriano.


El penal más fantástico del que yo tenga noticia se tiró en 1958 en un lugar perdido del valle de Río Negro, en Argentina, un domingo por la tarde en un estadio vacío. Estrella Polar era un club de billares y mesas de baraja, un boliche de borrachos en una calle de tierra que terminaba en la orilla del río. Tenía un equipo de fútbol que participaba en el campeonato del valle porque los domingos no había otra cosa que hacer y el viento arrastraba la arena de las bardas y el polen de las chacras.
Los jugadores eran siempre los mismos, o los hermanos de los mismos. Cuando yo tenía quince años, ellos tendrían treinta y me parecían viejísimos. Díaz, el arquero, tenía casi cuarenta y el pelo blanco que le caía sobre la frente de indio araucano. En el campeonato participaban dieciséis clubes y Estrella Polar siempre terminaba más abajo del décimo puesto. Creo que en 1957 se habían colocado en el decimotercer lugar y volvían a sus casas cantando, con la camiseta roja bien doblada en el bolso porque era la única que tenían. En 1958 empezaron ganándole a Escudo Chileno, otro club de miseria.
A nadie le llamo la atención eso. En cambio, un mes después, cuando habían ganado cuatro partidos seguidos y eran los punteros del torneo, en los doce pueblos del valle empezó a hablarse de ellos.
Las victorias habían sido por un gol, pero alcanzaban para que Deportivo Belgrano, el eterno campeón, el de Padini, Constante Gauna y Tata Cardiles, quedara relegado al segundo puesto, un punto más abajo. Se hablaba de Estrella Polar en la escuela, en el ómnibus, en la plaza, pero no imaginaba todavía que al terminar el otoño tuvieran 22 puntos contra 21 de los nuestros.
Las canchas se llenaban para verlos perder de una buena vez. Eran lentos como burros y pesados como roperos, pero marcaban hombre a hombre y gritaban como marranos cuando no tenían la pelota. El entrenador, un tipo de traje negro, bigotitos recortados, lunar en frente y pucho apagado entre los labios, corría junto a la línea de toque y los azuzaba con una vara de
mimbre cuando pasaban a su lado. El público se divertía con eso y nosotros, que por ser menores jugábamos los sábados, no nos explicábamos como ganaban si eran tan malos.
Daban y recibían golpes con tanta lealtad y entusiasmo, que terminaban apoyándose unos sobre otros para salir de la cancha mientras la gente les aplaudía el 1 a 0 y les alcanzaba botellas de vino refrescadas en la tierra húmeda. Por las noches celebraban en el prostíbulo de Santa Ana y la gorda Leticia se quejaba de que se comieran los restos del pollo que ella guardaban en la heladera.
Eran la atracción y en el pueblo se les permitía todo. Los viejos les recogían de los bares cuando tomaban demasiado y se ponían pendencieros; los comerciantes les regalaban algún juguete o caramelos para los hijos y en el cine, las novias les consentían caricias por encima de las rodillas. Fuera de su pueblo nadie los tomaba en serio, ni siquiera cuando le ganaron a Atlético San Martín por 2 a1.
En medio de la euforia perdieron, como todo el mundo, con Barda del Medio y al terminar la primera rueda dejaron el primer puesto cuando Deportivo Belgrano los puso en su lugar con siete goles. Todos creímos, entonces, que la normalidad empezaba a restablecerse. Pero el domingo siguiente ganaron 1 a 0 y siguieron con su letanía de laboriosos, horribles triunfos y llegaron a la primavera con apenas un punto menos que el campeón.
El último enfrentamiento fue histórico por el penal. El estadio estaba repleto y los techos de las casas también. Todo el mundo esperaba que Deportivo Belgrano repitiera los siete goles de la primera rueda. El día era fresco y soleado y las manzanas empezaban a colorearse en los arboles. Estrella Polar trajo más de quinientos hinchas que tomaron una tribuna por asalto y los bomberos tuvieron que sacar las mangueras para que se quedaran quietos.
El referí que pitó el penal era Herminio Silva, un epiléptico que vendía las rifas del club local y todo el mundo entendió que se estaba jugando el empleo cuando a los cuarenta minutos del segundo tiempo estaban uno a uno y todavía no había cobrado la pena por más que los de Deportivo Belgrano se tiraran de cabeza en el área de Estrella Polar y dieran volteretas y malabarismos para impresionarlo. Con el empate el local era campeón y Herminio Silva quería conservar el respeto por sí mismo y no daba penal porque no había infracción.
Pero a los 42 minutos, todos nos quedamos con la boca abierta cuando el puntero izquierdo de Estrella Polar clavó un tiro libre desde muy lejos y se pusieron arriba 2 a 1. Entonces sí, Herminio Silva pensó en su empleo y alargó el partido hasta que Padín entró en el área y ni bien se le acercó un defensor pitó. Ahí nomás dio un pitazo estridente, aparatoso y sancionó el
penal. En ese tiempo el lugar de ejecución no estaba señalado con una mancha blanca y había que contar doce pasos de hombre. Herminio Silva no alcanzó siquiera a recoger la pelota porque el lateral derecho de Estrella Polar, el Colo Rivero, lo durmió de un cachetazo en la nariz. Hubo tanta pelea que se hizo de noche y no hubo manera de despejar la cancha ni de despertar a Herminio Silva. El comisario, con la linterna encendida, suspendió el partido y ordenó disparar al aire. Esa noche el comando militar dictó estado de emergencia, o algo así, y mandó a enganchar un tren para expulsar del pueblo a toda persona que no tuviera apariencia de vivir allí.
Según el tribunal de al Liga, que se reunió el martes, faltaban jugarse veinte segundos a partir de la ejecución del tiro penal y ese match aparte entre Constante Gauna, el shoteador y el gato Díaz al arco, tendría lugar el domingo siguiente, en el mismo estadio a puertas cerradas. De manera que el penal duro una semana y fue, si nadie me informa lo contrario, el más largo de toda la historia. El miércoles faltamos al colegio y nos fuimos al pueblo vecino a curiosear. El club estaba cerrado y todos los hombres se habían reunido en la cancha, entre las bardas. Formaban una larga fila para patearle penales al Gato Díaz y el entrenador de traje negro y lunar trataba de explicarles que esa era la mejor manera de probar al arquero.
Al final, todos tiraron su penal y el Gato atajó unos cuantos porque le pateaban con alpargatas y zapatos de calle. Un soldado bajito, callado, que estaba en la cola, le tiró un puntazo con el borseguí militar y casi arranca la red. Al caer la tarde volvieron al pueblo, abrieron el club y se pusieron a jugar a las cartas. Díaz se quedó toda la noche sin hablar, tirándose para atrás el pelo blanco y duro hasta que después de comer se puso un escarbadientes en la boca y dijo:
-Constante los tira a la derecha.
-Siempre -dijo el presidente del club.
-Pero él sabe que yo sé.
-Entonces estamos jodidos.
-Sí, pero yo sé que él sabe -dijo el Gato.
-Entonces tírate a la izquierda y listo -dijo uno de los que estaban en la
mesa.
-No. El sabe que yo sé que él sabe -dijo el Gato Díaz y se levantó para ir a
dormir.
-El Gato esta cada vez más raro -dijo el presidente el club cuando lo vio salir pensativo, caminando despacio.
El martes no fue a entrenar y el miércoles tampoco. El jueves, cuando lo encontraron caminando por las vías del tren estaba hablando solo y lo seguía un perro con el rabo cortado.
-¿Lo vas a atajar?- le preguntó, ansioso, el empleado de la bicicletería.
-No sé. ¿Qué me cambia eso?- preguntó.
-Que nos consagramos todos, Gato. Les tocamos el culo a esos maricones de Belgrano.
-Yo me voy consagrar cuando la rubia de Ferreyra me quiera querer -dijo y silbó al perro para volver a su casa.
El viernes, la rubia de Ferreyra esta atendiendo la mercería cuando el intendente del pueblo entró con un ramo de flores y una sonrisa ancha como una sandía abierta.
Esto te lo manda el Gato Díaz y hasta el lunes vos decís que es tu novio.
-Pobre tipo -dijo ella con una mueca y ni miro las flores que habían llegado de Neuquén por el ómnibus de las diez y media.
A la noche fueron juntos al cine. En el entreacto el Gato salió al hall a fumar y la rubia de los Ferreyra se quedó sola en la media luz, con la cartera sobre la falda, leyendo cien veces el programa sin levantar la vista.
El sábado a la tarde el Gato Díaz pidió prestadas dos bicicletas y fueron a pasear a las orillas del río. Al caer la tarde la quiso besar, pero ella dio vuelta la cara y dijo que el domingo a la noche, tal vez, después que atajara el penal, en el baile.
-¿Y yo cómo sé? -dijo él.
-¿Cómo sabés qué?
-Si me tengo que tirar para ese lado.
La rubia Ferreyra lo tomó de la mano y lo llevó hasta donde habían dejado las bicicletas.
-En esta vida nunca se sabe quién engaña a quién -dijo ella.
-¿Y si no lo atajo? -preguntó él.
-Entonces quiere decir que no me querés -respondió la rubia, y volvieron al pueblo-.
El domingo del penal salieron del club veinte camiones cargados de gente, pero la policía los detuvo a la entrada del pueblo y tuvieron que quedarse a un costado de la ruta, esperando bajo el sol. En aquel tiempo y en aquel lugar no había emisoras de radio, ni forma de enterarse de lo que ocurría en una cancha cerrada, de manera que los de Estrella Polar establecieron una
posta entre el estadio y la ruta.
El empleado del bicicletero subió a un techo desde donde se veía el arco del Gato Díaz y desde allí narraba lo que ocurría a otro muchacho que había quedado en la vereda que a su vez transmitía a otro que estaba a veinte metros y así hasta que cada detalle llegaba a donde esperaban los hinchas de Estrella Polar.
A las tres de la tarde, los dos equipos salieron a la cancha vestidos como si fueran a jugar un partido en serio. Herminio Silva tenía un uniforme negro, desteñido pero limpio y cuando todos estuvieron reunidos en el centro de la cancha fue derecho hasta donde estaba el Colo Rivero que le había dado el cachetazo el domingo anterior y lo expulsó de la cancha. Todavía no se había inventado la tarjeta roja, y Herminio señala la entrada del túnel con una mano temblorosa de la que colgaba el silbato.
Al fin, la policía sacó a empujones al Colo que quería quedarse a ver el penal. Entonces el arbitro fue hasta el arco con la pelota apretada contra una cadera, contó doce pasos y la puso en su lugar. El Gato Díaz se había peinado a la gomina y la cabeza le brillaba como una cacerola de aluminio.
Nosotros los veíamos desde el paredón que rodeaba la cancha, justo detrás del arco, y cuando se colocó sobre la raya de cal y empezó a frotarse las manos desnudas, empezamos a apostar hacía dónde tiraría Constante Gauna.
En la ruta habían cortado el tránsito y todo el Valle estaba pendiente de ese instante porque hacía diez años que el Deportivo Belgrano no perdía un campeonato. También la policía quería saber, así que dejaron que la cadena de relatores se organizara a lo largo de tres kilómetros y las noticias llegaban de boca en boca apenas espaciadas por los sobresaltos de la respiración.
Recién a las tres y media, cuando Herminio Silva consiguió que los dirigentes de los dos clubes, los entrenadores y las fuerzas vivas del pueblo abandonaran la cancha, Constante Gauna se acercó a acomodar la pelota. Era flaco y musculoso y tenía las cejas tan pobladas que parecían
cortarle la cara en dos. Había tirado ese penal tantas veces -contó después- que volvería a patearlo a cada instante de su vida, dormido o despierto.
A las cuatro menos cuarto, Herminio Silva se puso a medio camino entre el arco y la pelota, se llevó el silbato a la boca y sopló con todas sus fuerzas. Estaba tan nervioso y el sol le había machacado tanto sobre la nuca, que cuando la pelota salió hacía el arco, el referí sintió que los
ojos se reviraban y cayó de espalda echando espuma por la boca. Díaz dio un paso al frente y se tiró a su derecha. La pelota salió dando vueltas hacía el medio del arco y Constante Gauna adivinó enseguida que las piernas del Gato Díaz llegarían justo para desviarla hacia un costado. El gato pensó en el baile de la noche, en la gloria tardía y en que alguien corriera a tirar la pelota al córner porque había quedado picando en el área.
El petiso Mirabelli llegó primero que nadie y la sacó afuera, contra el alambrado, pero el arbitro Herminio Silva no podía verlo porque estaba en el suelo, revolcándose con su epilepsia. Cuando todo Estrella Polar se tiró sobre el Gato Díaz, el juez de línea corrió hacía Herminio Silva con la bandera parada y desde el paredón donde estábamos sentados oímos que gritaba “¡no vale, no vale!”.
La noticia corrió de boca en boca, jubilosa. La atajada del Gato y el desmayo del árbitro. Entonces en la ruta todos abrieron las botellas de vino y empezaron a festejar, aunque el “no vale” llegara balbuceado por los mensajeros como una mueca atónita.
Hasta que Herminio Silva no se puso de pie, desencajado por el ataque, no hubo respuesta definitiva. Lo primero que preguntó fue “qué pasó” y cuando se lo contaron sacudió la cabeza y dijo que había que patear de nuevo porque él no había estado allí y el reglamento decía que el partido no puede jugarse con un árbitro desmayado. Entonces el Gato Díaz apartó a los que
querían pegarle al vendedor de rifas de Deportivo Belgrano y dijo que había que apurarse porque esa noche él tenía una cita y una promesa y fue otra vez bajo el arco.
Constante Gauna debía tenerse poca fe, porque le ofreció el tiro a Padini y recién después fue hacía la pelota mientras el juez de línea ayudaba a Herminio Silva a mantenerse parado. Afuera se escuchaban bocinazos de festejo y los jugadores de Estrella Polar empezaron a retirarse de la cancha rodeados por la policía.
El pelotazo salió hacía la izquierda y el Gato Díaz se fue para el mismo lado con una elegancia y una seguridad que nunca más volvió a tener.
Costante Gauna miró al cielo y después se echó a llorar. Nosotros saltamos del paredón y fuimos a mirar de cerca a Díaz, el viejo, el grandote, que miraba la pelota que tenía entre las manos como si hubiera sacado la sortija de la calesita.
Dos años más tarde, cuando él era una ruina y yo un joven insolente, me lo encontré otra vez, a doce pasos de distancia y lo vi inmenso, agazapado en punta de pie, con los dedos abiertos y largos. En una mano llevaba un anillo de matrimonio que no era de la rubia de los Ferreyra sino de la hermana del Colo Rivero, que era tan india y tan vieja como él. Evité mirarlo a los ojos y le cambié la pierna; después tiré de zurda, abajo, sabiendo que no llegaría porque estaba un poco duro y le pesaba la gloria. Cuando fui a buscar la pelota dentro del arco, el Gato Díaz estaba levantándose como un perro apaleado.
-Bien, pibe -me dijo-. Algún día, cuando seas viejo, vas a andar contando por ahí que le hiciste un gol al Gato Díaz, pero para entonces ya nadie se va a acordar de mí.
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lunes, 23 de agosto de 2010

Volver

Hace ya un par de meses que Adrián es una sombra de aquel que solía ser. Deambula por la vida como si ya nada tuviera sentido, toda opinión que emite es negativa, nada lo sorprende ni emociona ya hace 2 meses.
Es sábado y le toca trabajar. Adrián es albañil de obra, y se especializa en las terminaciones, ya sea los revoques finos, carpetas y la instalación de cerámicas y baldosones.
Sus compañeros no se apiadan de la situación que vive Adrián, quizá porque él tampoco en el pasado le importo castigar a sus compañeros incansablemente cuando a ellos las cosas no le iban bien. Pero hace rato que Adrián no es el mismo y sus compañeros de la construcción se lo hacen saber, lo “descansan” desde que llega hasta que se va a su casa a las 6 de la tarde. Por eso últimamente Adrián, hasta le agrego una hora mas a su trabajo; media hora llega mas temprano y media hora se va mas tarde, para cruzarse lo minimo posible con sus compañeros.
Este sábado 14 de Agosto de 2010, justo este Sabado, perdió el colectivo que le permitia llegar mas temprano y evitar la charla previa al trabajo con sus compañeros. Esta llegando a horario es cierto, pero no podrá esquivar a nadie como lo viene haciendo la mayoría de los días a lo largo de estos dos meses. Mientras camina las cuadras que separan la estación de Ferrocarril a la obra donde trabaja va pensando acerca del significado que tiene a todo lo que él le da importancia en la vida. Piensa en el existir, en el pasado y futuro, en los propósitos de la humanidad, en la guerra y en la paz, en sus hijos, su padre y su madre que ya no están con él, y todo esto lo va convirtiendo en el fantasma que es desde hace 2 meses.
Encima en el tramo final para llegar a la obra, escucha desde un balcón un gol de San Martín de San Juan, y piensa que peor no le puede ir. Va recorriendo los últimos metros que le quedan para llegar al edificio que están construyendo y de lejos ya escucha las risitas complices de sus compañeros que lo ven venir a la distancia.
Ni bien va entrando por el portón sale a su encuentro el “Cabezón” Lopez que le dice:
- Adrián, que sorpresa, pensamos que no venias, te hacíamos en la cancha che.
- Callate “Cabeza Gigante”, no rompas las bolas de temprano – contesta Adrián seco-
Pegado a su contestación tajante el “Comenunca” Gutierrez, el cual si te lo cruzabas de perfil juro no lo veías, le dice irónicamente:
- Adrián querido, capaz que no sabias che, juegan hoy, te lo digo por si no estabas al tanto...
Adrián duda un par de segundos en contestar. Inmediatamente lo invade un remolino de furia que sube desde sus pies a la garganta y refuta:
-Miren boludos, ustedes son unos giles, yo les voy a abrir los ojos. El futbol hace rato es un negocio, donde todos, desde el dirigente mas importante, pasando por el técnico, los jugadores, los pendejos de la inferiores, los utileros y el que poronga tenga que ver con el club, les importa un carajo la camiseta.
La “anguila” Valverde lo frenó inmediatamente: - ¡Para “gordo”!, que vos pienses eso no significa que sea asi.
- ¡Que "salames" que son por Dió!. ¿Que hizo Boca por vos “anguila”? ¿Y Newells por vos “cabezón”? Y ni hablar de vos “comenunca”, Central Cordoba….., ni hablar. Nosotros los hinchas somos unos boludos, si escucharon bien, BO-LU-DOS. Damos todo, nuestro sueños los depositamos ahí, nuestros domingos los perdemos ahí, nuestro humor de la semana depende de lo que pasa ahí, en la cancha. Por eso giles, yo no me hago mas problema, no sufro, ni pienso sufrir mas por esa manga de forros. Les pongo un ejemplo: ese boludito que era mejor jugador del mundo con Messi y que se yo, como se llamaba..? Cristiano Ronaldo, ese.. Vos viste que flor de hijo de puta? Esta cagado en plata pero es HO-RRI-BLE. ¿Que hizo ese pendejo choto para ser el mejor del mundo? Si lo agarramos en mi barrio le amputamos el peroné y no juega mas ese maricón.
Por eso giles, háganme caso, basta de este futbol-negocio, ustedes sigan sufriendo como marranas en celo, yo ya pase eso, abri los ojos, no pienso gastar un minuto mas en el futbol.
- Ma si “Gordo”, al final no se te puede decir nada, todo te lo tomas a la tremenda, andate bien a cagar, -reclamo el “Cabezón” Lopez-.
- No hay caso, para que les explico, me voy a laburar arriba asi no los cruzo mas -finalizo la charla-.
Adrián se dispone a revocar las paredes del sexto piso del edificio y buscando el fratacho en su bolso relojea la portátil que lo mira como si tuviera vida. Y el gordo recuerda tantas tardes junto a su radio y la nostalgia lo invade, la duda lo penetra. Adrián finalmente prende su radio , pero bien bajito, para que nadie se entere lo que esta haciendo. Voy a escuchar “que onda”, piensa para si.
El volumen de la portátil empieza a tomar forma y oye como a lo lejos:
- …avanza el local por la derecha, pierde el equipo rosarino por 1 a 0 en el inicio del torneo, mas y mas golpes para esta institución. La pelota sale profunda a la derecha para Shaffer, quien levanta la cabeza y tira el centro, rebota en Toledo y se levanta, le queda servida a Lucho Figueroa y GOOOOOOOOLLLLL , GOOOOOLLLLL de Central, empata Central el partido……
El color vuelve a su piel, el Gordo Adrián deja su estado fantasmal por un momento, sube el volumen de la radio y les grita a sus compañeros que trabajan pisos mas abajo:
- ¡VAAAAAMOOOOOOSSSS CENTRAL, Vamos a volver carajo!!!!!!!!Para ustedes putos!!!


AUTOR: elEdu
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martes, 17 de agosto de 2010

¿La mejor decisión?

¡¡Que bien que estuve en no ir!! ¡Con el “ofri” que hace! Que buena decisión, ¿para que ir a la cancha en invierno? Te cagas de frío, no hay forma de pasarla bien, te apretan por todos lados, se sufre el doble… Que bien que estuve, acá estoy tranquilito, cortando quesito, cerveza en mano, estufa en los pies, sillón cómodo, que bien que estuve... Es así nomas, el futbol es un espectáculo, hay que tomarlo así, con tranquilidad, por eso me parece que no voy mas a la cancha, me quedo tranqui acá, sin sufrir de mas. ¿Quien puede sufrir un partido, calentito y con panza llena?.

De ahora en más, por más que me rompan las bolas para ir, no voy más. Que se caguen el Colo y Tatu, yo me quedo tranqui acá en casita. Tengo al pibe y mi “jermu” durmiendo, y yo en el comedor “solari”, listo para disfrutar.

Arranco nomás el partido… Que bien que estuve, nada de sufrimiento, tranquilito en mi casa, que cancha ni cancha.

-Que paso?! Cobro penal el hijo de puta. Pezzota la puta que te parió, ándate a cagar si no lo toco ladrón!!! Siempre lo mismo viejo, como nos cagan!!! Nos vas a cagar el campeonato!! Hijo de mil PUUUTAAAAAS!!
-GUAAAAAAHHHH!!!!
-Gordo se despertó el nene!, porque gritas así, ahora ocúpate vos!
-¡Pero ocúpate vos turra! ¡Mira lo que cobro este cornudo!! Ma sí, para que mierda me quedo en casa pudiendo ir a la cancha yo y putear tranquilo. ¡Me cago en Pezzota, este queso asqueroso, el pendejo gritón y en vos loca de mierda!! ¡No puedo creer lo que cobro, nos chorea en la cara!!! ¡Pezzota la puta que te parió!!!!...

(Pasados 10 segundos…)

-……Esta bien mi amor, perdón, me saca la injusticia, que se va a hacer. Ahí voy a ver al nene…., discúlpame por lo de loca, fue sin querer…
Cualquier personaje o hecho, con similitud con la realidad es pura coincidencia.

Autor: elEdu Leer más...

sábado, 7 de agosto de 2010

Las Islas Scilly (Islas Sorlingas)

El campeonato mas pequeño del mundo.
Cada ciudad tiene su Clásico, Derby o como quiera denominárselo de acuerdo a la región dónde se dispute. Boca-River en Argentina, para los milaneses Inter - Milán es más importante, para los londinenses será el Arsenal - Totenham, los madrileños detestan al Barcelona pero vibran cuando juegan el Real Madrid y el Atlético. Otros en sudamerica como Nacional - Peñarol en Montevideo, el famoso Flu - Fla para los cariocas es todo un acontecimiento....
Pero seguramente nadie ningíun clásico se juega tanto, ni se enfrentaron tantas veces en la historia como el que vamos a describir a continuación…
Las islas Scilly, ubicadas a 45Km al sudoeste de la costa de Inglaterra, están compuestas por una formación de 140 islas rocosas plantadas en medio de la corriente del Golfo. Allí, el clima suave permite cultivar plantas y árboles que no crecen en otras regiones de Gran Bretaña. El cultivo y exportación de flores es su principal fuente de ingresos. El ritmo de vida de las poco más de 2 mil personas que las habitan es lento y apacible. En ellas no hay necesidad de tener coche, la más grande (St Marys) sólo mide unos 15Km cuadrados.
Las Scilly se hicieron "famosas" en la Primera Guerra Mundial, en época de la misteriosa Mata Hari, puesto que allí el servicio secreto británico montó una base con halcones entrenados para interceptar en pleno vuelo las palomas mensajeras que los alemanes utilizaban como espías, llevando o trayendo mensajes enrollados en sus piernas, la historia cuenta que dos de ellas que no fueron muertas por los halcones fueron consideradas prisioneras de guerra y obligadas procrear aves británicas. Pese a esto aún las Scilly no son muy conocidas, pocos saben que el navegante griego Piteas bordeó sus costas un par de siglos antes de Cristo enterado de que eran una gran fuente de estaño y cobre. O que allá por agosto del 99 fueron sus habitantes los primeros en recibir el último eclipse total de sol del siglo XX.
Pero lo que quiero rescatar es otro aspecto de estas islas, el futbolístico, ellas son "dueñas" de la Liga más pequeña del mundo y del verdadero "Super-Clásico", puesto que en ellas hay solamente dos clubes: el Woolpack Wanderes y el Garrison Gunners.
"Las Islas Sorlingas (Scilly Islands) tiene la liga más pequeña del mundo”. Según narraba Steven Morris en el diario británico “The Guardian“, en este tranquilo archipiélago -situado al sur de las Islas Británicas- cuyo principal atractivo es el turístico.
Según datos aportados por el secretario de la competición en las islas hay disponible alrededor de 50 futbolistas cuya edad varia entre los 16 y los 50 años (tope admitido por la federación local), los cuáles son seleccionados por los capitanes de cada equipo. Cada capitán es a su vez el entrenador de su equipo y su trabajo selectivo lo realizan en los patios, las calles o las escuelas y el "precio" máximo que llegó a pagarse por asegurarse una "estrella" fue la suculenta suma de dos cajas de cerveza en caso de obtener el campeonato. Será un torneo pequeño, sin mucha trascendencia, seguramente nunca ninguno llegará a disputar algún día la final de la Champions pero sin duda que el lugar es "una cuna de estrellas"....si tenemos en cuenta que varios jugadores que no llegan a los 25 o 26 años ya acumulan más de veinte títulos de Liga.
Estos 2 equipos juegan 13 partidos de liga así como dos competiciones de copa, aunque el camino hasta la final es poco exigente. Ocasionalmente disfrutan de algún encuentro “internacional”, saltando a tierra para vérselas con algún equipo en Newlyn y un equipo de Truro les visita una vez al año para enfrentarse contra un equipo combinado. Pero la rutina semanal es el equivalente futbolístico del Día de Marmota. El mismo extremo trata de ganar la espalda de la misma defensa, el mismo goleador procura ser más astuto que el mismo portero. El mismo árbitro tiene que parar de algún modo amargas enemistades heredadas.
Y no será por que no hagan lo posible por “variar”. Todos los años, antes de empezar la temporada, echan “a pares o nones” la elección de los conjuntos, garantizando así una mayor igualdad.
Al comienzo de cada temporada los dos capitanes se sientan y escogen nuevos equipos de entre los jugadores disponibles para representar tanto al amarillo de los Gunners como al granate de los Wanderers.
El sistema funciona. Rara vez se da el caso de un campeón escapado en la clasificación y algunos títulos se han decidido en el último partido de la temporada. Uno hasta fue decidido por diferencia de goles.
Pero, a pesar de todo, ellos parece que se aburren.
"Cuando juegas contra alguien una docena de veces o más, se sabe todas sus artimañas y tú todas las suyas. Y las rivalidades crecen. Puede incluso haber un poco de agresividad. Sería genial viajar a veces." Lo dice Andy Hicks, el más talentoso de los jugadores de los Woolpack Wanderers de Scilly. Que también fue el mejor delantero de los Garrison Gunners de Scilly durante tres años.

Investigación propia, fuentes principales:
Canaltrans, Diarios de futbol, FIFA, Scilly Football League.
AUTOR: elEdu Leer más...

miércoles, 4 de agosto de 2010

El Viaje

OPERACIÓN: COMPRA VENTA
El escribano actuante leyó:
ESCRITURA NUMERO: Tres mil doscientos quince. En la ciudad de Buenos Aires a los cinco días del mes de mayo del año dos mil tres, ante mi, escribano autorizante, compadecen, por una parte el señor Ramón Vilarrasa –inmediatamente se me representó la imagen patriarcal de mi abuelo de noventa años- nacido el 4 de noviembre de 1912, nacionalizado argentino, viudo en sus primeras nupcias de Amparo Graells –que bonita era mi abuela-, titular de la librera de enrolamiento nº 2.749.852, domiciliado en la calle Portugal 1519, Ituzaingó , Provincia de Buenos Aires, de paso aquí, quien concurre en ejercicio de sus propios derechos. Por otra parte lo hace Carlos Alberto González, -bla, bla, bla, salteé rápidamente todo lo que seguía). Todos personas hábiles, de su conocimiento doy fe. Y el primero de los nombrados dice: Que vende al Señor Carlos Alberto González y este compra una finca ubicada en la localidad de Salto de las Rosas, Distrito de San Rafael, Provincia de Mendoza, Mendoza, con frente a la calle Rojo sin número, lindando al norte con el arroyo Las Torres, al este con la calle General José de San Martín y al oeste con el arroyo Pinto, que mide diez hectáreas. Nomenclatura catastral: Circ. I, Sección G, Partida Nº 160...............
Ya no pude seguir, no aguanté la lectura del documento, solo veía a través del vidrio de mi ventana, esa finca donde tantos felices momentos pase de chico.
Cuando el abuelo la compró, era soltero. Todavía guarda el aviso en “La Veloz, el diario de San Rafael: “VENDO finca 7 hectáreas en Salto de las Rosas, 4 hectáreas de viña, 200 olivos. Con casa habitable”. Siempre nos dijo que su intención, cuando todos crezcan era vivir sus últimos años allí. Estuvo cinco años, creo que fueron los más felices para él. Después, cuando enfermó mi abuela y volvieron a Buenos Aires, a vivir un tiempo con nosotros, hasta que la abuela murió. Nunca más quiso volver a la finca, ni siquiera a pasar unos días.
La finca estaba tal cual como el antiguo dueño la había organizado hace casi 70 años. Las hileras de uva, para hacer vino común de mesa, el vino fino solo se hacía para los ricos y cada 50 metros de hileras un olivo, había como doscientos. A las orillas de los arroyos, lleno de membrillos, mi abuela hacía el dulce como nadie. Todavía recuerdo el papelito doblado que encontré un día con la receta: “2 kilos de membrillo, 1 litro de agua y 1 kilo y medio de azúcar. Se pelan y quitan las semillas a los membrillos, y se hierven hasta que estén tiernos. Aparte se prepara el almíbar con el agua y el azúcar. Se le agregan los membrillos al almíbar y se lo pone a fuego fuerte hasta hacerle tomar el punto, cuando aparezca un lindo color rojizo”.
Pasaba por lo menos un mes de vacaciones en esa finca. Esas inmensidades fueron las que le dieron marco a mis primeras lecturas: toda la serie de piratas de Salgari, Ivanohe, Don Quijote: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”. Que curioso, en aquellos días imaginaba a Barcelona, la ciudad natal de mi abuelo, como algún lugar de la Mancha y al abuelo montado en Rocinante.
Siempre fui un poco solitario, pasaba muchas horas leyendo, sobre todo a la siesta, cuando se escuchaba el silencio en todo el paisaje. Que curioso es comparar esa tranquilidad de Mendoza, con la vida agitada de Buenos Aires.
Hay un cierto olor que todavía recuerdo, no se definirlo, mezcla de perfumes de uva, de olivos, de polvo que levantaban algunos camiones cuando pasaban frente a la finca.
“Barcelona, situada en la costa mediterránea, muy al Norte de España, es sin duda la ciudad más cosmopolita y económicamente más activa de España. Siempre probó su deseo de ser moderna, seguir las últimas tendencias internacionales o estar a la cabeza de ellas. Todo ello se hace evidente al turista, especialmente si observa su arquitectura, que tan bien refleja el modo de enfocar la vida que siempre impulsa a esta ciudad. Conozca la Costa Brava, hotel tres estrellas con media pensión y visitas guiadas a Tossa, Figueres, Girona, Barcelona, Soria y Cardona.”
De chico me pregunté, si Barcelona sería parecida a Salto de las Rosas. Cuando vi fotos de la ciudad española, pensé que a principios del siglo XX, cuando mi abuelo vino a la Argentina, esa zona de España debería tener cosas parecidas a la finca mendocina de hoy. Por eso quisimos que mi abuelo vuelva a su tierra, que visite a su hermano menor y la venta de la finca era la única manera de que pudiera hacerlo. Por suerte voy con él a conocer mis raíces.


AUTOR: EL ALQUIMISTA Leer más...

martes, 27 de julio de 2010

Decálogo de fútbol 5

- La vestimenta
Pies
Los botines deben ser de color negro o gris. El rojo, amarillo y violeta está prohibido. El botin blanco es un caso especial: el jugador que, poseyendo calzado blanco, no sea la figura indiscutible de la cancha será sancionado con la no participación en los próximos cinco encuentros, y será puesto inmediatamente en la categoría del Falta Uno. Jugar con las topper de lonita -ahí sí se permite blancas- es una demostración de coraje. El que juega con las lonitas indefectiblemente es el jugador más talentoso de la cancha, lagunero, gran tirador de caños y absolutamente intrascendente. Lo bancamos. Las medias de fútbol no se usan hasta las rodillas, como los jugadores de verdad. Por algo estás jugando al fútbol 5 y no estás en primera: asumilo. La gente que usa canilleras en el fútbol 5 debería tener directamente un patrullero que lo esté esperando en la puerta para propinarle un correctivo apremio ilegal.
Torso
Tremendo este tema. Al igual que para observar un partido de Argentina, usar la camiseta oficial-actual de la Selección después de los quince años no merece ni discusiones: está mal y debería estar prohibido. La camiseta de la Selección debe tener siempre, mínimamente, un Mundial de atraso. Si vas a usar la actual, si sos tan piedra para hacerlo, al menos tené la decencia de que no tenga el nombre de ningún jugador (un señor panzón de 32 años con la remera que dice Messi, de verdad, me deprime la semana). El jugador que "tiene el equipo completo" de cualquier club, selección o lo que sea, será invitado a mirar el partido desde afuera hasta que terminen de jugar los adultos que entendieron que madurar no es joda. Es preferible jugar cuatro contra cuatro, a jugar con un boludo, porque cinco contra cuatro y un boludo da la falsa idea de igualdad: no hay igualdad porque el boludo tiende a desnivelar. La camiseta de Brasil e Inglaterra están prohibidas. Me chupa un huevo qué pariente tuyo viva ahí, ¿tá?
Cabeza
Del cuello para arriba, no hay nada permitido. Lo bueno es que el FAV (Futbolista Amateur con Vincha) es recuperable. Hay que apuntar todos los cruces, justamente, a la vincha. Al tercer rodillazo en la sien no la usa más.

-La mujer
El/la que crea que esto que voy a decir es machismo no entendió nada: el que lleva una novia/mujer/amante, lo que sea a un partido de fútbol 5 con sus amigos se le deberían suspender las garantías constitucionales básicas. Debería declarárselo directamente ciudadano de la Edad Media, con todas las prerrogativas del caso: se lo podría eventualmente matar con una espada o prenderlo fuego por brujería, ahí, en la canchita. Y esto no es machismo, no es que pase una cosa re interesante en los partidos, sino justamente lo contrario: la mujer se aburre porque los partidos entre los pibes son malísimos para toda la Humanidad, excepto para esos 10 que están ahí. El Que Lleva a la Novia, además, generalmente: a) es infiel y/o cornudo; b) si es jefe, maltrata a sus empleados; c) juega siempre adelante, baja hasta mitad de la cancha sin marcar y putea a sus compañeros; d) es gorila; e) si vino en auto no te lleva a tu casa.

-De los que hacen goles en una canchita de fútbol 5 y se los dedican a las novias que llevaron a verlo, prefiero no hablar porque no quiero promover el gatillo fácil. Porque los goles, salvo el último si "golgana", en fútbol 5 no se festejan.

-En el fútbol 5 no existe el foul. Qué raro, pensarán ustedes, ¿entonces vale provocar fracturas expuestas a troche y moche? No, tranqui. Al no existir autoridad superior, el foul se cobra por consenso o confesión del autor (o de cualquiera de sus compañeros). Cuando alguien para el partido al grito de "me pegaste, me pegaste" o "mano, mano, mano", se le entrega el balón en mano, se le vocifera un "puto" y se le advierte que el próximo foul que cobre tendrá verdaderas razones materiales (se dice así: "ahora vas a ver lo que es foul de verdad". Luego de esa frase, el partido se pone áspero y se transforma en más espantoso para quien lo vea de afuera). "Puto", en fútbol 5, no implica una postura contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, no es discriminación, ni hace referencia al gusto sexual de nadie.

-Bañarse después de los partidos... ¿qué onda?, ¿la gente va a jugar al fútbol y de ahí entra a laburar en Cancillería? Muchachos, ¿vinieron desde la Tierra Media a jugar al fútbol? No, padre, tenés media, una hora como máximo a tu casa, ¿nunca pasaste tanto tiempo sin bañarte, Mr. Músculo?

- Si terminás un partido antes de que te vengan a sacar, hay dos opciones. O ninguno aguanta más, están a punto de escupir los pulmones y uno ya prendió un pucho (con lo cual se resuelve automáticamente comenzar a convocar directamente al asadito y terminar con esa parafernalia de "hacer deporte" o te dan miedo los que están por entrar a jugar, y sos un cagón. El partido se termina cuando viene el encargado de la cancha (que siempre es gordo, de remera negra y con mala onda ) y te saca.

- Hay sólo dos motivos para suspender la concurrencia a un partido de fútbol 5. La enfermedad grave de un pariente (directo, de sangre) o la enfermedad (semi-terminal) propia. Todas las demás excusas merecen el repudio popular. Cancelar la asistencia con menos de dos horas del inicio reviste la misma gravedad que acostarse con la mujer de un amigo.

Gracias Martín por este aporte, y gracias Carlos P. por enviarlo Leer más...

jueves, 22 de julio de 2010

SAUDADE DE LA BOMBONERA…


El golpe de la ola lo trajo de vuelta de los recuerdos. Ya pasaron cuatro años y parece que fue ayer. Cuando la vió, no lo podía creer. En medio de la multitud, con la camiseta apretada, gritando como loca, con esos faroles entre verde y gris que lo deslumbraron desde el primer momento y que todavía le resultan increíbles.
Ya pasaron cuatro años. Al principio le costó acostumbrarse, extrañaba a los viejos, a los amigos, la previa de los partidos a dos cuadras de la cancha, meta chori y vino tinto, desenrollando los trapos, ajustando los parches, y sobre todo la adrenalina de los clásicos.
La verdad que todavía extraña mucho. Pero bueno, acá tirado en la arena, mirando el mar y la playa y meta caipirinha, la nostalgia de los domingos se aguanta un poco mejor. Además, ya tiene dos pibes, Román y Martincito, dos “mininhos” que corren por la arena, que ya empiezan a darle a la bola y se los imagina debutando en Primera.
La vida en Santos no es fácil, como en cualquier lado. Al principio le costó mucho. Desde entender lo que le decían, hasta la comida, todo fue muy difícil, sobre todo por la forma en que se quedó, con la ropa del viaje, casi sin plata, con la guita del regreso a la Argentina, que solo le alcanzó para sobrevivir la primer semana. Todo fue muy duro, pero valió la pena.
Después de todo, en Bs. As. no había mucho para hacer. Laburo muy poco, si se le puede llamar laburo a vender alfajores en Constitución o Paty y chori los días de partido. La verdad que no era gran cosa. Igual, con eso le alcanzaba. Los viejos se bancaban con la jubilación y él algo aportaba, por lo menos para el morfi y el resto le servía para rebuscarse con la pilcha y algunos vicios. Para que más.
Todo fue muy rápido. Cuando lo cuenta, nadie lo puede creer. A él mismo le parece mentira. Pero fue así nomás, de repente, sin pensarlo, como todo lo que le pasó en la vida. Es cierto, fue difícil adaptarse. La verdad que lo ayudó que a Boca lo respetan, sobre todo los brazukas, saben que con Boca no se jode. Eso le facilitó que lo aceptaran, que lo tratasen de igual a igual, sin verdugueada.
La primera que lo entendió fue Teresa. Desde el primer momento que se vieron, Teresa lo respetó. Aunque el primer encontronazo de las barras fue bravo. Después de desafiarse, de putearse, de medirse a ver hasta donde se la aguantaban, las barras se calmaron y cada uno se ocupó de lo suyo. Pero Beto los miraba y no lo podía creer. Desde que la vió entre la multitud no lo podía entender ¿qué hacía esa mina entre todos esos negros desaforados? No tenía nada que ver, no encajaba para nada entre toda esa indiada.
Por eso desde que la vió, no se la pudo sacar de la cabeza. Hasta se distrajo cuando el Chelo Delgado metió el segundo porque la estaba buscando entre la barra del Santos. Cuando terminó el partido, se separó de los muchachos y salió a rastrearla. Se metió la bandera bajo la campera y se mezcló con la “torcida” local. Habían perdido mal así que estaban todos como en una procesión, sin gritos ni quilombo.
Hasta que la encontró caminando con otra mina, que resultó ser la hermana menor, a tres cuadras de la cancha. Primero lo trataron mal, ella y la hermana, también entre los dos partidos se habían comido cinco, pero después de hacerle algunas gastadas, Teresa aflojó y le devolvió su primera sonrisa.
Empezaron a caminar juntos, y desde ese día, no se separaron más. Beto le mandó un mensaje a los muchachos diciéndoles que se quedaba unos días y después se volvía. Les avisó que tenía el trapo, que se queden tranquilos que nadie se lo había arrebatado, que vayan nomás que el se las iba a rebuscar para la vuelta.
Esa noche le pidió asilo a Teresa con la excusa de que los micros con la hinchada se habían ido y que no tenía plata para la vuelta. Teresa sonrió de nuevo y convenció a los viejos para que lo dejen dormir en un cuartito que tenían en el fondo de la casa. A los tres días tenía que definir qué hacía, pero ya no decidía solo, Teresa tampoco quería que se fuera, quería que se quede con ella para siempre. Y así fue nomás, los ojos de Teresa pudieron más que los domingos con “La Doce”, y se quedó para no volver nunca más.
Al principio los muchachos estaban preocupados. Pensaban que los brazukas lo habían tirado en la playa con un par de navajazos, pero cuando recibieron la foto de Beto abrazando a la garota de la barra del Santos envuelta con la bandera de Boca, no lo podían creer: “¡Qué pedazo de turro, con razón se quedó!” decían los barras pasándose la foto de mano en mano.
Se acuerda y sonríe, mientras el mar le moja los pies, recuerda como la conoció y vuelve a sonreír. Le parece increíble que aquella con ojos encendidos, y el gesto desafiante, que iba al frente como cualquier otro, hoy haya cambiado tanto y se haya convertido en esta mujer amorosa, que cría a sus dos hijos en la tranquilidad de la casita en la playa.
Él también cambió. Ya era tiempo que lo hiciera. Demasiadas entradas en las comisarías de la Argentina hicieron que cuando tuvo la posibilidad de empezar otra vida, agarrara viaje enseguida. Antes no tenía nada que lo atara demasiado. Fuera de los viejos y la barra, no tenía nada que valiera la pena, nada que lo obligara a cuidarse, a no arriesgarlo todo cada domingo. Una vez, hasta estuvo a punto de pasar del otro lado. Un puntazo en un entrevero en Parque Lezama contra la barra de los cuervos, casi lo despacha a visitar a San Pedro. Diez días en terapia intensiva y dos meses de recuperación no lograron acobardarlo. Apenas pudo caminar, ya estaba de nuevo firme en el paravalancha, listo para la próxima batalla, como todos los domingos, desde hacía quince años.
Pero ahora es otra cosa. Ahora tiene mucho que perder. Están Román y Martincito, la escuelita de fútbol, el laburo en el Puerto de Santos, la casita en la playa de Sao Vicente y Teresa, sobre todo ella, la que con su mirada hizo que se olvidara de todo.
Ahora es distinto, ya no puede andar jugándose la vida porque sí. Además, no es lo mismo. Acá no es hincha, acá es simpatizante. Puede ir con Teresa al Vila Belmiro, pero no es lo mismo. Nada se puede comparar con “La Doce”, la bombonera latiendo, la salida de los equipos, el canto sin parar. Los ve gritar, putear, amargarse, igual que le pasaba a él, pero no siente lo mismo. Los ve como un plateísta, sin emoción, sin entender tanta locura.
Una sola vez le salió la fiera de adentro. El Santos jugaba de local contra el San Pablo por la final del Torneo Paulista. Había ido con Teresa y los dos chicos. Román tenía un año y medio y Martincito apenas un par de meses. Habían ido con los viejos amigos de Teresa, la torcida santista. Para ella, era una forma de recordar viejos tiempos. Cuando faltaba una cuadra, doblando una esquina, de repente apareció la barra del San Pablo y se les vinieron encima. Y entonces sintió que todo se nublaba. De repente se vió corriendo por las vías, al frente de La Doce. Pero no era como entonces, no se trataba de defender un trapo o vengar alguna que otra emboscada traicionera. Era otra cosa. Esta vez, su mujer y sus hijos estaban en peligro. Y entonces, le salió el viejo barrabrava de adentro, el Capitán de cientos de entreveros. Agarró el primer fierro que encontró y empezó a voltear “morochos”. No lo podían parar. Y ahí los santistas, que siempre cobraban por ser menos, se animaron y se lanzaron como fieras. Todavía la hinchada canta recordando ese día, gozando a los Paulistas que “No paran de correr…”
Cuando recuperó la conciencia, volvió a buscar a Román y Martincito, los levantó en brazos, miró a Teresa y con una sonrisa serena le dijo: “Entremos que ya está todo tranquilo…”.
Vuelve a mirar el mar, esta vez recuerda pero no sonríe. Ya pasaron cuatro años desde que está acá, cuatro años sin ver a los viejos, sin comerse un asado con la barra, sin el olor del viejo riachuelo. Desde que se quedó, aquella noche de la Final de la Libertadores, no volvió ni para las fiestas. Por eso a veces extraña tanto.
Acá en Brasil la nostalgia es algo que siempre está presente, ellos lo sienten profundamente, pero lo llaman con una palabra distinta a todas. Teresa se la dijo el día que lo vió callado mirando el atardecer, un domingo de verano sentados en la playa: “Vocé Tem Saudade”, le dijo abrazándolo tiernamente. Y le explicó que ellos, los brasileños, hablan de saudade cuando los embarga un profundo sentimiento de ausencia, de soledad, de recuerdo doloroso. Pero también, saudade es esperanza, es saber que lo perdido alguna vez volverá a estar presente. Beto comprendió lo que quería decirle, entendió que quería consolarlo. No le recriminaba que extrañara, solo quería acompañarlo en su recuerdo. Entonces Beto la miró y le dijo suavemente: “Sabes que pasa brazukita, tengo saudade de la Bombonera…”.
Por eso, hoy que pasaron cuatro años lo come la ansiedad. Hace una semana que no duerme. Después de las semifinales, supo que la copa se definía en Brasil, en Porto Alegre. Y encima en el partido de ida, le hicimos tres en la Bombonera. Y además, Román la está rompiendo y con él encendido, la Copa seguro va para Buenos Aires.
Cuatro años preparándose para este día. Sabía que iba a llegar. Por eso les dijo a los muchachos que se quedaba con la bandera y que la próxima final que jugaran en Brasil, ahí iba a estar, como antes, como siempre.
Román y Martincito también están ansiosos. Es la primera vez que van a ver lo que su padre les contó tantas veces. Beto les prometió que un día iban a conocer el otro amor de su vida, aparte de su familia. “Algún día los voy a llevar a ver a Boca. Y ese día, seguro vamos a ser campeones, como el día que conocí a su mamá”.
Ya falta poco para salir para Porto Alegre. Teresa está terminando de vestir a los “mininhos” con el 9 y el 10 de Palermo y de Riquelme. Apura la última caipirinha, recoge la bandera estirada en la playa y con una sonrisa que hace años no tiene, se levanta lentamente, porque ya es hora de salir para la cancha, para ir a ver a BOCA…


P.D: Este es un relato para bosteros. Pido disculpas a los “Inquietos” que no son de Boca. Espero no lo consideren un atrevimiento. Como concesión a los “No bosteros”, omití el Final Feliz del cuento: Román rompiéndola contra el Gremio y BOCA CAMPEÓN POR SEXTA VEZ DE LA COPA LIBERTADORES.

AUTOR: R.D.

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martes, 20 de julio de 2010

3 años de luto para el futbol y la cultura Argentina


Ayer (19 de Julio) se cumplio un nuevo aniversario de la muerte del Negro Fontanarrosa, la obra del escritor-dibujante sigue intacta en el corazón de los argentinos y sobre todo en el corazón de los que amamos el futbol. Vaya un pequeño homenaje al Negro desde este humilde blog con uno de sus cuentos:

Wilmar Everton Cardaña, número 5 de Peñarol de Roberto Fontanarrosa
Porque yo lo conoci a Cardaña. Y porque lo conoci a Cardaña puedo afirmar que mucho se equivocan aquellos que juzgaron o juzgan al aspero centrehalf peñarolense a traves de la imagen recogida en los campos de juego.
Yo se que es dificil imaginar, suponer, adivinar, una personalidad tierna y sensible escondida tras la carnadura hosca y prepotente del capitan de los aurinegros. Yo entiendo que no es sencillo intuir el gesto amable o la frase cordial en un hombre que hizo del encontronazo cruel, la pierna arriba o el gesto acerbo, una marca personal e indeleble a lo largo de su prolongada campaña. A lo sumo, admito, era factible entrever en el la grandeza, el coraje y una hombria de bien reconocida incluso por aquellos que fueron sus victimas, encarnizados rivales o detractores.
Pero yo lo conoci a Cardaña y creo que fui uno de los pocos privilegiados que pudo compartir su circulo aulico, cimentado en el respeto mutuo y los afectos sobreentendidos. Y fue ese respeto, ese sobreentendido. el que me permitio ser testigo de un hecho, de una anecdota, que echa por tierra el equivocado concepto de considerar a Wilmar Everton Cardaña como un mero cacique huraño, un rispido patron de la media cancha, temido y evitado por los rivales. Cuantas veces el insulto hiriente, el epiteto injusto, el cantico soez, cayo desde la graderia rival sobre la humanidad generosa de mi amigo! Sin duda alguna, muchos de aquellos que ayer desgranaron los mas pesados e injuriosos improperios contra Wilmar Everton Cardaña se sentiran incomodos o arrepentidos al finalizar de leer esta nota que revela la otra cara del idolo deportivo. Cuanta nobleza habitaba el pecho inconmensurable de Wilmar! Cuanto valor civico podia esconderse bajo el glorioso numero cinco prendido a la mirasol peñarolense, ya fuera sobre el cesped del Estadio Centenario, en cualquier campo de la vecina Buenos Aires, o en la grama misma de tantos y tantos estadios brasileños donde los fragiles y siempre pusilanimes morenos le temian como a una figura mitologica !
No por nada, mi amigo y colega Pablo Aladino Puseya, inolvidable periodista, desaparecido ya, que supo firmar sus columnas en "El Tero Alerta" de Rocha con el ingenioso pseudonimo de "Banderin de Corner", bautizo a Cardaña como "El Hombre". Asi, a secas, con mayusculas, porque supo advertir en Cardaña al luchador indoblegable, al deportista cabal de verguenza invicta, mas alla de la circunstancial controversia sobre un puntapie a destiempo o una fractura expuesta. Tiempo despues, algun picaro modifico el apelativo para extenderlo a "El Hombre de Roble", lo que, en si, parecia configurar un elogio a la increible solidez de sus piernas ligeramente chuecas, pero que en verdad escamoteaba la verdadera intencion del apodo, que aproximaba a Cardan~a a la infame condicion de "tronco". Lo avieso de la maniobra lo certifica el hecho de que esta deformacion de su apodo fue adaptada velozmente por los seguidores de Nacional. Y no quedo alli la cosa, porque despues de aquel desgraciado incidente con Fanego (el veloz punterito de Huracan Buceo que se destrozara una clavicula contra el alambrado olimpico en un cruce fortuito con Cardaña) parte de un periodismo no propiamente imparcial, paso a llamarlo "El Hombre de Neanderthal". Quisiera que esta anecdota, que puedo contar dado el particular contacto que tuve con el caudillo indiscutible de Peñarol, eche algo de luz sobre la "leyenda negra" que sobre el se derramara desaprensivamente. A mucho tiempo de los hechos, pienso que el mismo Cardaña, refugiado hoy en la paz y el reposo de su hogar en Treinta y Tres, me perdonara que refiera lo ocurrido en circunstancias de aquella historica final del 54, tema que el, por pudor y humildad, jamas quiso develar. Puede que el relato aporte tambien nuevas referencias a los amigos tangueros, ya que lo sucedido en torno a esa final inolvidable fue inmortalizado en un tango que, precisamente, lleva por nombre "La numero cinco". La anecdota revelara que el titulo de la pieza se refiere a la casquivana pelota de futbol, y no al numero que lucia la camiseta de Wilmar Everton Cardaña sobre sus dorsales, ni al que identificaba (este fue un rumor poco serio y malintencionado) a una damisela aspirante al trono de "Miss Paysandu" y por quien, dicen, suspiraba el inspirado compositor de tangos.
Aquella mañana del 3 de noviembre de 1954 llegue al hotel Olinto Gallo, donde se alojaba habitualmente el plantel de Peñarol, palpitando encontrarme con un clima de nervios y tension, acorde con la magnitud del gran encontronazo final con el clasico enemigo de todos los tiempos: Nacional. Habia una efervescencia formidable en Montevideo y los tamborines de la murga "Los que pelan la chaucha" no habian dejado de atronar el barrio de La Tumba en toda la noche. Sin embargo, me halle con un grupo de muchachos --jugadores, tecnicos y dirigentes-- departiendo mansamente luego del desayuno, al parecer olvidados de la proximidad de la justa. Pero esa primera impresion fue efimera. Algun gesto falso, ciertas torpezas en los movimientos, un par de respuestas destempladas o el rechinar penetrante de algunas dentaduras, denotaban el crispamiento interior, el desgarro insoportable de la espera.
Pregunte por Cardaña y me contestaron que el recio capitan se habia retirado a su habitacion luego de merendar. Subi a su pieza, con la familiariedad que me conferia su actitud amistosa hacia mi, y me invito a pasar con un gruñido. Wilmar Everton Cardaña era hombre de pocas palabras, muy pocas, como todo hombre criado en el campo, entre vacas y animales poco propensos al dialogo. Creo que hasta ese dia --y ya llevabamos mas de dos años de amistad--, solo le habia contabilizado nueve palabras, monosilabicas en su mayoria. Y vale la pena consignar que mas de la mitad de ellas las habia gastado en una sola frase, previa a otro partido importante, cuando levantandose imprevistamente de una tertulia, anuncio: "Permiso, voy a ir al baño". Era asi, directo, franco, hombre de llamar al pan, pan, y al vino, vino, y no podian esperarse de el frases grandilocuentes o inflamados discursos. De mas esta decir que era la tortura de los periodistas radiales quienes, mas de una vez, debieron quitarle los auriculares sin haber obtenido de el ni un dato, ni un nombre, ni una fecha. Encontre a un Cardaña taciturno y cariacontecido, cosa que atribui a la resposabilidad del partido de la tarde. En aquella epoca no habian proliferado las lineas de ropa deportivas; por lo tanto, en las concentraciones, los players usaban sus propios atuendos a veces de gustos caprichosos o discutibles. Cardaña llevaba puesto un saco marron, colocado al reves, o sea, con la pechera sobre la espalda, lo que lo hacia parecer sujeto por un chaleco de fuerza.
--Es por el pecho-- me dijo, señalandose el cuello. Yo sabia que sufria de severas anginas de pecho. El cigarrillo --aquellos cigarritos negros "Barbudas", de la epoca, que solia lucir detras de la oreja durante los partidos-- le habia instalado una tos seca en el pulmon derecho y una tos convulsa en el izquierdo. Parecia mentira que un hombre que fumaba como el, casi siete etiquetas por dia, pudiese tener ese despliegue incesante y depredador en el campo de juego. Cuantos jugadores de hoy en dia, con los tan mentados y publicitados sistemas de entrenamiento, dietas especiales y cuidados dignos de una odalisca quisieran poseer aquella inagotable capacidad fisica que acreditaba Cardaña, aun considerando sus excesos y descuidos! Cuantos de los señoritos de hoy en dia, atentos siempre a sus peinados y manicuras, se hubieran atrevido a mostrarse a la prensa en saco de calle vuelto del reves, camiseta musculosa debajo y pantalon pijama, sin temor a ser el hazmerreir o al escarnio!
En la misma habitacion de Cardaña estaba Nelson Amadeus Farragudo, aquel implacable marcador de punta, el del gol agonico al Wanderers en el 49, de sombrero de fieltro sobre los ojos, tomando mate. Le decian "El Buitre" Farragudo, no solo por la nauseabunda peladura de su cuello, sino porque, cual la conocida ave carroñera, era quien caia sobre los restos de las victimas de Cardaña, cuando este recibia a los delanteros rivales por el medio de la cancha. Por la mustia actitud de Farragudo --mitigaba el sonido del mate cubriendose la cabeza con una toalla-- comprendi que algo no andaba bien en mi amigo, su compañero de pieza, el legendario centrehalf peñarolense.
Por si no lo he dicho, Wilson Everton Cardaña tenia una cara de rasgos grandes, muy marcados. Las cejas, negras y pobladas, se juntaban sobre el puente de la nariz. Los ojos, sin ser bellos, eran saltones y parecian querer fugarse por debajo de unos parpados gruesos, de piel porosa como la de los citrus. La nariz era prominente, larga, carnosa, de aletas amplias. La boca se abultaba bajo el bigote generoso y se alargaba hacia los costados, pareciendo que las comisuras profundas podian alcanzar los peludos lobulos de las orejas, tambien enormes. Entre estos lobulos y la boca, sin embargo, se interponian dos ondonadas como tajos, arrancando desde los pomulos protuberantes para bajar y delimitar con claridad el menton avanzado y desfiante. Daba la impresion de que uno podia tomar esa porcion inferior de la cara, por aquellos surcos que partian de las mejillas, y quitarla de alli, como si fuese un aditamento plastico removible. Habia en ese rostro algo perturbador y obsceno pero, al mismo tiempo, sobrecogedor. Era como contemplar un fiordo inmemorial, un precipicio de roca desnuda, el magma primigenio. Era asomarse al inicio de la naturaleza. Y ese rostro, aquel dia, estaba transfigurado.
Consciente Cardaña de que yo habia percibido ese clima extraño y dislocado, fue hasta una comoda y saco algo de uno de los cajones. Pronto se me acerco con la facilidad que le daba nuestra confianza mutua, y me extendio una hoja de papel azul.
--Es una carta-- me aclaro.
Lei la carta y, en ella, con una letra despareja, salpicada de errores ortograficos, decia: "Soy casi un niño y, desde hace mucho tiempo, me hallo encerrado en una oscura sala del Hospital Muñoz. Padezco de un mal reversible y, por eso mismo, no estare el domingo en el estadio para alentar al glorioso Peñarol. Si no es mucho pedir, me haria muy feliz tener en mis manos la pelota con que se juege el encuentro, firmada por todo el plantel mirasol. Si es necesario pagar, adjunteme la factura, que oblare gustoso con dinero que he ahorrado privandome de la medicacion. Suyo, Jose Petunio Invenianto, cama 747."
Confieso que termine de leer aquella carta con los ojos nublados por el llanto. Cuantos purretes de hoy en dia, deslumbrados por el artificio de la tecnologia y la banalidad de la computacion, serian capaces de solicitar a su idolo deportivo el humilde y significativo obsequio de una pelota? Cuantos niños de la actualidad, engañados por la urgencia de una sociedad que no sabe de la pausa para la charla amable o la reflexion, tendrian la delicada paciencia de solicitar la pelota para "despues" del partido y no para "antes" del mismo, con todos los inconvenientes que esa voracidad podria provocar en la popular justa? Pero mi sorpresa fue inmensa y total cuando alce los ojos. Alli, delante mio, Wilson Everton Cardaña, "El Hombre", "El Capitan Invicto", "El Hacha" Cardaña estaba llorando. Aquel que hiciera callar de un solo chistido a 150.000 brasileños aterrados en el estadio Pacaembu, cuando la final de la Copa Roca! Aquel que se bajo los pantaloncitos y el canzoncillo punzo para mostrar sus testiculos velludos, uruguayos y celestes a la Reina Isabel en el mismisimo estadio de Wembley! Aquel que ya a los ocho años quebrara en tres partes el tabique nasal a su porfesora de musica en la escuelita sanducense... estaba llorando! Esta cartita escrita sobre el burdo papel azul por aquel botija preso en la fria sala del Hospital Muñoz habia hecho el milagro de ablandar el corazon, en apariencia fiero, del granitico centrehalf de Peñarol y la seleccion uruguaya.
No abundare en detalles ni cedere a la tentacion periodistica de recordar los avatares de aquel partido memorable que termino con el resultado por todos conocido. Calle la historia por mi presenciada en la habitacion de Cardaña, por pudor y por prudencia, consciente de que no saldria de mis labios ese relato, como asi tampoco de los del "Buitre" Farragudo, austero en su vocabulario como en su manejo del balon.
El lunes, al dia siguiente del encuentro, acudi al Hospital Marcelo Muñoz, a ser testigo del final de la historia. Esperaba hallar alli tan solo a Cardaña pero cuan grande seria mi sorpresa al ver a las puertas de nosocomio el plantel integro de Peñarol, algunos aun con la camiseta puesta bajo el saco, deseosos de cumplir con el pedido postal! Y lo increible, lo conmovedor, es que no se habian reunido alli por un acuerdo previo o concertado. Uno a uno, por su propia cuenta, con la misma coordinacion que ponian en el campo de juego para implementar la ley del off-side o presionar a un juez de linea, habian llegado hasta el Muñoz para acompañar al capitan en la entrega del preciado regalo! Cuanto planteles de la actualidad, ahitos de dinero y fama facil, serian capaces de repetir aquella escena, aquella convocatoria, llevada a cabo por hombres simples y cabales, deportista que no conocian los devaneos en torno a contratos fabulosos ni los desplantes exigentes por unas cuantas monedas de oro, antes de comenzar algun encuentro?
Y entonces fue el sinceramiento. Ante esa presencia masiva y espontanea, frente a tanta humanidad enternecida, Wilson Everton Cardaña no aguanto mas y lloro como una criatura. Lo segui yo y luego el plantel. LLoramos abrazados sin avergonzarnos de los facultativos que nos miraban con cierta curiosidad o de los transeuntes que acertaban a pasar por el lugar. Algun periodista, mal periodista, arriesgo luego la mezquina version que el plantel de Peñarol lloraba aun el lunes la ignominia de la abultada derrota, soslayando el hecho irrefutable de que se trataba tan solo de un acto de amor y desprendimiento. Cuantos periodistas de hoy en dia, mercenarios que ponen su pluma al servicio de quien mas paga, habrian hecho exactamente lo mismo que aquel sicario de la prensa amarilla!
Desahogados en parte, pero aun tremulos por lo tocante de la escena, pudimos seguir rumbo a la sala 2, media hora mas tarde. Adelante, Cardaña, con la numero cinco entre sus manos enormes. Atras, yo y el plantel, encolumnados en un remedo de la tantas veces repetida entrada a la cancha.
Y quiero ser cauteloso al narrar lo que sucedio despues, ya que tuvo ciertos rasgos sorpresivos e inesperados. Como asi tambien advertir al lector que mi fidelidad al relato me obliga al uso de palabras que no son de mi predileccion, a pesar de ser moneda corriente en la via publica.
Fue casi simultaneo entrar en la sala 2 e individualizar al pequeño que habia solicitado el obsequio. Tendria doce, trece años y, cubierto por un camison blanco de tela basta, se hallaba de pie sobre su cama, expectante, mirando hacia la puerta como si nos hubiese adivinado. Tal vez el revuelo de enfermeras y doctores lo alerto, quizas la intuicion infantil, o tal vez el hecho de que, nosotros, nos acercabamos cruzando los largos y umbrosos pasillos cantando la Marcha del Deporte. Parecio no dar credito a lo que veian sus ojos, las pupilas se le empañaron y comenzo a temblar como atacado por la fiebre. Impresionado, Cardaña se acerco a el y le entrego la pelota firmada por todos. El pibe la miro, nos miro a nosotros, volvio a mirar la pelota, nos volvio a mirar a nosotros y finalmente grito:
--Hijos de puta! Como pueden perder con eso chotos de Nacional?
Confieso que nos quedamos estupefactos, helados por lo sorpresivo de la agresion.
--Como carajo puede ser que esos putos nos hagan cuatro goles?-- siguio gritando el imberbe, ya absolutamente desaforado, roja la cara, las venas del cuello tensas, como a punto de estallar--. Hijos de mil putas! Troncos de mierda! Metanse la pelota en el culo!
Y, acto seguido, arrojo el balon al rostro de Cardaña, estrellandolo contra su nariz. Vi palidecer al capitan y temi lo peor.
--Vendidos!-- seguia, para colmo, el botija-- Se vendieron como unos miserables! Cuanta guita les pusieron para ir para atras, guachos de mierda?
Vi a Cardaña dar un paso hacia el muchacho y supe que no podria contenerlo.
--Cagones!--vocifero el chico, empinandose hasta caer, casi, de la cama--. Maricones! Vayan a trabajar, ladrones!
Adverti, en el ultimo instante, el brillo asesino de tigre en los ojos de Cardaña, el mismo que habia apreciado tantas veces en las inmediaciones del area, y supe que atacaba. Se lanzo con los dos pies hacia adelante en la temida "patada voladora" y alcanzo al muchacho en pleno torax, de la misma forma que puso fin a la carrera de Alberto Ignacio Murinigo, el prometedor numero nueve del River Plate. Cayeron los dos del otro lado de la cama y, sobre ellos, se abalanzo una docena de enfermeros que se habian acercado atraidos por los gritos del botija.
Salimos destrozados del Muñoz. Los muchachos de Peñarol, heridos hasta lo mas recondito por la injusticia de los agravios recibidos. Yo, por lo estremecedor de la escena presenciada.
Al dia siguiente, un medico de guardia me informo que el chico tenia cuatro costillas fisuradas, lo que obligaria a prolongar su internacion seis meses mas. Tambien me dijo que el botija padecia de una calvicie irreversible, y que habia solicitado permanecer internado a los efectos de no concurrir a una escuela tecnica que detestaba. Que era un buen chico, en verdad muy hincha de Peñarol y que, meses atras, se habia hecho regalar un planeador firmado por un diestro del volovelismo que habia batido un record sudamericano.
Muy pocos conocen esta anecdota, ya que una conjura de silencio se cernio en torno a ella. Yo me abrigue en el secreto profesional para no revelarla. El plantel de Peñarol callo el suceso por un natural prurito del deportista derrotado y en cuanto al agresivo muchacho, tengo informacion de que aun sigue en el mismo hospital, aunque ahora con el cargo de "jefe de enfermeras". Wilmar Everton Cardaña siguio jugando, desparramando coraje y sangre charrua en cuanto campo de juego le toco en suerte asolar. Siguio acrecentando su fama de guapeza y virilidad sin limites. Siguio mostrando, en suma, una sola de sus dos caras o facetas: la del energico, petreo y filoso centrehalf de los de aquellos tiempos.
Apenas un puñado de sus mas intimos guarda, como un tesoro, el secreto de aquellas lagrimas que supo derramar ante el conmovedor y sencillo pedido de un niño.
Wilmar Everton Cardaña, número 5 de Peñarol de Roberto Fontanarrosa

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lunes, 12 de julio de 2010

El trofeo para un estilo, una manera de vivir el fútbol

Excelente resumen de J.P. Varsky sobre lo que dejo España campeón y el Mundial 2010.
Lo escuche por la radio Rock & Pop en su programa, y "o casualidad!" estaba escrito en "CanchaLlena.com" el mismo texto (que bueno escribir una vez y llenar 2 espacios o mas de laburo, ja).

"Me importa un bledo ser mediático. En el campo tengo el respaldo de muchísima gente, me lo he ganado", dijo en un reportaje concedido al diario El País el 25 de mayo de 2009. Si no alcanza esta frase para definir al personaje, aquí va otra, de la misma entrevista: "Lo que me gusta es llegar al final de la temporada y decirme a mí mismo que he mejorado. Eso es lo importante. Al menos para mí. Porque quiero más. Siempre quiero más". Este obsesivo de la perfección recibió el excelente pase de su compañero Cesc. Se acomodó la pelota con un control magnífico y de un golpe seco, pleno empeine derecho, le dio de arriba hacia abajo para derrotar a Stekelenburg. Celebró el gol más importante de su vida, igual que el anterior que ocupaba ese lugar, aquel derechazo al ángulo contra Chelsea, en Stamford Bridge. Se sacó y revoleó la camiseta. Esta vez, la remera de abajo tenía un homenaje muy especial: a su amigo Dani Jarque, futbolista del Espanyol, de Barcelona, fallecido en agosto del año pasado a causa de un problema cardíaco.
Andrés Iniesta ya era el mejor jugador de la final antes de marcar la diferencia en el resultado. Le costó más de una hora meterse en el partido. El pendenciero Van Bommel lo hizo reaccionar con un pisotón mala leche sobre un costado. Le respondió con un topetazo que el árbitro eligió ignorar. Y luego se dedicó a jugar al fútbol. Encontró un espacio entre los volantes y los defensores rivales. Desde ahí, comenzó a tejer el juego. Con el ingreso de Cesc Fábregas, tuvo el intérprete que necesitaba para influir definitivamente en un match que, afortunadamente, se había descosido tras la primera gran tapada de Casillas ante Robben.
Hasta ese momento, dos buenos equipos estaban haciendo un mal partido. Pero Holanda quería eso: un juego feo para neutralizar el toque español a partir de su marca agresiva y, por momentos, violenta. En las semifinales, Alemania había tardado 37 minutos en cometerle la primera falta a España. La Naranja demoró apenas 30 segundos, una entrada de Van Persie a Busquets. Salió a morder y a raspar de entrada. El permisivo e incoherente arbitraje de Webb le ayudó a mandar ese mensaje intimidante. Van Bommel y De Jong (de taekwondo contra Xabi Alonso) pegaron patadas de expulsión y recibieron amarillas. Del otro lado, también Puyol recibió licencia para repartir, apenas amonestado por una plancha artera.
Los futbolistas no colaboraban con el contradictorio inglés. A los 28 minutos contábamos once infracciones y cinco tarjetas. Stekelenburg le había negado el gol a Ramos en un buen arranque español. Y al final de ese primer tiempo, Casillas le ganó el primer duelo a Robben, que lo probó con un zurdazo.
Dormida durante los primeros diez minutos, Holanda ya había logrado llevar el partido al terreno que le convenía. Aguerrida como nunca, sólo la identificaba el color de su indumentaria porque en la cancha no mostraba ningún vínculo con su histórico estilo. Lejos de ese clásico juego de posesión, su arquero sacó largo muchas veces para que, en modo rugby, sus compañeros se adelantaran en el terreno. De esta manera, impedían el pressing sobre la pelota que tan bien hace España. Apostaban a un contraataque. Habilitado por el notable Sneijder, Arjen Robben tuvo la posibilidad soñada: mano a mano con tiempo y espacio para resolver. Tapó Casillas, un arquero gana-partidos que apareció con atajadas clave en cuartos, en las semifinales y en la final. Y ahí el partido se rompió en un ida y vuelta. La mitad de la cancha pasó a ser zona de tránsito rápido. Del Bosque tocó las teclas correctas. Entró Navas por Pedro para complicar a Van Bronckhorst en el costado izquierdo. Cesc reemplazó a Xabi Alonso para tener una alternativa al muy marcado Xavi. A Van Marwijk no le funcionó el teclado. Ni Elia, ni Van der Vaart pudieron meterse en el partido. España al ataque, Robben a la contra. Así se planteaba el juego. Webb ya había quedado totalmente desacreditado por su arbitraje sin compromiso, ni con el juego ni con sus decisiones.
Ya en la prórroga, Iniesta se tiró apenas sintió la mano de Heitinga sobre su hombro y provocó su expulsión. Andrés ya era el dueño del partido por encima de Sneijder, el mejor en los 90 minutos. Parecía adelantado en el primer pase de Torres, pero el laboratorio de DirecTV Sports lo dio habilitado por veinte centímetros. Tras el toque de Fábregas, ya no fue cuestión de cantidad y sí de calidad técnica en el control y en el remate. España campeón. Había llegado a Sudáfrica como el mejor del mundo y se despide como el mejor del Mundial. Casi nunca el favorito gana la Copa. Tiene un enorme mérito ahí. Se recuperó de un palo, aquella derrota con Suiza. Es el primer equipo que gana el título tras haber perdido su primer partido.
Este grupo, que tanto me hace acordar a la selección argentina de básquetbol por su capacidad para autorregularse, se sobrepuso a la inesperada adversidad. Pero más allá de estos intangibles como personalidad y temple, hay argumentos futbolísticos para este suceso histórico. Se consagra un estilo, una manera de sentir el fútbol desde la tenencia del balón. Tocar y moverse todo el tiempo. Es cierto que le ha faltado gol y, en algunos partidos, profundidad. La mala forma de Torres le recortó posibilidades en esta faceta. Pero España siempre quiso jugar así, imponer sus condiciones. Ganar o perder no depende de uno. El rival y otros factores también juegan. Pero uno sí puede elegir la manera de ganar o de perder. Y esta generación de futbolistas ha asumido un incondicional compromiso con esta idea, aun con entrenadores diferentes. Vicente Del Bosque heredó de Luis Aragonés nada menos que la Eurocopa, listón altísimo. Continuó con el proyecto, conservó la base y aprovechó el notable ciclo de Barcelona para enriquecer al plantel con Piqué, Busquets y Pedro. Respetado como líder por los 23, siempre tomó las decisiones pensando en uno solo: el equipo. Sus futbolistas se lo reconocieron cuando intentaron levantarlo por el aire en la celebración.
Nos llevamos el espíritu uruguayo, la inteligencia paraguaya, la audacia chilena, el Moulin Rouge francés, el derrumbe italiano, el fracaso inglés, la renovación alemana, la autodestrucción brasileña, la confirmación estadounidense, el catenaccio suizo, el temor portugués, el crecimiento japonés, el atrevimiento eslovaco, las lágrimas del norcoreano Jong Tae Se, la potencia ghanesa, la decepción del resto de Africa y nuestro contraste, bien argentino y maradoniano. Disfrutamos de futbolistas como el esloveno Birsa, el serbio Krasic, el ghanés Annan, el estadounidense Bradley, el japonés Honda, el paraguayo Alcaraz, el arquero portugués Eduardo y el chileno Medel, por citar algunos de los que se fueron más temprano. Los uruguayos Larrionda y Espinoza cargarán con el gol fantasma de Lampard ante Alemania, un LTA de 80 centímetros. Los italianos Rossetti y Airoldi con el gigantesco fuera de juego de Tevez ante México. La pelota generó tanta polémica como los fallos arbitrales. La indomable Jabulani dejó expuestos a pateadores y a arqueros. Las vuvuzelas nos volvieron locos. El 4-2-3-1 se impuso como el sistema de moda. Fue el Mundial de Forlán, de Müller, de Sneijder, de Villa. No fue el Mundial de Cristiano Ronaldo, de Kaká, de Rooney, de Messi. Nueva Zelanda, que venía a perder todos, no perdió ninguno y quedó como único invicto del torneo. Sólo este juego sagrado puede regalar una definición como la de Ghana-Uruguay. Y Abreu la picó. Palermo la metió. El Pulpo Paul y Larissa Riquelme la pegaron. Y de golpe, todo terminó. Sudáfrica 2010 hizo justicia con un equipazo y con un crack. Andrés Iniesta habla en el campo. No necesitamos nada más. Con eso, nos hace felices.
J.P. Varsky
Enlace: http://www.canchallena.com/1283911-el-trofeo-para-un-estilo-una-manera-de-vivir-el-futbol
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lunes, 5 de julio de 2010

"Vamos, vamos, que ganamos...."

Breve (¿?) reseña del paso Argentino en el Mundial

Deje pasar unas horas para no escribir en caliente las impresiones que me dejo el paso de la selección Argentina en este Mundial.
Les propongo viajar hacia atrás en el tiempo, hace unos meses, el gol de “San Palermo” nos aseguraba prácticamente la clasificación, aunque faltaba un pasito más la participación en una nueva copa del mundo. Hoy a lo lejos decimos “obvio que no íbamos a quedar afuera de LA COPA”, pero recordemos lo que se vivía en ese momento, personalmente por ratos pensé que no entrabamos.
Cuando el árbol crece torcido no hay como enderezarlo, Argentina eligió en este inicio de camino hacia el Mundial a un casi retirado DT, que creía entre otras cosas que un partido se ganaba o se perdía dependiendo de como se “levantaran los jugadores ese día”.
Después de múltiples quilombos y de no encontrar un rumbo en las eliminatorias, el gran supremo “Humberto Pomona” elije para apaciguar las aguas a MARADONA. Si hay una característica que distingue a Diego no es justamente la de apaciguar o calmar quilombos. Pero Diego significaba en ese momento lo que el argentino necesitaba para volver a ilusionarse. Empezar a creer en el mito, en la leyenda Entonces dijimos, porque no? Y empezó el “vamos, vamos, que ganamos….”
Asume Diego Armando y empieza a calmar las aguas: se pelea con Riquelme, se pelea con Humbertito, se pelea con Bilardo, se pelea con Batista, se pelea con Ribolzi, se pelea con Alfito, se pelea con los periodistas, se pelea y se pelea y se pelea. Junto con estas peleas nacen convicciones Maradonianas tales como: “Si Riquelme no se saca un hombre de encima, no me sirve. No quiero que dé vueltas entre Mascherano y Gago o vaya y le quite la pelota a Demichelis.” (a donde la fue a buscar Messi con Alemania?!!)… “Yo le digo a todos que mi arquero es Juan Pablo Carrizo.", "Mascherano es el capitán" (el tema es que es sordomudo!!), “Ahora son Mascherano, Messi, Jonás y ocho más", “Verón es fundamental, por lo que ordena, por lo que grita, por su ascendencia sobre el plantel. Es el técnico dentro de la cancha”, etc. Todo, en unos pocos meses.
Con todo esto a cuestas fuimos a Sudáfrica. Ahí de a poco empezó a crecer la ilusión. La lista de 23 jugadores que Maradona llevó al Mundial era casi irreprochable, salvo raras excepciones (Garcé y alguno mas dependiendo del gusto personal de cada uno). A los días de entrenamiento en Pretoria se empieza a gestar un equipo que le gusta a la mayoría, que incluía a Tevez entre los titulares para que Messi tuviera compañía. Romero ya era indiscutible para todos (gran acierto), Samuel había entrado a ultimo momento para ser titular indiscutido (acierto) Mascherano y Verón eran en ese momento, la mejor opción para nivelar la media cancha, nadie hasta entonces discutía a Dermichelis, Heinze pasaba de resistido a: “y bueh, no esta tan mal, por algo lo eligen todos”, Jonás de 4 era una buena opción para “conservar a Tevez en cancha”, Di María era uno de lo mejores jugadores de “la era Maradona”, e Higuaín era otro indiscutido por presente en su club y por presentaciones hasta ese momento mas que efectivas en la selección.
Todo este nuevo caldo daba por resultado una incipiente sopa de rico gusto que como entrada nos dejaba mas que satisfechos. Y porque no? "Vamos, vamos que ganamos…."
Empezó el mundial y Argentina se ubico rápidamente dentro de los 3 mejores equipos que jugaban al futbol, y la ilusión no paraba de crecer, alimentada sobre todo por lo poco que ofrecían los demás equipos y por el propio exitismo criollo al que no podemos escapar por mas que tengamos la jeta marcada de cachetazos de mundiales pasados. Pero si van 3 partidos y no hay nadie mejor que nosotros, “VAMOS, VAMOS QUE GANAMOS…”
Llegaron los octavos y con ellos, el primer examen para el equipo. Y en su primer examen Diego cambia: adentro Otamendi de 4, Verón afuera. Argentina paso a Mexico mas por el peso de sus individualidades que por tener un buen partido, pero aquí es donde a mi humilde opinión se perdió la brújula. No tenia hasta aquí, grandes reproches sobre formaciones de Diego para afrontar los partidos pasados, ni sobre los cambios realizados; pero México, nos había advertido que el equipo Argentino debía cambiar algo para mejorar. Y acá nos equivocamos, y el “vamos, vamos que ganamos..” nos juega en contra, nos ciega. Que tenemos un arquerazo, que Mascherano se la banca solo en el medio, que Messi se guarda los goles para las difíciles, que Higuaín la mete seguido, que Tevez se destapó con México, que Otamendi cumplió de 4. A todo este nuevo caldo de Octavos de final, le metimos sal de exitismo argentino, agarramos la lanza y ahora si mas que nunca: “vamos, vamos que ganamos…”.
El pensamiento post-octavos quedo plasmado en la conferencia de prensa que dio Maradona antes del partido con Alemania: “No tenemos que hablar del rival, como lo hicieron ellos. Nos dedicamos pura y exclusivamente al equipo nuestro y lo vamos a demostrar.”, “Alemania le ganó a Inglaterra e Inglaterra le dejó tener la pelota. Sabemos que perdió con Serbia y que Serbia le quitó la pelota. Sabemos que le ganó a Ghana y que Ghana tuvo tres situaciones de gol. No nos comamos el chamuyo; no nos comamos el 4 a 1: Alemania supo aprovechar lo que Inglaterra le dejó hacer.”, “Baldassi no lo dejó llegar a Portugal(¿?!)…”, “He-llouuu. Hace tanto que no veo a una mujer, que..."
Y así con el lema de que los otros se preocupen por nosotros fuimos a jugar el partido. Entonces nosotros, que no nos preocupamos por los otros (Alemania) no teníamos plan anti-Teutón. Nos hacen un gol de cabeza, el arma futbolística alemana histórica; Podolski lo bailo a Otamendi, porque Otamendi no sabe marcar la línea; Schweinsteiger jugo libre porque nadie en 90 minutos se puso adelante para molestarlo; nunca a Messi o a Tevez o a Di María se le ocurrió ir a la espalda de Lahm; nunca apretamos a Boateng que no tiene manejo de un marcador de punta; nunca cubrimos las subidas sorpresa de Muller por derecha; en resumen, nunca nos fijamos en Alemania, porque con el “vamos, vamos, que ganamos”, era suficiente.
Pero ellos, los otros, así como hace 4 años cuando su arquero Lehmann había estudiado como pateaban los penales los Argentinos, tenían un plan para jugar contra Argentina. Por eso atacaron mas por izquierda que por derecha con Podolsky, hicieron que la pelota la manejara Schweinsteiger y no Ozil, dejaron que Otamendi y Heinze trajeran la pelota y presionaban a Di María M. Rodríguez, marcaron a Messi escalonado para que este tuviera que ir a buscarla hasta donde Mascherano por lo menos para tocarla un poquito, sacaron a Higuain del area para que este incomodo, etc., etc., etc.
Como nunca y como siempre Argentina evidencio su falta de proyecto futbolístico. Cuando “el proyecto es el no proyecto”, decía un post de Calito allá por abril cuando nació Mano Inquieta Blog. El no proyecto de Argentina a nivel institucional, dirigencial, futbolístico, desencadeno en un “no proyecto de partido” que nos dejo afuera.
Vendrán ahora las múltiples criticas descarnizadas de las cuales prefiero no ser parte, solo queda decir que espero que lo que venga nos identifique como nos identifico la selección de Maradona en algunos pasajes del Mundial, pero por sobre todo que nos identifique como proyecto futbolístico, que el: “vamos, vamos, que ganamos” quede para los hinchas y no para los que tienen la responsabilidad de conducir semejante ilusión.

Autor: elEdu Leer más...